Hadi Partovi, fundador de Code, en Madrid. / Pablo Cobos

Hadi Partovi: «Cualquier estudiante a partir de los ocho años puede aprender a crear tecnología»

El fundador de CODE logra consenso social para enseñar ciencias de la computación en las escuelas españolas, y asegura que «cuando el sector empresarial está de acuerdo con el político se facilita el cambio»

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

Con elegante americana y gorra con el logo de Code, su organización empeñada en que las ciencias de la computación se impartan desde primaria, Hadi Partovi reflexiona sobre esta iniciativa que se extiende por España y otros 70 países. «Comenzó como un hobby», confiesa Partovi, que nació en Irán en una década de guerras y derrocamientos, creció en California (Estados Unidos), trabajó en el primer navegador de Microsoft y fundó un par de empresas que vendió por varios cientos de millones de euros. «No planeé hacer una organización global cuando dije en un vídeo que las ciencias de la computación (método que aplica soluciones matemáticas a problemas científicos) es divertida y genera grandes oportunidades profesionales para los jóvenes. Pero se hizo muy popular, con 15 millones de reproducciones, y casi 20.000 maestros pidieron ayuda para llevar esta asignatura a su escuela. Entonces me di cuenta de que tenía que ayudarles». Partovi, que participa este lunes en el foro 'El lenguaje del siglo XXI: ciencias de la computación', organizado por Vocento, se propuso entonces «lograr que los jóvenes se eduquen para el futuro».

-¿Por qué alguien que podría continuar siendo un inversor de la élite tecnológica prefiere liderar una organización sin fines de lucro?

-Cuando logré suficiente éxito en los negocios, me pregunté cuál quería que fuera mi legado. Pretender cambiar el mundo y decirlo es fácil. Pero hacerlo realmente a través de la educación requiere dedicación completa.

-¿Cuál es el gran desafío?

-Hoy en todas las escuelas del mundo tienen un currículo del pasado, que enseña los mismos temas que hace dos siglos. Hay ciertas cosas que los estudiantes están aprendiendo de memoria que ya no son necesarias, porque nuestros teléfonos y ordenadores nos brindan acceso al conocimiento. En un plan de estudios una de las asignaturas más importantes debería ser la ciencia computacional, porque combina la resolución analítica de problemas con la creatividad, enseña cómo funcionan los fundamentos del mundo y estimula la vocación hacia carreras relacionadas con la tecnología. Pero no se había incluido nunca en los planes de estudio escolares.

-¿Encuentra muchas resistencias cuando dice que es obsoleto escribir a mano o memorizar datos no críticos?

-No, nunca, porque la gente reconoce que es cierto. Todos fuimos a la escuela y memorizamos tantas cosas que 20 años después no recordamos. No era divertido pero sí necesario. Sin embargo, ahora por qué vamos a hacer que nuestros hijos aprendan de esa manera.

-¿La educación debe ser divertida?

-Sí, porque los estudiantes tienen muchas distracciones y tienen mucha más información que hace unos años. Buscan contenidos en YouTube o en internet. Cuando van a la escuela se sienten como si hicieran un viaje al pasado, cuando debería ser un pasaje al futuro.

-¿La informática abre una nueva brecha entre niños con recursos y los que no pueden costear cursos extraescolares?

-Sí, es la nueva brecha digital. No se trata de que un Gobierno entregue un ordenador a un niño para que se conecte a clases durante la pandemia, sino de aprender a crear tecnología, de comprender cómo funciona ese ordenador. En lugar de abrir grietas, la ciencia debería ser un camino hacia la igualdad de oportunidades, porque la tecnología desconoce si eres hombre o mujer, cuál es el color de tu piel, y si eres rico o pobre. Pero si la educación no es igual para todos, se generan más divisiones.

-¿Es esa la razón por la que Code.org es proactiva a la hora de convocar a mujeres y minorías?

-Sí, porque en este momento se está dejando atrás a estos grupos sub-representados.

Hadi Partovi, después de la entrevista, en el Hotel Palace de Madrid. / Pablo Cobos

-¿Es ése su compromiso?

