Ventajas de estudiar idiomas desde pequeños

16/05/2019

Aprender una lengua siendo niño ayuda a tener una mejor lingüística. El cerebro tiene mayor plasticidad y capacidad de absorber nuevos conocimientos a edades tempranas.

Los idiomas son una herramienta clave para el presente y futuro, que ha quedado demostrado que es más práctico introducir desde edades tempranas, cuando el cerebro es más flexible, absorbe más conocimientos y es capaz de moldearse a las características de otra lengua.

Al igual que los niños y niñas adquieren su lengua materna de forma natural y sin demasiado esfuerzo, una segunda y tercera lengua puede introducirse en los primeros años de aprendizaje, con un gran número de beneficios y ventajas.

El cerebro de un niño o niña cuenta con mayor plasticidad y flexibilidad para adquirir nuevos conocimientos, y por tanto más facilidades para sumergirse en un idioma extranjero con mucha más rapidez que un adulto. De esta forma, las personas que han absorbido una segunda o tercera lengua en su infancia cuentan con varios beneficios, como una mejor lingüística, mejor comprensión lectora y concentración, facilidades para asumir nuevos idiomas en el futuro y acceso a un mayor nivel cultural.

Introducir un idioma extranjero en las edades de 1-4 años ayudará al niño o niña a tener una mejor capacidad de distinguir y reproducir sonidos, acentos y de asumir las peculiaridades de cada lengua. Además, el aprendizaje de un idioma abre el campo cognitivo y lingüístico, lo que supone, según los estudios, beneficios como una mejor gestión de problemas, más habilidades de pensamiento crítico, flexibilidad y capacidad de memoria, habilidades multitarea y creatividad.

Del mismo modo, al exponer al cerebro a un constante flujo de nuevos conocimientos éste se ejercita con frecuencia desde edad temprana, conllevando un mejor rendimiento académico en el futuro y más capacidad de concentración para el niño o niña. Está comprobado que los niños bilingües y trilingües tienen ventajas a nivel de comprensión, con un impacto positivo en el cerebro y en su salud mental.

Ventajas de estudiar idiomas desde pequeños

Cómo enseñar un segundo idioma en la infancia

n Los niños y niñas tienen más capacidad para absorber y gestionar un segundo y tercer idioma diferente a la lengua materna en el periodo comprendido de 1-8 años, aunque principalmente de 1-4 años de edad. Sin embargo, este periodo es un rango lleno de nuevos estímulos y distracciones, que puede hacer compleja la manera de iniciar a los niños y niñas en un nuevo idioma, para que este sea interiorizado de forma natural.

Tanto en la escuela, la guardería o en casa, los diferentes idiomas deben llegar al niño como llegó su lengua materna, de forma fluida y desde el entorno, por lo que este aprendizaje debe ser lúdico y espontáneo. Canciones, cuentos, diálogos en este idioma o relacionarse con el niño o niña en esta lengua y la materna de forma alterna son algunas de las técnicas más efectivas, además de los centros bilingües donde además el niño o niña tendrá contacto con otras personas de su edad que están en el mismo procedimiento de aprendizaje.

Hablarle frecuentemente en la lengua elegida es una técnica clave para que el niño o niña interioricen palabras y términos, acento y conversaciones de forma autónoma. Usar programas de televisión en inglés, guarderías bilingües, y dispositivos y juegos con diferentes lenguas son también elementos que ayudan a asimilar los nuevos conocimientos propios de un segundo idioma.

Además, introducir otra lengua en la rutina habitual del niño y convertirla en parte de su hábito es una fórmula efectiva, que ayudará a que el niño o niña asimile el idioma de forma regular y constante. Jugar, cantar, leer, usar melodías y ritmos, vocabulario accesible y cotidiano hará que el niño o niña se contagie del interés de aprender una nueva lengua, entendiéndola como algo sencillo y divertido y no como una obligación.

Ver la televisión en versión original, moverse un entorno bilingüe, realizar lecturas en esa lengua, juegos sencillos y entretenidos adaptados a cada edad, canciones actuadas o coreografiadas y actividades compartidas con otros niños, padres o profesores son solo algunos de los trucos para despertar la curiosidad del niño o niña por un segundo idioma.

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