La ministra de Igualdad, Irene Montero, durante su discurso. / J. J, GUILLÉN/EFE

Irene Montero apela entre lágrimas a la unidad del movimiento feminista

La ministra hace un llamamiento a la cohesión a raíz del debate sobre si las transexuales son mujeres

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

La ministra de Igualdad, Irene Montero, no pudo reprimir el llanto cuando este miércoles apeló a la unidad del movimiento feminista. El llamamiento a la cohesión lo hizo dentro de los actos conmemorativos del Día para la Erradicación de la Violencia de Género, que se celebró ayer miércoles. Desde hace meses hay un enconado debate entre dos corrientes del feminismo, las que abogan por la teoría 'queer', que argumenta que el sexo no es un hecho biológico sino una construcción social, y otra línea de pensamiento que alega que esos postulados difuminan el papel de la mujer como sujeto político y jurídico, de modo que ponen en riesgo las políticas públicas de igualdad.

Emocionada y con lágrimas en los ojos, Montero sostuvo que su departamento es el «ministerio de todas las mujeres». «No digo estas palabras con ingenuidad, las digo como una declaración de intenciones. Este acto supone una llamada a la unidad, a los pactos de mujeres, a las alianzas feministas», alegó la ministra.

La acritud de los argumentos de uno y otro lado se ha exacerbado a raíz de que el Ministerio de Igualdad haya hecho pública su intención de aprobar un anteproyecto de ley para conseguir la igualdad plena y efectiva de las personas trans. En la nueva norma se abolirán aspectos como la exigencia de un diagnóstico de «disforia de género» para rectificar el sexo y la necesidad de un informe psiquiátrico que acredite que la persona trans lleva al menos dos años de tratamiento hormonal. De esta manera, bastaría la mera voluntad de ser hombre o mujer para que el Estado reconozca la nueva identidad.

En este sentido, la nueva ley pretende establecer procedimientos ágiles basados en la autodeterminación de género para cambiar el nombre y el sexo registrado, en aras a conseguir la plena igualdad en todos los ámbitos.

Estas intenciones han soliviando a una parte del movimiento que se opone al «borrado de las mujeres». Algunas de ellas, a veces con dilatadas trayectorias, como Lidia Falcón y Amelia Valcárcel, han sido tildadas por el sector contrario como «feministas transexcluyentes. Es tal la discordia dentro del feminismo que la ministra Montero evidenció que no es ajena a las tensiones y discrepancias.

«Las mujeres sabemos que solo en común, codo a codo, conseguimos las cosas. El patriarcado nos quiere en soledad, sintiendo la culpa, la pena, la rabia y el dolor en soledad. Incapaces de reconocer las violencias que se ejercen contra nosotras por el simple hecho de ser mujeres aterrorizadas», sentenció la ministra.

Al margen de la polémica, durante el acto, que se celebró sin público para prevenir las infecciones por covid, fueron premiadas Ángela González Carreño e Itziar Prats, dos mujeres que perdieron a sus hijas al ser asesinadas por sus exparejas.

El ministerio también ha distinguido la trayectoria de Justa Montero, feminista histórica que lleva en la lucha desde los años 70 y que resaltó en su discurso que el movimiento de las mujeres «es la lucha por una vida digna».