-Es mi misión personal. Mi meta vital consiste en asegurarme que todas las escuelas enseñen informática para todos los estudiantes como parte fundamental del plan de estudios.

-Otras iniciativas altruistas, como el ordenador del MIT para niños sin recursos, han fracasado. ¿La clave de su éxito es involucrar a los gobiernos?

-Necesitas convencer a gobiernos, empresarios, maestros y padres de alumnos. Todo el mundo debe estar convencido. Y el momento es ahora. Nunca he visto algo que logre tanto consenso. Nadie duda de que la tecnología es el futuro y que este camino abre una oportunidad para nuestros niños.

-Usted ha invertido en Facebook, Dropbox, Uber, Airbnb... sus detractores dicen que busca expandir la influencia de Silicon Valley.

-Yo no represento a Silicon Valley. De hecho, ya no soy inversor en Facebook. Invertí en sus comienzos empresariales. Más que representante, yo soy un hijo de Silicon Valley, donde las industrias se transforman en digitales. Construí mi carrera con la tecnología y vi de primera mano sus muchas, y desiguales, oportunidades para el futuro. Las personas que tienen éxito en tecnología, ya sea en Silicon Valley o en Europa, son las que obtienen acceso temprano a las ciencias de la computación. Suelen ser blancos y hombres porque son quienes reciben la educación necesaria.

Puerta europea

Al frente de un sistema de enseñanza que ya tiene 60 millones de usuarios en decenas de lenguas, Hadi Partovi espera crecer al menos «diez veces más» en un universo de 1.500 millones de alumnos, de los que sólo «un pequeño porcentaje» aprende informática.

-¿Por qué eligió España como puerta europea?

-Hay muchas razones, entre ellas nuestra asociación con Generación Code, una organización local comprometida con nuestra misión, que tiene acceso a líderes en el Gobierno y en los negocios. Y cuando el sector empresarial está de acuerdo con el sector político se facilita mucho el cambio.

-Ha logrado reunir a la ministra de Educación con el jefe de la oposición y a cuatro expresidentes, ¿cómo lo ha logrado?

-En tiempos de división política las personas buscamos un terreno común en el que ponernos de acuerdo, y preparar a los niños para el futuro es una preocupación que nos une. Aunque no estemos de acuerdo en nada más, a todos nos preocupan nuestros hijos y todos sabemos que la tecnología está cambiando nuestro mundo. ¿Cómo no enseñarla en las escuelas? En los Estados Unidos, por ejemplo, la nuestra ha sido la única iniciativa apoyada tanto por Barack Obama como por Donald Trump.

-¿Quiere que esta asignatura logre un pacto de Estado?

-Idealmente, sí, pero cada país gestiona la educación de manera diferente. Puede ir desde un modelo muy centralizado hasta uno completamente descentralizado. En el primer caso, un ministro dice lo que hay que hacer y se hace. Mientras que en el segundo se necesita generar consenso.

-¿Qué inversión requiere llevar las ciencias de la computación a todos los colegios públicos españoles?

-La más importante está en la preparación de los profesores que, a su vez, enseñarán a otros profesores. Para un maestro puede resultar intimidante impartir clases de un concepto que no estaba en su propia educación. Pero la incomodidad y extrañeza desaparecen cuando ven que no es tan difícil como pensaban. Ellos contagian a otros educadores.

-Entonces los profesores son más importantes que el ordenador.

-Sí, el 'hardware' se está extendiendo en las escuelas y nadie lo cuestiona. Pero no hay profesores que sepan ciencias de la computación.

-Los padres creen que sus hijos de un año son casi genios porque saben jugar con el móvil, pero ¿cómo se enseña el pensamiento computacional real?

-¡Usar la tecnología es fácil! Pero crearla es la parte difícil. Y aun así no necesitas ser un mago para crear tecnología. Necesitas creatividad, dedicación y perseverancia. Los tecnólogos famosos comenzaron cuando tenían diez años. No eran unos genios, pero tenían acceso a la tecnología. Cualquier estudiante a partir de los ocho o nueve años puede aprender a crear tecnología. Pero si no tiene esa oportunidad, no la ejecutará nunca. Alguien tiene que decirle cómo hacerlo y eso debería suceder en la escuela.