Con Santiago Carrillo, a su regreso a España en 1976.

Fallece Teodulfo Lagunero, el mecenas comunista que introdujo de incógnito a Carrillo en España

Defensor a ultranza de la República, abogado y millonario empresario, colaboró con el Foro Comunicación y Escuela, primero en Ibias y luego en Castropol

COLPISA Madrid

Teodulfo Lagunero ha fallecido a los 95 años en Málaga. Con su muerte España pierde una importante figura de la Transición española. Defensor a ultranza de la República, abogado, empresario, mecenas, millonario y comunista histórico, uno de los actos por los que más se le recuerda es por haber sido el chófer que trajo a España a Santiago Carrillo, disfrazado con una peluca salida del taller de Pablo Picasso.

Nacido en Valladolid en 1927, Lagunero fue mecenas del Foro Comunicación y Escuela, primero en Ibias y luego en Castropol. Narró su autobiografía en la obra 'Memorias. La extraordinaria vida de un hombre extraordinario', cuyo prólogo firmó la aclamada Almudena Grandes. Para la escritora, la de Lagunero era una una obra llena de «sorpresas y de emociones, desde sus primeras páginas hasta las últimas».

Lagunero contaba a este diario que se crió «en una familia normal de clase media», pero pronto llegaría la guerra y, con ella, su «primera lección de la vida». El empresario y mecenas explicaba cómo fue ese acontecimiento que marcó su vida. «Tenía ocho o nueve años y en los primeros días de la guerra mi hermano y yo vemos cómo fusilan los republicanos en el Guadarrama a un capitán de la Guardia Civil. Eran los primeros días de la guerra y allí en Guadarrama, los enfermos iban a curarse la tuberculosis respirando aire puro. Habilitaron unas dependencias para hospital y otra para los niños y allí estuvimos nosotros quince o veinte días. Salíamos a corretear y presenciamos, además del fusilamiento, las escenas de los milicianos llegando en camiones, con fusiles, cantando la Internacional. Ésa fue mi primera lección de la vida», señalaba. «Después de aquello, mi padre nos encerró en el sótano para que no saliésemos, porque se enfadó mucho cuando se enteró de que habíamos visto eso», recordaba.

Una experiencia traumática que marcó a Lagunero, aunque no sería la única ya que, tal y como recuerda, hasta los 39 años tuvo que vivir en un régimen político y social «primero de terror y luego represivo en todos los aspectos». Su padre era catedrático de la Institución Libre de Enseñanza y fue encarcelado en varias ocasiones, destituido de sus méritos académicos y sus bienes fueron incautados por «responsabilidades políticas». Su hermano fue detenido también y juzgado por un consejo de guerra, igual que el propio Teodulfo Lagunero.

Pasó hambre y vio sufrir a su madre y a su familia, y tuvo que ejercer toda clase de trabajos, empezando como barquero en el Pisuerga, hasta convertirse en un empresario de pro en el sector de la construcción.

Vivió en el Madrid republicano, «con sus desbarajustes, con su heroísmo, con sus crímenes». Aprendió «palabras nuevas para un niño como 'quinta columna' o 'los pacos', que eran los fascistas que se subían a los tejados y pegaban tiros». En Valencia presenció los bombardeos «terribles y enormes» que asediaban la ciudad. Incluso contempló cómo una de esas incursiones destruyó la mitad de su casa, tras lo que se tuvieron que instalar «con unas camas y unas mantas en el instituto donde mi padre daba clases».

Vivió también «la represión y el terror franquista, los asesinatos, y los paseos. Porque Franco hizo canalladas, una de las cuales fue dividir España en dos, vencedores y vencidos», sentencia Lagunero. «Yo pertenecía al segundo grupo y las familias de los vencidos fueron pisoteadas durante cuarenta años con las botas».

A pesar de todo, el afán de superación de Lagunero lo llevó a estudiar Derecho y Filosofía y Letras, puso una academia en Valladolid y se metió en el mundo de los negocios. A comienzos de los 60 fundó una sociedad para comercializar un proyecto turístico-residencial llamado El Encinar del Alberche, para el que se inventó un sistema de márketing que fue todo un éxito. Su lema: 'Cinco minutos para comprar y cien meses para pagar'. Ahí comenzó su éxito en los negocios, con la ya popular invención de 'la parcela'.

El 1 de mayo de 1968 durante una estancia en París el autor tuvo ocasión de participar en una manifestación en la plaza de la Bastilla, un acontecimiento que marcaría toda su vida. Allí conoció al poeta Marcos Ana, que era miembro del comité central del PCE y que formaba parte de una organización dedicada a ayudar a todos los que llegaban a Francia huyendo del franquismo, a la que Lagunero quiso sumarse también.