El monstruo de la estabilización (por favor, el profesorado canario primero)

Y en esta verbena educativa canaria sacan más plazas que la mayoría de las comunidades autónomas, no plantean ninguna medida que blinde a nuestro profesorado, y lo dejan a los pies de los caballos

MARISOL COLLADO MIRABAL Profesora

'Temo a los griegos hasta cuando traen regalos'. (Virgilio, La Eneida, libro II)

Las personas que me conocen saben que soy una funcionaria con suerte. A escasos meses de cumplir 36 años de una carrera profesional apasionante, y a un par de meses más para llegar a los 60 años de una vida plena y feliz, estoy en el carril próximo al ramal Jubilación, preparándome para dejar, no sin cierta tristeza, el sistema tortuoso que, tecnócratas y burócratas de aquí y allá, han convertido la escuela.

Especialmente jarta de quienes se empeñan, desde su atalaya de despachos y gabinetes, en explicarnos las continuas imposiciones del sudoku legal de turno. Monsergas de salón con los cómplices de siempre, sin poner los recursos para aliviar la tarea (menos digitalización con riesgo energético, menos hiperburocracia vacía y más ratios adecuadas para afrontar los barcos que llegan a nuestros muelles en forma de patologías y necesidades sociales; menos borradores, menos carguitos con nombres rimbombantes, ambiguos en funciones y más horas de coordinación. En fin: más realidad escolar y menos expertos liberados).

A pesar de la opinión de algunos, yo, a la hora de denunciar una situación, no me escondo ni oculto mis intereses y posiciones. Aunque la estatura física no me ayude, a mí se me ve venir de lejos. Por eso hoy les cuento que, además de funcionaria con suerte, soy interina consorte en crisis laboral, esto es, pareja de una interina que puede ser devorada por ese proceso de estabilización que prometía, obedeciendo instrucciones de Europa, la oportunidad de acabar con el abuso de temporalidad en nombramientos y contratos, y que se está volviendo, por momentos, negro futuro de desempleo.

Interina de Conservatorio, el colmo de incertidumbre y desigualdad frente a las situaciones de ventajas del personal de otros territorios. Y es que se pretende, entre otras cosas, valorar haber participado y aprobado fases de oposición cuando en Canarias, en conservatorios y otros cuerpos y especialidades ¡JAMÁS se han convocado oposiciones!

No sé si tengo que explicar lo que supone añadir a la lejanía este nuevo obstáculo. Y en esta verbena educativa canaria: sacan más plazas que la mayoría de las comunidades autónomas, no plantean ninguna medida que blinde a nuestro profesorado, y lo dejan a los pies de los caballos abriendo el marco de facilidades, por ejemplo, con el asunto de las oposiciones. Puedo pasar por desconfiada pero no veo rentable este negocio para nuestra gente.

Sinceramente, estoy confundida. Y si yo, con un C1 en políticas educativas, estoy confundida, puedo imaginar el C2 en confusión que tiene el común del profesorado afectado (y sus respectivos/as consortes). La primera confusión es con el Estado. Gente que topa precios, crea impuestos para grandes empresas, pone en marcha ERTES y lidera negociaciones europeas en inglés, no ha sido capaz de idear un sistema justo, descentralizado y equitativo que trate igual a los iguales y desigual a los desiguales, en vez de este sálvese quien pueda, que provoca que quienes tienen un trabajo temporal en los documentos, pero fijo de facto con un nombramiento anual, reciban todas las papeletas para perderlo.

Mi segundo bloque de confusión se centra en el gobierno canario, aunque ahí lo tengo más claro. Al Ángel Víctor de incendios, pandemias, volcanes, danas, mascarillas y cohetes chinos, le hubiese hecho falta algún técnico como Federico Grillo o científicas como Mª José Blanco y Carmen López en el área de Educación. Más valentía, más ideología, más coherencia para atreverse a plantear un marco de excepcionalidad canaria en un proceso excepcional, que incluyera informes jurídicos alternativos más allá de inercias.

