«Hasta septiembre u octubre no se vuelve a la actividad normal»

03/04/2020

El doctor Juan Abarca (Madrid, 1971) preside HM Hospitales, un grupo que tiene 17 hospitales universitarios repartidos por Madrid, Galicia y Cataluña.

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Especialista en medicina familiar y comunitaria, lidera también la Fundación IDIS, la entidad que defiende los intereses de la sanidad privada. La declaración del estado de alarma ha supuesto por primera vez la intervención de este sector y su integración en la estructura pública para hacer frente al COVID-19. Abarca vive en Madrid, epicentro de la epidemia, una situación de «guerra», tal y como describe cada día en un blog.

-¿Qué supuso a la sanidad privada estar bajo el mando único del Gobierno?

-Diez o doce días antes de que el Gobierno se hiciera cargo de toda la gestión sanitaria, las aseguradoras ya comenzaron a enviarnos a pacientes con síntomas propios del COVID-19. Empezamos a colaborar para identificar a esos pacientes y mandarlos a su casa o remitirlos a los hospitales públicos siguiendo las indicaciones de la Comunidad de Madrid. Cuando se declaró el estado de alarma, ya teníamos cientos de pacientes ingresados. A efectos prácticos, a la sanidad privada no nos supuso nada. Tenemos un gabinete de crisis que se reúne diariamente desde el 10 de marzo.

-¿Las relaciones son fluidas con el Gobierno de Madrid?

-Dentro del caos organizativo, sí. Estamos sobrepasados tanto la pública como la privada. La gestión de tantos recursos de una manera tan brusca crea grandes dificultades. Hay que aplaudir el liderazgo que está asumiendo la Consejería de Sanidad.

-¿Y el papel del Ministerio de Sanidad?

-Hablar a posteriori puede resultar más fácil y nosotros no hacemos juicios políticos. Veías lo que pasaba en Italia, que estaba resquebrajada dos semanas antes... No se ha hecho una planificación correcta. Pero hay que insistir en la importancia del momento, del ahora, y lo que va a pasar en las próximas semanas. Nosotros somos sanitarios y tenemos que adaptarnos.

-¿A qué se refiere cuando habla de caos organizativo?

-A los hospitales. Cuando de repente tienes 3.000 pacientes ingresados al día en Madrid te ves moviendo camas de una planta a otra. La avalancha de pacientes ha sido de tal calibre, de tal presión... En Madrid había antes 800 camas de UCI, en las primeras reuniones con la consejería se dijo que se necesitaban entre 2.000 y 2.500 y ahora hay unas 1.600 camas. El caos es porque hay que conseguir esas camas. Tampoco había equipos de protección para los trabajadores. La situación es caótica porque hay una terrible demanda ante esta situación que padecen todos los hospitales.

-Y han tenido que transformarlos.

-Completamente. Hemos dejado al mínimo nuestros servicios de atención programada y ambulatoria y hemos tenido que reconducir a todo ese personal sanitario a la hospitalización. Ahí hemos incrementado la plantilla en un 15%, unas 300 personas, y nos hemos centrado en la medicina interna y en la intensiva. Donde había plantillas de cinco o seis internistas se han multiplicado por tres gracias a otras especialidades. En la vida normal nuestros hospitales tienen 70 camas de UCI en Madrid. Ahora tenemos más de 100. Pero hemos preparado otras 40 camas de UCI que no podemos usar porque, de momento, no tenemos ni respiradores, ni personal.

-¿Cómo va a evolucionar la situación en todos estos hospitales volcados en el COVID-19?

-Es un gran reto. El indicador más importante es el número de ingresos porque determina tus necesidades sanitarias. Ahora mismo, por cada cien pacientes que ingresan, cinco necesitan UCI. Los ingresos se están atenuando después del ímpetu inicial del virus, que ha venido fruto del confinamiento y que ha provocado que tuviéramos a familias enteras ingresadas. Hemos tenido una cantidad exagerada de pacientes que necesitan una media de entre siete y diez días cuando están en planta y de tres o cuatro semanas cuando están en UCI. Por eso se están produciendo ahora todos los fallecimientos en los hospitales, porque no tienen recursos para todos los pacientes y porque el virus es criminal, con una afección terrible en los pulmones. Hasta que entre todos, la suma del sistema público y privado, seamos capaces de digerir a todos los pacientes de las UCI y las plantas, vamos a tardar entre cuatro y seis semanas.

-¿En qué ha quedado la actividad cotidiana de los hospitales?

-Es mi gran preocupación. La actividad programada de los hospitales está paralizada. Puedes paralizar el sistema sanitario una o dos semanas pero no un mes y medio porque se te mueren los pacientes de diabetes, de cáncer o de cirugías cardíacas. Ahora viene el gran reto de ‘ingeniería sanitaria’: hay que asimilar a todos los pacientes de este pico, a los nuevos contagiados que llegarán e iniciar la actividad sanitaria normal. Si no, podemos tener un pico de otro tipo de pacientes. El virus va a seguir y habrá que tener un protocolo para ver a qué pacientes que están asintomáticos y hay que operar se les hace la prueba de la PCR. El futuro a medio plazo desde el punto de vista sanitario se tiene que hacer adecuadamente, de una forma coordinada. Ahora ya sabemos qué va a pasar. Hemos estado tres semanas sin recursos y ya están llegando. Hay que organizarlo muy bien, no solo por el virus, sino por otras patologías que tenemos paralizadas.

-¿Cuándo llegará la actividad normal?

-Vamos a necesitar todo el verano para digerir todo esto. Hasta septiembre u octubre, no se vuelve.

-¿Qué espera cuando termine el confinamiento?

-Es fundamental la planificación que se haga en el momento final, poniendo todos los recursos encima de la mesa. Habrá gente que se seguirá contagiando y hay que evitar que se produzca un nuevo pico.

-Escribe un blog en LinkedIn sobre esta pandemia titulado ‘Parte de guerra’.

-Es una manera de comunicar con mi personal y con la gente del sector, aparte de una fuente de recursos. Todas las propuestas de ayuda que me han mandado se las he pasado al departamento de compras, IT, preventiva. Buscamos material hasta debajo de las piedras.

-¿Cómo andan de material?

-Igual que todos los demás. Nunca es suficiente para las altas necesidades que se tienen.