Un grupo de estudiantes realiza uno de los exámenes de la EBAU. / Blanca Saenz del Castillo

Educación diseña una selectividad con una gran prueba que funde todas las materias comunes

Valdría el 75% de la nota, mediría la «madurez académica» del alumno y se completaría con un examen sobre la materia de modalidad que se elija

Alfonso Torices
ALFONSO TORICES Madrid

El Ministerio de Educación entregó hoy a las autonomías y a los rectores su propuesta para un cambio en profundidad de las pruebas de acceso a la universidad, que las tres pares deberán ahora debatir y negociar durante meses, y que terminará plasmada en un real decreto ley que establezca el nuevo sistema.

No obstante, que nadie se asuste demasiado. El actual modelo de pruebas seguirá vigente el próximo junio, para que se examinen quienes todavía estudian con la Lomce, y el nuevo, si al final termina por aceptarse la propuesta ministerial, se aplicará con un período transitorio, para que alumnos y profesores se adapten sin traumas a los nuevos métodos de estudio y evaluación.

Habría una nueva selectividad o EBAU (o como se llame en su momento) con algunos cambios en junio de 2024 -que realizarán los alumnos que este año comienzan el primero de Bachillerato y los que aún están en tercero y cuarto de la ESO- y un formato ya definitivo, con transformaciones notables, en cinco años, en junio de 2027, que afectará a los que ahora están en segundo de la ESO o en cursos inferiores.

El objetivo es doble. Primero, adaptar estos exámenes al Bachillerato diseñado por la nueva ley educativa, la Lomloe, que comienza ya a estudiarse en los cursos impares en septiembre y que abandona una enseñanza basada en la memoria por otra marcada por el aprendizaje por competencias. Segundo, lograr unos ejercicios «equiparables» en todas las comunidades, que minimicen las diferencias y los hagan «más homologables».

El 60-40 de la nota no cambia

La nueva selectividad que hoy propone el ministerio no cambiará el sistema de formación de la nota de acceso a la universidad. Será 60% media de Bachillerato y 40% EBAU. También, como ahora, podrá mejorarse con exámenes voluntarios, para elevar la calificación de 10 a 14.

Lo que cambiará por completo es la estructura de la evaluación. En junio de 2027, se pasará de las actuales cuatro pruebas obligatorias, un examen de cada una de las tres asignaturas comunes (Lengua Castellana y Literatura, Historia de España e Idioma Extranjero) -más un cuarto si hay lengua cooficial- y una examen de la materia obligada de modalidad que elija el alumno, a solo dos. La primera será similar al actual examen de la materia de modalidad. La segunda, sin embargo, fundirá todas asignaturas comunes en una sola «prueba general de madurez académica», que englobaría las materias comunes y que además valdría el 75% de la nota de selectividad. Ahora los exámenes de las tres comunes suman el 60% y la de modalidad el 40%.

El ministerio, que debe pactar ahora el texto final con las comunidades, prevé aplicar un modelo intermedio en 2024 y el definitivo en 2027

Esta prueba de madurez fusionará todos los conocimientos comunes en una evaluación de tipo competencial, similar a los exámenes PISA, que podría durar más de tres horas. El ejercicio consta de un dossier formado por una serie de documentos (textos, imágenes, infografías, gráficos, tablas, audiovisuales) que girarán todos ellos en torno a un mismo tema y tendrá tres partes. Se le pedirá al alumnado que realice un análisis desde diferentes aspectos y perspectivas, después deberá responder a diversos tipos de preguntas cerradas y semi construidas (con respuestas precisas) sobre estos materiales y, finalmente, contestará tres preguntas abiertas sobre el particular. Se pretende valorar la capacidad del alumnado para analizar, valorar, extraer información o interrelacionar toda esa documentación, de forma más o menos guiada a través de las preguntas o propuestas. Según qué partes las hará en castellano, en la lengua cooficial o en el idioma extranjero cursado.

Período transitorio

El examen del período transitorio, a realizar en junio de 2024, 2025 y 2026, mantendría dos pruebas semejantes a las actuales de materias comunes (Historia de la Filosofía e Historia de España), cada una con un valor del 25% de la nota; la prueba de la materia de modalidad como la actual, también con el 25% del valor; e incorporaría el embrión de la prueba de madurez académica, que en este caso evaluaría a la vez todas las materias del ámbito lingüístico. Su valor provisional sería del 25%.

El sistema «para subir nota» es muy similar al actual, pero en vez de permitir hasta cuatro exámenes voluntarios de materias de modalidad de elección del alumno, como ahora, desde junio de 2024 solo permitirá un máximo de dos. El cambio con el modelo definitivo, a partir de 2027, no es en el tope de exámenes, que siguen siendo dos, sino en el tipo de materias. Además de poder versar de las asignaturas de modalidad también podrá incluir las asignaturas comunes. La ponderación de estos exámenes la establecerán, como ahora, las distintas titulaciones de las distintas universidades.

No habrá prueba única

El ministerio descarta la prueba única e idéntica estatal que pide el PP, pero defiende que su nuevo modelo, y el progresivo enfoque competencial de la prueba de acceso, «permitirá un avance en la línea de una mayor homologación y equilibrio entre las pruebas planteadas, para asegurar que sean efectivamente equiparables entre los distintos territorios». Eso sí, como aviso a navegantes sobre los límites de la negociación que ahora se abre, advierte que con sus cambios «en ningún caso se plantea desarrollar una prueba unificada, pero sí conseguir acuerdos que permitan a los distintos territorios elaborar pruebas que sean homologables entre sí».

A estos acuerdos y a la homologación se propone que se llegue mediante la formación de «grupos de trabajo» con representación de ambas administraciones y de las universidades para diseñar un marco común tanto para la prueba como para su corrección. Con el mismo objetivo se pide que los ejercicios concretos, que son diseñados por cada autonomía, deben contar con una guía con las respuestas correctas para preguntas cerradas y recoger con claridad qué contestaciones se espera del alumno, incluso con ejemplos variados, para poder dar por válidas las preguntas abiertas. Los exámenes de madurez, dado su carácter mestizo, podrán ser corregidos de forma colegiada por los profesores de las distintas materias.