En la imagen, Óliver Martín, en una imagen de su hija, fallecida hace tres años y cuyos restos reclama mover del cementerio de Tazacorte ante el riesgo de que lo cubra la lava. / C7

Familias palmeras piden exhumar los restos de sus seres queridos ante el riesgo de que la lava sepulte el cementerio

Óliver Martín es uno de los que reclama esta posibilidad. Su hija de 15 años falleció hace tres y para él, si las coladas engullen el camposanto sería como «sepultarla por segunda vez»

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Varias familias de la isla de La Palma con seres queridos enterrados en los dos cementerios amenazados por la lava en el valle de Aridane -el de Tazacorte y el de Las Manchas- han pedido a sus respectivos ayuntamientos el poder sacar el resto de sus seres queridos pero, por ahora, las autoridades lo han rechazado por «inviable». La alcaldesa de Los Llanos, Noelía García, indicó esta semana que se está analizando la situación para ver las posibilidades de exhumar los cuerpos en determinados casos, aunque por ahora no hay nada.

Óliver Martín es una de las personas que reclama el poder sacar los restos de su hija del cementerio de Tazacorte. Violeta falleció el 4 de octubre de 2018 con solo 15 años y desde entonces no ha ha habido un solo día que Óliver y su mujer no hayan ido al cementerio. El último día que acudieron fue el domingo de la erupción, el pasado 19 de septiembre. «Iba cada día al cementerio a acompañarla y a hablar con ella, incluso fui el día de la erupción. Desde entonces no he podido volver», apunta Óliver apesadumbrado. Él y su mujer han solicitado permiso a las autoridades para poder sacar los restos de su hija y evitar «volver a perderla». Una vez lo consigan están barajando incinerarla o bien, llevar los restos al cementerio de Tijarafe, de donde procede su mujer.

La colada que amenaza el cementerio es la número 8, que entró en el barrio de La Laguna y que, aunque lleva días detenida, en cualquier momento puede reiniciar su avance. De hacerlo podría seguir camino hacia el mar por el noroeste, llevándose por delante nuevos barrios y el cementerio de Tazacorte, donde Óliver tiene enterrada a su hija. Esta idea le atormenta porque para él y su mujer, que tienen otro niño de 11 años, si la lava engulle el cementerio sería como «sepultar a su hija por segunda vez».

Óliver quiere ser paciente y esperar a una resolución de la administración pero en más de un momento ha pensado en actuar por su cuenta, sobre todo, cuando la colada, de la que vive pendiente, realiza cualquier movimiento. «Lo que no quiero hacer es tener que colarme en el cementerio y como pensé la primera vez que la lava avanzó hacia el cementerio, entrar sin que me vean, romper el nicho y llevarme los restos de mi hija. No lo quiero hacer porque es dar pie a que lo hagan otros», indica Óliver.

Este hombre, que trabaja en el área de Turismo del Ayuntamiento de Tazacorte aunque desde la erupción forma parte de las cuadrillas de limpieza de cenizas, reclama el derecho de las familias para decidir qué hacer con los restos de sus seres queridos. Apunta que no se trata de sacar los restos de más de 8.000 nichos de los dos cementerios afectados por la erupción sino de dar opción a quien quiera hacerlo. Apunta que, aunque la ley dice que no se puede abrir un nicho hasta pasados cinco años, la excepcionalidad del volcán «lo cambia todo». «Dicen que no es viable pero yo creo que es más sencillo de lo que parece. Hay servicios funerarios, sería ver quién lo quiere hacer y llevarlo a cabo», zanja Óliver.

El párroco del barrio de Todoque, Alberto Hernández, que está acompañando y arropando a las familias en este trance trata de hacerlas entender la decisión de las autoridades que pretenden tener a los efectivos centrados en las labores más urgentes de la emergencia. «A a quien me lo ha comentado le he dicho que no tiene mucho sentido, que los difuntos no serán más difuntos porque queden bajo la lava. Lo importante es conservar su memoria y guardarlos en el corazón», apunta Hernández, para quien las familias tienen que entender que en los camposantos «no hay vidas en juego sino recuerdos». «Muchos me dicen que es lo que les queda de sus seres queridos y yo les digo que no, que lo que les queda es lo vivido con ellos y el alma, que es lo que permanece», apunta este sacerdote.

De cara a la celebración de Todos los Santos, el lunes 1 de noviembre, y ante la imposibilidad de los vecinos de Los Llanos de Aridane de acudir al cementerio de Las Manchas, el Ayuntamiento celebrará una eucarístia al aire libre y en tres horarios diferentes en la plaza Juan Pablo II del pueblo. Además instalará un rincón de la memoria en la Plaza de España, con paneles en los que estarán los nombres de todos los enterrados en el cementerio para que sus familias puedan ir a rezar y llevarle flores. En Tazacorte, cuyo cementerio tiene prohibido el acceso, también se hará un acto similar.