Es necesario más conocimiento de las circunstancias y más empatía con las consecuencias. La consejera de Educación empezó diciendo que no podría garantizar que el trabajo en Canarias fuese para el profesorado canario, y ahora confiesa que en Madrid la ningunean, si se salieron de la coordinadora estatal, se supone que no era un postureo, se trataba de seguir un camino propio.

No soy nacionalista, pero no me imagino a Cataluña o a Euskadi resignándose a que no les hicieran caso por ser los únicos que defendían algo propio y singular para su comunidad autónoma. Vamos, un objetivo al mismo nivel del tranvía gratis.

Mi tercer nivel de confusión tiene que ver con las organizaciones sindicales: ¿están o no están de acuerdo y con qué? Tengo la impresión de que actúan con cierto seguidismo en una situación que, parece evidente, les supera.

Sus comunicados y páginas webs rezuman rechazo, mientras se suceden los acuerdos en las mesas sectoriales y la administración presume de consensos mayoritarios o directamente unánimes: Plazas, plazos, baremos… francamente, no entiendo nada.

Están dejando a cientos de interinos tirados, y lo peor es la actitud cuando atisban alguna crítica de los colectivos. Toda actividad pública debe estar sujeta a evaluación, auditoría y revisión desde la opinión pública y los sindicatos no son menos. ¿Han leído siquiera los informes jurídicos emitidos por reconocidos juristas y puestos sobre la mesa por los colectivos? ¿Qué opinan de su contenido? ¿sería defendible en la negociación? Acusan recibo de los correos educadamente, nada más. La desafección es palpable con los representantes a las puertas de unas elecciones sindicales.

Mientras tanto, el profesorado canario, desmovilizado y perplejo, asiste a la paradoja de que un señor o señora de Calvarrasa de Arriba (provincia de Salamanca) desde su mesa camilla, pueda presentar telemáticamente la solicitud con los méritos que le permita estabilizarse en Güímar o en Arguineguín, dejando en la calle a quienes, por este desigual procedimiento, vuelven a la casilla de salida sin opciones.

Mis respetos a las personas, sé que es lícito aprovechar cualquier resquicio que le permita la 20/2021, el RD 270/2022 o la 014 que pasa por la Cruz del Señor o la 12 que para en el Teatro, pero mi comprensión virará en cabreo hacia esta incalificable gestión si en un futuro los veo concursando a su península natal, abandonando esta tierra que les dio la oportunidad de estabilizarse sacrificando el futuro de su gente. Y no sé si alguien ha calculado el efecto dominó en Canarias sobre los siguientes colectivos.

Por todo lo expuesto, no solo hablo de nuestra situación personal, a todas luces superable con más o menos estrecheces, sino de las decenas de casos que se pueden dar, algunos que conozco personal y profesionalmente, por ejemplo: Silvia (Lengua), dos oposiciones aprobadas sin plaza que pudiendo estar más cerca, voluntariamente se mete 130 km diarios, programa Estela 1º de la ESO; Sole (Tecnología) y Javi (Matemáticas), matrimonio con tres niños, la mayor con 7 años; Boro, (especialidad Viola), 24 años sin oposiciones, y Susana, madrileña (Física y Química) residente en Canarias desde 1999.

El profesorado canario en general, y el de los conservatorios en particular, está viviendo una pesadilla de terrorífico temor al futuro. Sin dejar de acatar las decisiones y tomando medidas a diario a la vez que preparan oposiciones, concurso oposición o méritos y, por supuesto, respondiendo, según su leal saber y entender, a las clases, a la programación Lomloe, a la encuesta-selfie, y a todas y cada una de las ocurrencias del cohete chino de turno a su paso por nuestro espacio aéreo.

Tengo la impresión de que se ha intentado solucionar un problema político que debía haber sido resuelto en el ámbito laboral, y lo que ha generado, para el profesorado canario, es un drama social en el ámbito más humano. Veremos cómo termina, pero denle una vuelta, pongan en marcha el pensamiento alternativo, consideren todas las opciones jurídicas y políticas y, por favor, el profesorado de Canarias, primero.