El orgullo por las canas y las arrugas

19/02/2020

Quiere el castellano que la palabra vejez sea del género femenino. También cana, arruga, invisibilidad... Pero también aceptación, dignidad, belleza y lucha. Que es de lo que va este reportaje, donde tres mujeres que dejaron atrás hace tiempo la juventud y que han logrado triunfar en la esfera pública cuentan cómo la madurez y hasta la ancianidad no deben ser algo que se esconda o se camufle. La modelo Pino María Montesdeoca, la actriz Benedicta Sánchez y la escritora Toti Martínez de Lezea afirman que sin pechos turgentes, sin curvas de infarto, sin cutis perfectos –¡y hasta sin dientes, qué caramba!– se puede ser una estrella, una persona ‘visible’ y reconocida por su talento. Respetada y aplaudida.

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Y cada vez hay más estudios (y realidades) que lo confirman. Susan Douglas, profesora de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Michigan, ha escrito un libro sobre el poder de las mujeres mayores donde expresa que este colectivo «está gritando ‘aún tenemos fuerza y mucho que ofrecer, no quedaremos relegadas a la invisibilidad’». La experta cree que están reinventando «el significado de ser una mujer mayor» y luchando contra la idea de que el ‘valor’ de los hombres aumenta con la edad mientras que el suyo se venía abajo. Es también la tesis que esgrime la estudiosa Deborah Rhode en su libro ‘TheBeauty Bias’ , donde explica que mientras el pelo blanco y las arrugas del entrecejo han sido tradicionalmente interpretados como signos de «distinción» en los hombres, las mujeres de cierta edad, presionadas, han intentado ocultarlos para no sentirse marginadas. Así, según las estudiosas, el prejuicio por la edad es uno de los últimos sesgos de nuestra cultura y está íntimamente ligado al sexismo. Aunque ha empezado a quedarse viejo –vetusto, anciano, decrépito– y ya camina, poco a poco, hacia la extinción.

El orgullo por las canas y las arrugas

Pino María Montesdeoca. 57 años, modelo

«Hay que hacer entender a todas las que vienen detrás que tener 50 años mola... ¡y 60 también!»

A Pino María la ves en las fotos publicitarias o sobre la pasarela con porte de reina, segura, serena. Ninguna veinteañera sería capaz de mirarla por encima del hombro.Rezuma fuerza. Y eso enamora, porque no hay nada más ‘anti-sexy’ que los complejos. La modelo, muy demandada por marcas como L’Oréal, por grandes firmas como Pedro del Hierro y diseñadores de la talla de Duyos, luce su madurez y la reivindica. «Hay que hacer entender a las mujeres que los 50 molan... ¡y los 60 también! Si estoy poniendo un granito de arena para que así sea, me doy por satisfecha», proclama con voz dulce y pausada.

Ella aún no ha cumplido los 58. ‘¡No es tan mayor!’, dirán ustedes con toda la razón. Y no lo es en términos generales, pero en el mundo de la moda y la publicidad en el que ella se nueve, donde antaño la tiranía de la juventud abocaba a muchas profesionales a la ‘jubilación’ a edades muy tempranas, Pino María es una ‘superveterana’. Aunque cada vez hay más como ella, porque las firmas ya han comprendido –¡por fin!– que las mujeres de más de 40 tienen vida, aspiraciones y, claro está, mayor poder adquisitivo, que es lo que interesa.

«Hay personas mayores que emiten belleza, dignidad, verdad...», defiende Pino María, quien asegura que no se cuida «mucho» ni recurre a retoques estéticos «porque me cuesta menos dinero y tiempo aceptar lo que me va saliendo». ¿Las mujeres bellas no llevan peor lo de envejecer? Al menos, ese es el mito. «A ver, ¡entras en pánico al menos una vez al día! –comenta entre risas–. Te miras al espejo y dices, ‘perdonaaaa, esto no estaba ahí’. Pero eso te pasa con 50 años y con 30. Hay que terminar con esa presión». Para ella, el secreto para seducir es «quererte y disfrutar, porque eso se nota en tu rostro. Con cara de amargada, la gente se aparta de ti como si tuvieses algo contagioso».

