Educar en el bilingüismo, la importancia de los primeros años en el aprendizaje

Aunque en la mayoría de los centros escolares ya se imparte la educación en dos idiomas, son los padres quienes tienen en su mano realizar esta apuesta por la formación del niño.

ANA HERNÁNDEZ / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Hoy por hoy son muchos los padres que quieren que sus hijos manejen al menos dos idiomas desde los primeros años. En este sentido, la apuesta por un futuro mejor, en el que no se les cierren puertas por no hablar al menos un idioma más, suele ser la razón por la que los padres se interesan por el bilingüismo.

Son muchos los beneficios cognitivos, académicos y sociales de aprender idiomas extranjeros. Aunque si bien no es tan sencillo como poner a los niños los dibujos en inglés, si que hay padres que realizan un esfuerzo consciente por contribuir a que sus hijos desarrollen de manera natural el aprendizaje de dos idiomas.

Como primera premisa, para que se desarrolle a nivel nativo una lengua, se considera necesario que al menos el 20% de la actividad comunicativa real del niño tenga lugar en ese idioma. Por tanto, se trata de que durante al menos el 20% de las cerca de 12 horas que el niño está despierto, reciba estímulos en esa lengua, que serán mucho mayores cuanto más personales e interactivos sean.

Además, siempre será más efectivo si se comienza desde el principio y no se espera a que se haya aprendido ya un primer idioma. Así pues se recomienda que esta exposición sea desde el nacimiento del bebé, para aprovechar al máximo la plasticidad del cerebro.

En este sentido, existen diferencias estructurales en el cerebro que está expuesto solo a un idioma y en el que lo hace a más de uno. En las imágenes cerebrales de personas bilingües se observa una mayor densidad de materia gris especialmente en el lado izquierdo, donde se localizan las funciones del lenguaje. Pero lo que es realmente interesante es la diferencia entre aprender dos idiomas desde que nacemos o hacerlo más tarde. El cerebro almacena los idiomas y los interconecta de forma muy distinta.

Por tanto, la persona que ha estado expuesta a dos lenguas desde el nacimiento activa al hablar en cada uno de los idiomas la misma zona del cerebro, mientras que los que han aprendido tardíamente una segunda lengua activan zonas distintas.

La doctora Barbara Zurer Pearson, especialista en bilingüismo con una experiencia de más de veinte años en la investigación del bilingüismo y la lingüística, e investigadora asociada en la Universidad de Massachusetts, explica esta situación a través de una metáfora en la que las lenguas son dos árboles en un bosque: En el niño bilingüe precoz, los dos árboles son independientes, están plantados en el mismo suelo pero cada uno tiene sus raíces. En el bilingüe tardío, uno de los árboles es el único que tiene raíces propias (la lengua materna), y sobre él crece una planta que se alimenta de la primera y depende de ella (la segunda lengua).

Los cinco métodos más comunes para criar niños bilingües

Un padre, un idioma

Se trata de las familias en las que cada uno de los padres domina un idioma diferente. En este caso, los padres que lo practican solo hablan a sus hijos en el idioma nativo, tanto dentro como fuera de casa. Hay que tener en cuenta el caso en que la familia vive en un país cuyo idioma es uno de sus idiomas. En este caso, esa lengua se convierte en mayoritaria y lógicamente los niños la van a usar de forma más habitual y la dominarán más rápido.

Idioma minoritario en casa

Este método se emplea cuando los padres y los hijos hablan entre sí dentro de casa el mismo idioma, aunque no sea el nativo de los padres y que es diferente del idioma del lugar donde residen. Este enfoque puede evitar la sensación que tienen muchos padres de que están excluyendo a otros de la interacción con su familia cuando están fuera de casa. También proporciona un marco claro para los niños, el hogar se convierte en el interruptor para cambiar de idioma.

Cambio de residencia

Un traslado laboral de uno de los padres puede ser la salvación para que sus hijos aprendan otro idioma. En este caso, una familia se traslada a un país extranjero y habla el idioma materno de los padres en casa, mientras que los niños aprenden y hablan el idioma de su país de adopción en la escuela o con sus amigos.

Programas de inmersión lingüística

Se trata de la búsqueda de escuelas con idiomas extranjeros en su propio país, donde los hijos aprenden toda la educación reglada en una segunda lengua. Es la forma más común de aprendizaje de otro idioma y se puede complementar con el estudio de módulos en el extranjero.

Clases de idiomas

Para los padres monolingües que ni dominan otra lengua ni tienen la posibilidad de trasladarse a otro país, una forma común, que puede ser complementaria a la inmersión lingüística, es buscar opciones para que interactúen en otra lengua. Algunas opciones son los campamentos de verano, las clases extraescolares o los viajes de estudio al extranjero.