¿Gran Canaria, isla de confinamiento?

06/04/2020

Un relato incluido en el volumen ‘Mitos del futuro próximo’, del escritor británico JG Ballard, fallecido hace diez años, se desarrolla en lo que denomina ‘Isla de Las Palmas’, donde se prohíbe que los turistas puedan abandonarla

ETIQUETAS:

Hace diez años fallecía el escritor británico JG Ballard, uno de los referentes de la literatura de ciencia ficción y del género de las distopías. Este último refleja, tanto en la literatura como el cine y la televisión un mundo imaginario inhóspito e indeseable. Vaya, más o menos como el que padecemos desde hace décadas y que ahora resulta más evidente.

Entre su numerosa producción se incluyen novelas y relatos cortos donde abordó la problemática del pasado siglo; ya sean catástrofes medioambientales o el efecto en el hombre de la evolución tecnológica, siempre en escenarios devastados y al límite de lo apocalíptico. Nacido en Shanghai, en 1930 –al formar parte sus padres de los colonos británicos China– vivió unas dramáticas experiencias en su infancia, que plasmó en su novela El imperio del sol, principalmente conocida por la adaptación al cine que realizara el cineasta Steven Spielberg, y que popularizó su libro..

En la década de los noventa se publicó en España Mitos del futuro próximo (Minotauro), una recopilación de diez relatos cortos donde se recoge la esencia del universo de Ballard, al crear una mitología del futuro basada en las imágenes de un presente prebélico, que proyecta hacia un futuro descorazonador. Un escenario desmantelado de todas las ilusiones perdidas de antaño: el final de la era espacial, la percepción del tiempo, la influencia de los avances tecnológicos en la relación entre el hombre y el medio donde se mueve, las dificultades para relacionarse entre las personas, entre otras cuestiones.

Uno de los relatos de esa decena de esas lacerantes historias es Días maravillosos, donde con un estilo epistolar relata una historia ambientada en Gran Canaria, aunque la denomina como «Isla de Las Palmas». A un hotel llamado Imperial, situado en la Playa de Inglaterra (?), llega en 1985 el matrimonio británico formado por Richard y Diana. Ésta última envía continuamente postales a una amiga desde el sur de la isla a Inglaterra en la que narra lo encantados que están en el hotel, así como con las playas, la diversión nocturna y la la práctica de deportes. Tan entretenidos están que confiesa que «no hemos tenido aún tiempo de visitar Las Palmas». Pasan los días de estas plácidas vacaciones, pero al llegar el momento de regresar a su país les comunican que por un problema con el ordenador es imposible salir de la isla, aunque no deben preocuparse por ello, pues los gastos corren por cuenta del hotel.

Para matar el tiempo libre forman un grupo de teatro con el que representan obras de autores ingleses. Pero, mientras la mujer está a gusto, Richard decide averiguar qué está pasando y pide ir a Las Palmas para poder hablar con el gobernador de las Islas, o el cónsul suizo». Un grupo de médicos lo retiene y lo hace desaparecer. Cuando logra huir de su cautiverio, descubre que existe un plan de los gobiernos de Europa para convertir Canarias en un campo permanente de vacaciones para trabajadores, con la complicidad de las autoridades españolas. Para lograr ese objetivo la isla ha sido dividida por zonas: para ingleses, alemanes, franceses... a los que jamás se les permitirá regresar a su lugar de origen.

Conocedor de esa situación, Richard, decide unirse a la resistencia que opera en la isla, pero es asesinado. Diana, resignada, sigue con sus representaciones teatrales, así como enviando postales a su amiga en Inglaterra. Pronto ve cómo miles de cartas se amontonan en una sucia oficina de Correos y entonces piensa que tal vez su amiga esté también en la «Isla de Las Palmas».

En un esfuerzo, no demasiado profundo, se pueden encontrar similitudes con la situación actual de confinamiento. La única diferencia es que en los tiempos actuales, a los extranjeros se les expulsa y a los locales se les recluye.

La frialdad con que Ballard relata estos hechos contribuye a que el relato se lea con nerviosismo e inquietud, y más ahora, en los tiempos del Covid-19. Igual sucede con el resto de los inquietantes episodios del volumen. Muchos críticos y detractores del escritor vieron en su escritura un elemento enfermizo, malsano y perverso, algo que contrasta con el entusiasmo que despierta entre sus muchos admiradores. Para juzgar, mejor leerlo.