El oficio de examinar cadáveres en tiempos de coronavirus

03/04/2020

Por la alta carga viral de una autopsia, los forenses extreman precauciones para evitar contagios, explica Elisa Cabrerizo, del Instituto de Medicina Legal de Granada

Al ingresar en un hospital de Granada y conocer que era positivo de COVID-19, un hombre recorrió la planta y se lanzó al vacío. «Aunque sea en el hospital, es una muerte violenta y, por lo tanto, judicial, y nosotros debemos hacer un levantamiento del cadáver», explica Elisa Cabrerizo, médico forense del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Granada y jefa del Servicio de Patología Forense. «La relación directa entre el suicidio y la enfermedad no se puede establecer nunca pero hay que examinar bien la causa de la muerte para evitar una autopsia». Los forenses en tiempos de coronavirus tienen nuevos protocolos, emitidos por el Ministerio de Sanidad pero redactados por las sociedades de Anatomía Patológica y de Patología Forense.

Esas pautas indican que sólo en muertes violentas o sospechosas de criminalidad se hace una autopsia. Las que tienen causas naturales ahora quedan en manos de los médicos asistenciales. Al ser los cuerpos abiertos un gran foco de infección, las nuevas normas pretenden minimizar las fuentes de contagio. «Siempre hemos estado preparados para los cadáveres con enfermedades infecciosas, que llegaban de forma aislada, por ejemplo, con fiebre hemorrágica, pero no para una pandemia», afirma Cabrerizo. «Hoy todos los cadáveres son sospechosos de tener COVID-19».

Las autopsias se han reducido para evitar propagar la carga viral, y se siguen realizando en los casos de muertes violentas cuya causa no puede determinarse por los signos exteriores, como intoxicación por medicamentos o ahorcamiento. Pero hoy se hacen con estrictas medidas higiénicas que redoblan las ya habituales: los forenses utilizan equipos dobles de protección y salvo excepciones sólo participa un médico con su auxiliar. Antes eran equipos de dos en procesos que podían demorar un par de horas. Además tienen los cuerpos en el frigorífico al menos un día para reducir la potencia del virus y evitan las aperturas craneales y pulmonares. «Hay mucho aerosol», describe Cabrerizo. «Intentamos hacer una eviceración mínimamente invasiva». Niega que exista una prohibición a las autopsias. «Sería imposible no hacerlas».

El oficio de examinar cadáveres en tiempos de coronavirus

En el hospital de Granada, la forense de guardia entró en las dependencias sanitarias recubierta de su equipo de protección y luego examinó el cuerpo que se había precipitado y que yacía en la terraza. En este caso, los signos externos permitieron determinar la causa de la muerte. Al terminar, «para salir de ahí limpios» la forense utilizó un fumigador de dos litros, ahora parte de su equipo, y se roció con lejía. Se quitó el traje, la mascarilla con visera y los guantes, que introdujo en una bolsa de basura, y luego en un segundo empaque. El cadáver se metió en un sudario, y luego «uno de carga que se rocía con lejía», dice Cabrerizo que acaba de recibir equipos de protección de otro instituto de medicina legal de Andalucía donde «hay más material». «Se ha reforzado la protección en toda la cadena».

Un día anormal

Los días de estado de alarma no siguen las rutinas. Declarados los servicios mínimos, los forenses trabajan por turnos. Cabrerizo ha acudido al Juzgado de Guardia 9 de Granada. Lleva una solución hidroalcohólica consigo. Allí puede atender víctimas de violencia de género o detenidos. Luego vuelve a su casa a esperar que la requieran a cualquier hora para un levantamiento de cadáver o una autopsia. Recoger las muestras, empaquetarla, custodiarla. «Todo lo que toco la limpio con la solución», dice Cabrerizo, que vivía con unas sobrinas menores de edad. «Me he ido a vivir sola para controlar bien mis vectores de contagio. Puedes pincharte, o cometer otro error, durante la autopsia de alguien que ha sido confirmado por coronavirus. En casa tengo un cubo con lejía donde meto las suelas de los zapatos. Me quito la ropa y la lavo con agua caliente».

A los cadáveres de los que sospechan que podría tener COVID-19 les hacen un test. Si el resultado es positivo, se envía a Sanidad. ¿Se podrían tomar muestras a todos los cadáveres para verificar, una vez pase la pandemia, si habían contraído el COVID-19? «Sí, se podría», responde Cabrerizo. «Pero las recomendaciones van por el lado de salvar vidas y que exista el mínimo contagio posible. ¿Pero vale la pena dejar esas muestras con una posible carga viral sólo para tener cifras más exactas?».

«Nosotros estamos muy acostumbrados a las tragedias, mientras que los sanitarios no, porque su trabajo es que la muerte no ocurra», dice Cabrerizo, que les recomienda pensar en equipo, apoyarse, escucharse y cuidarse. Pero en estas semanas raras los forenses también han perdido su usual fortaleza frente a la tragedia. «Después de un levantamiento o una autopsia ahora le tengo que decir a la familia que no puede velar al cadáver, no pude verlo, no puede estar con él. Y nos permitimos llorar con ellos, cuando antes nunca lo hacíamos. Les acompañamos con el llanto. Que la familia no pueda hace su duelo es un plus de tristeza para nosotros».