Una porfesora del colegio Aguaduclce junto a un grupo de escolares. / Juan carlos ALONSO

Escolares y familias normalizan la vuelta a clase en medio de la pandemia

La vacuna, los escasos brotes del virus en los colegios el pasado curso, y asunción de los protocolos disipan las dudas en las aulas

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO Las Palmas de Gran Canaria

Si ayer notó que había más tráfico circulando recuerde que fue el primer día de clase. Entre ayer y hoy 246.572 estudiantes, de infantil a secundaria, se incorporan a las aulas de los centros públicos en un clima marcado por la pandemia. La práctica en los protocolos sanitarios, sin embargo, ha hecho que la comunidad educativa, profesorado, familias y estudiantes, acudan este curso a la puerta del colegio con una sonrisa en lugar de preocupación. El avance de la vacunación, el 63% del alumnado adolescente y casi el 95% del profesorado, y la asunción de las medidas anticovid, que cambian muy poco con respecto al pasado año -se mantienen los grupos burbuja en Infantil y Primaria y se reduce la distancia a 1,2 metros en Secundaria, disipan las dudas. «Los colegios se han demostrado como los lugares más seguros», afirmó ayer María Suárez, directora del colegio Aguadulce, en la capital grancanaria.

A este centro, al que acuden más de 270 estudiantes, se acercaron ayer divididos entre las dos puertas de acceso y por turnos padres, madres y alumnado.

Luciana Tituno y Luigi Terrasi acompañaban a sus hijas, Electra y Frida, de 8 y 5 años, respectivamente. «Estamos más tranquilas que el año pasado. Las medidas ya las conocemos, saben que tienen que llevar mascarilla todo el día sabemos y que los profesores las cuidan mucho. El año pasado sí estaba nerviosa», confiesa Luciana, que comparte son sus hijas las ganas que estas tenían de volver. Ella y su marido reconocen que los niños y niñas se adaptan muy bien a las normas sanitarias. «Lo tienen bien asumido. Se acostumbran rápido. Nosotros somos más duros», afirma. Tampoco le preocupa que la franja de edad de sus hijas no esté vacunada. De momento, señala, «los niños han pasado bien» los contagios. «Ojalá siga a sí», añade.

El patio del Aguadulce comienza a llenarse de abrazos. Reencontrase con los compañeros y amigas de clase es una de las partes emocionantes de la vuelta a clase. El profesorado, con gel en mano, organiza las filas mientras padres y madres se quedan en la puerta observando desde lejos para dar el último beso volado.

Mucho antes de la hora acordada llega al centro Pablo Martel con sus dos niñas, Carla y Leire, de 6 y 4 años. La mayor está «nerviosa», empieza Primaria y cambia de profesorado. Son los únicos nervios que se perciben este año. «Ya nos hemos acostumbrado a los protocolos. Seguimos preocupados controlando la temperatura y la higiene de manos, pero se lleva de otra manera. Durante el curso (el pasado curso) los profesores nos han ido tranquilizando, así que venimos más preparados».

En la puerta por la que entra Infantil y Primaria dos profesoras toman la temperatura. Si no hay fiebre, dosis de gel para las manos y a la fila que sube por la rampa. El orden se rompe desde que ven a su profesora del pasado año, algunos incluso corren hacia ellas. La covid impone distancia social pero la sociabilidad humana nos empuja a abrazar a nuestros congéneres, o al menos a una parte de ellos.

En los corros en la calle, a las puertas del Aguadulce, se organizan por nacionalidades. Hay estudiantes de origen asiático, africano y europeo. Lindsay MacNeil es la madre de dos niños, de 8 y 11 años. Este será su primer año en este colegio, pero ya tiene experiencia en el protocolo de Educación en Canarias y como el resto de los padres y madres viene más tranquila este año. «El curso pasado se controló muy bien», asegura. «Esperemos que este año sea igual», añade.

Sin brotes

Precisamente de esa seguridad es de una de las cosas que se enorgullece la directora del centro. María Suárez. Es más, el uso de la mascarilla no solo ha evitado contagios de covid-19 en este centro no se detectó ni un solo brote–, sino que además cayeron en picado el resto de las infecciones respiratorias o las gastroenteritis. «No nos pusimos malos, ni una baja», dice la directora. Quizás eso sea uno de los aspectos positivos de la pandemia. El lavado de manos, la distancia y la mascarilla evita otras enfermedades. También el impulso que se ha dado a las nuevas tecnologías. Tanto por parte del profesorado, adaptándose a las clases virtuales, como por parte de las familias. «Todo el mundo sabe mandar un correo electrónico, hacer una videoconferencia o trabajar on line. Eso hace un año era impensable», confiesa. Y, por otro lado, «os padres también se han acostumbrado a que les mandemos la información por correo y todo eso agiliza algunos aspectos», resalta.

Pero también, y pese al esfuerzo que le reconoce a la Consejería de Educación repartiendo material como las tablets, la pandemia ha puesto de relieve la brecha digital. Muchos estudiantes, confiesa la directora del centro, tenían una tablet, pero no tenían wifi. Por eso el profesorado se las tuvo que ingeniar para que no perdieran el curso. Las mascarillas, por otro lado, también dificultaron el aprendizaje de un segundo idioma, o el materno en el caso de los más pequeños. «A la hora de pronunciar no ven la boca, las expresiones, las emociones... Es complicado».

Con todo, recalca, «los niños funcionan de maravilla, mejor que los adultos. Hacen el protocolo perfectamente no tienen ningún problema», y se adaptan.

Este año se permite que los grupos burbuja en los patios sean por niveles y no por aulas, esta flexibilización de los protocolos es una ventaja, señala la directora y coincide la presidenta del AMPA, Araceli Ravelo. «Este principio de curso es menos estresante en el sentido de que se han flexibilizado las medidas, pero tenemos que seguir vigilantes, el virus sigue ahí», recalca. La dificultad continua, sin embargo, a la hora de organizar las actividades extraescolares, una de las claves de la conciliación para muchas familias.

Este curso tampoco pueden volver a hacerlas como antes de la pandemia. «Es inviable» porque hay que hacerlas al aire libre y manteniendo la distancia. Aún así, no se quedan de vacío y ya tienen algunas propuestas. Otra diferencia con el curso pasado.