El orgullo por las canas y las arrugas

Benedicta Sánchez. 84 años, actriz, ganadora de un Goya

«Cada arruga es un diploma para mí.La experiencia me dice que hay que aceptar y no luchar contigo misma»

«A mí no me importa que me llamen vieja... si se hace con cariño», dice Benedicta Sánchez (San Fiz, Lugo, 1935). La actriz de 84 años que ha ganado un flamante Goya por ‘O que arde’, donde interpreta a la madre de un pirómano, realiza esta afirmación con un acento gallego cantarín, lánguido y meloso, que de repente cambia cuando se pone a tararear una canción argentina: «’Viejo, mi querido viejo, ahora caminas lento’. Así resulta preciosa la palabra ‘viejo’, ¿o no?».

Alarga la pregunta y estas palabras quedan en el aire (durante demasiado tiempo han flotado por encima de todas las mujeres de cierta edad como un negro nubarrón). Pero a Benedicta nunca le ha afectado cumplir años. «Cada arruga es un diploma para mí. A ver, tengo 84 años, no puedo fingir que son 50 –dice entre risas–. Además, yo me considero espíritu, no carne». Ella, que nunca soñó con ser actriz –en su variopinta y florida vida ha sido fotógrafa, librera y ha vivido en Brasil y en un kibutz israelí–, se alegra de que su recién estrenado éxito sirva para que a las mujeres mayores «se nos vea». «¡Realmente existimos!», clama. Por eso, recuerda a los directores que con más de 80 años también se puede enamorar a la cámara. Y al público, como hizo ella en la gala de entrega de los Goya, al aparecer sin dientes y con su melena blanca y leonina al viento. Rompiendo moldes. Estaba rodeada de bellezones que habían cuidado hasta el más mínimo detalle de su aspecto y que podían ser sus nietas, pero ella resplandecía, sin importarle nada. «¿Y por qué me iba a importar? Así soy, aunque me veo en las grabaciones y solo me falta la escoba entre las piernas para parecer una bruja jajaja. Y sí, iba sin protésis en la boca, pero es que estoy pendiente de ponérmelas». ¿A cierta edad ya da todo igual? «Noo. Pero la experiencia me dice que hay que aceptar. De joven luchas constantemente contigo misma».

El orgullo por las canas y las arrugas

Toti Martínez de Lezea. 71 años, escritora

«Las mujeres mayores sólo anuncian gel para dentaduras o cremas que no necesitan»

Las mujeres mayores son cada vez menos ‘invisibles’, sí. Están recuperando el lugar que siempre debieron tener en la vida pública. También. Pero tampoco hay que echar las campanas al vuelo, el proceso está en curso, pero queda mucho por hacer. «Cierto que ahora aparecen mujeres en altos cargos de política, algo impensable hasta hace poco, aunque raramente pasan de los 70. En el cine, por ejemplo, pueden contarse con los dedos de una mano las actrices mayores en papeles protagonistas. En los anuncios, las mayores solo aparecen publicitando gel para dentaduras, compresas o sopas. En ocasiones también anuncian cremas para las arrugas pero, generalmente, son mujeres que no las necesitan. Y en temas de moda, ¡ni te cuento!». Así resume la escritora vitoriana Toti Martínez de Lezea los ‘avances’ en este sentido.

Aunque, a nivel personal, ella afirma que nunca se ha sentido invisibilizada por ser una mujer madura, «quizá porque tampoco me ha importado». Muy ‘fan’ de Meryl Streep o Helen Mirren, «que están magníficas a sus 70 años y también de la reina Isabel II de Inglaterra, que no se quita la corona a pesar de tener ya 93», Toti lleva los efectos colaterales de la edad con naturalidad. Sus canas, por ejemplo, son una de sus señas de identidad y no constituyen una reivindicación: «Las tengo desde que era muy joven. Me las teñí durante algún tiempo, pero a los 50 dejé de hacerlo, entre otras cosas, porque era una lata. Mi madre nunca se tiñó y estaba estupenda. Ignoro los motivos de otras mujeres para dejarse el cabello natural, pero cada vez hay más». Otro efecto colateral de cumplir años... ¿es posible seguir sintiéndose sexy? «Ja, ja, ja, supongo, aunque, personalmente pienso que, llegada a una edad, más que por resultar sexy, una mujer se cuida por su propio gusto, para sentirse bien. ¡Las aventuras eróticas pasan pronto a segundo plano!».