Ideas para romper con el vicio de procrastinar

01/06/2020

La gestión del tiempo es cuestión de método y los hay para todos los gustos: desde librarse de las distracciones y practicar la atención plena a analizar en profundidad la motivación

Si hoy ha decidido que será mejor hacer mañana lo que se planteó iniciar ayer quizá tenga un problema, común de los mortales, denominado procrastinación. Esto es, el aplazamiento constante de tareas que al final desembocan en un desempeño de las mismas bastante mediocre, por la urgencia de hacerlas en el último momento. El resultado suele ser una sensación de estrés y de frustración constantes que, de no ser controlada, rige los pasos de la persona desde los primeros exámenes de la Educación Primaria hasta la entrega de proyectos laborales en la edad adulta. No es una rareza. En mayor o menor medida, cualquier ha procrastinado alguna vez. Y ahora, con el teletrabajo impuesto por la pandemia, hay un repunte de víctimas de esta actitud. Pero quien se sienta habitualmente atrapado en un bucle del que no sabe cómo salir necesita ayuda profesional.

La economista Cristina Benito (Time mindfulness, ed. Grijalbo) habla de ‘cronoperfil’ a la hora de definir cada tipo de persona y su forma de enfrentar tareas. El procrastinador, reflexiona, sufre lo que denomina incoherencia temporal. «Nuestra visión a largo plazo es superada por la gratificación inmediata, situada en el presente, y la elegimos, en vez de apostar por lo que nos beneficiaría a la larga», explica Benito. Solo cuando el ‘yo presente’ le ve las orejas al lobo, es capaz de actuar. Y añade: «¿Por qué a pesar de imaginarnos un futuro próspero y saludable acabamos eligiendo bollería industrial sin llegar a emprender ningún plan?» La clave está en analizarse a uno mismo y preguntarse eso: por qué.

De qué tipo es

En esto basa su método Garland Coulson, conocido como ‘Capitán tiempo’ y cuyo método acaba de ser editado por Cúpula bajo el título ‘Deja de perder el tiempo’. El saber por qué lo haces es el primer paso para dejar de hacerlo. En su obra, por un lado, invita al sujeto a identificarse con alguno de los perfiles: complaciente (siempre dice sí a todo y el trabajo se acumula); picaflor (emprende muchos trabajos pequeños y no ahonda en ninguno); perfeccionista (como no lo ve redondo, acaba por abandonarlo); aprensivo (pierde toda la energía pensando en lo ingente de la tarea) o el disimulado (hace un esfuerzo hercúleo en el último momento para no saltarse nunca una fecha de entrega, pero es mediocre). ¿Se ve en alguno?

Una vez clafisificado, hay que preguntarse por qué se cae en esa actitud. Coulson cree que la clave está en identificar qué sentimientos nos producen las tareas que aplazamos porque ahí suele estar el motivo de la procrastinación. Incluso recomienda hacer una lista con el trabajo, el sentimiento que genera y el grado de exigencia que requiere. Con esos parámetros, su programa a desarrollar en cinco semanas con ejercicios y situaciones prácticas, permite «elegir la estrategia que mejor funcione para tu tipo de retraso y convertirlas en rutinas para cada día».

El objetivo final es encontrar la motivación de la tarea, el otro gran antídoto contra el aplazamiento sistemático. La economista Cristina Benito alude a esto último y recomienda «cambiar el ‘he de hacer’ por el más motivacional ‘quiero hacer’», olvidarse de la perfección, si es el caso, y apostar por la superación. «El perfeccionismo nos envía un mensaje paralizador que dice que ‘si no es perfecto no sirve’, lo que nos puede conducir os cuenta al desánimo», explica. En el tercer paso, hay que crecer y liberarse de la satisfacción inmediata que ofrece aplazar la tarea en el momento y recordar que esto irá seguido de una sensación de culpa y de estrés. Y, sobre todo, «desterrar las excusas». También propone incorporar recompensas cuando cumplamos con las tareas y trazar prioridades y respetarlas por encima de todo.

Conocer la prioridad real

El hecho de poner en una lista cuáles son las tareas diarias a desarrollar es importante, creen todos los expertos. Pero éstas deben estar dentro de una agenda e incluir tareas más allá del trabajo o los estudios (familia, ocio, hogar, etc.) y que estén ordenadas en función de una prioridad real Todas valen: puede ser ganar más dinero o que la familia esté alimentada con salud. Pero debe ser coherente con lo planificado.

Hecho esto, la clave está en la concentración. Francisco Cirillo, creador del conocido como método Pomodoro, los llama ‘ladrones de tiempo’ y, Benito añade, «y de serenidad», algo necesario también para aprovechar el tiempo. Van desde las redes sociales, las interrupciones internas (pensamientos) y externas (como llamadas), comer o dormir mal pensando que ahorramos tiempo o asumir compromisos innecesarios al no saber decir ‘no’. La atención plena, defiende Benito, es la clave. Cirillo ofrece una técnica enfocada a los estudios y el trabajo, que es dividir la tarea en apartados y dedicar a cada uno 30 minutos: 25 de intensa concentración y 5 de descanso o evasión (cronómetro en mesa) para asimilar y no agotar la mente.

Tres métodos distintos
Cristina Benito. ‘Time mindfulness’ (Ed. Grijalbo)

Esta economista enfoca su técnica en la atención plena, ya que su tesis se basa en que no nos falta tiempo, sino concentración y serenidad, como base de la productividad. Ofrece rutinas de gente eficiente (como identificar las horas de máxima productividad) y cree importante enfocarse en una prioridad. La mala gestión del tiempo llevan a «un estado de crispación permanente», cree.

Francesco Cirillo. ‘La técnica Pomodoro’ (Ed. Paidós)

El conocido método de gestión del tiempo, editado ahora por Paidós, es muy eficaz estudiantes y consiste en intercalar espacios de descanso para así dejar a la mente que asimile. Consiste en realizar tareas escritas por prioridades en una lista, a ejecutar en bloques de tiempo de 25 minutos con 5 de descanso. También da consejos para eliminar distracciones.

Garland Coulson, ‘captain time’. ‘Deja de perder el tiempo’ (Ed. Libros Cúpula)

Este experto en productividad aporta técnicas y ejercicios para desarrollar a lo largo de cinco semanas en su libro ‘Deja de perder el tiempo (Ed. Cúpula), pero da mayor importancia a averiguar por qué la persona cae en el aplazamiento constante de sus tareas como primer paso para corregirse. Junto a ello, la motivación real de la tarea será el siguiente pilar en el que basar una foma de trabajar eficiente.