Sigrid S. McCawley, Consejera legal de las víctimas de Jeffrey Epstein. Managing Partnet en Boies Schiller Flexner LLP. / Leticia Díaz y Alex Rivera

«Epstein era adicto a los abusos sexuales y le llevaban niñas tres veces al día»

La asesora legal de Virginia Giuffre contra el multimillonario norteamericano y el Príncipe Andrés, Sigrid S. McCawley, asegura que se comienza a creer a las víctimas

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

Ocho años después de un proceso legal en el que el principal acusado, Jeffrey Epstein, se ahorcó en la cárcel después de ser condenado, la asesora legal de la acusación, Sigrid S. McCawley, recuerda el momento en que conoció a Virginia Giuffre, una de las víctimas. «Me contó su trágica historia y parecía casi increíble que hubiera vivido el mismo trauma dos veces, en su infancia y su juventud. Pero podía entenderla y conectar con ella». En parte, asegura McCawley en el Santander WomenNOW, porque participa como voluntaria en los programas de acogida de niños de Reino Unido. «La empatía es muy importante en nuestro trabajo de abogados. Tenemos que aprender a escuchar a las víctimas y reconocer lo que han sufrido los supervivientes. Es importante creerle a la víctima».

Socia del despacho Boles Schiller Flexner, con sedes en Estados Unidos y Reino Unido, McCawley mide el tiempo que ha pasado en investigaciones pesquisas y «viajes por todo el mundo» por los cumpleaños de su hija menor. «Cumple ocho años este verano y por fin van a dictar sentencia contra Ghislaine Maxwell», afirma en su intervención 'Cuando los poderosos dejaron de ser impunes'. «Este caso afectó mi vida personal. Tuve que ir con escoltas, recibí amenazas. Pero conocer el dolor de Virginia me motivó mucho».

Así que luchó contra la impunidad de los poderosos criminales, relata. «Podemos triunfar frente a sus privilegios de los poderosos», señala McCawley. «Hemos empezado a ver cómo la ley se enfrenta a esa gente rica y poderosa. Algunos han sido condenados o han tenido que dimitir por la presión que estamos aplicando, aunque ellos no quieren que hablemos de sus casos. Lo vemos lentamente».

MeToo para creer

Sobre el caso de Epstein y Maxwell, McCawley lamenta que tardaran 20 años en detenerle. Durante ese tiempo silenciaron, por medio de la coacción, a las víctimas. «Epstein era adicto a los abusos sexuales y le llevaban niñas tres veces al día», sostiene quien se enfrentó a sus abogados en tribunales. «Tres veces al día cambiaba a sus víctimas. Las necesitaba constantemente. Era adicto. Si no paramos a hombres como éste vamos a tener más víctimas infantiles».

«Cuando empecé con Virginia fue antes del movimiento #MeToo», prosigue. «No la escuchaban porque venía de una familia desestructurada y de la marginalidad del sistema, pero cuando empezaron a hablar las actrices y modelos contra los abusos en Hollywood comenzaron a creernos, y los medios comenzaron a trabajar con nosotros, y no contra nosotros».

Quien confiesa que usa su «presencia física para imponerme en el tribunal porque la feminidad es muy poderosa y creo que podemos sacar ventaja», ahora prosigue con la representación legal de más víctimas de abusos y persigue un cambio de las leyes a nivel mundial, para que se amplíe el plazo de acusación antes de que prescriban las causas por agresión sexual, sobre todo cuando se sufren durante la infancia. «Tenemos que cambiar esa ley para esperar a que las víctimas estén preparadas para hablar. Es algo que puede tardar muchos años. Hay que adaptar la legislación por razones psicológicas».