Deben saber que en Canarias no hay ríos

08/09/2019

Educación niega injerencias en la edición de los libros de texto más allá de los decretos de currículo que marcan los contenidos canarios. Los geógrafos avisan de la importancia de que los escolares conozcan bien los rasgos geográficos diferenciados del archipiélago: «Aquí hay barrancos»

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El profesor del departamento de Geografía de la Universidad de La Laguna (ULL), Vicente Zapata, no salía ayer de su asombro tras conocer el enfado manifestado por el director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), Antonio María Ávila, porque el Gobierno regional supuestamente obligara a sacar de un libro de texto «los ríos de Canarias». Zapata se repregunta «¿Ríos en Canarias?» y, antes de responder que, sí, que «alguno hay, pero en la toponimia de las islas», no puede evitar sonreír.

La sonrisa de Zapata tiene una explicación y no es otra, apunta, que el hecho de que a algunos barrancos de Canarias se les llame ríos y como ejemplo pone el barranco del Río en Adeje (Tenerife) o Vega del Río Palma, en Fuerteventura, entre otros, y explica que «conservan esa toponimia porque en la época de la conquista de las islas esos barrancos eran cauces continuos de agua, y así lo relataron en sus crónicas los castellanos».

El geógrafo de la ULL advierte de que los niños y niñas de Canarias «tienen que saber lo que es un río y conocer los de su país», pero también «conocer los rasgos diferenciados del archipiélago, entre ellos que aquí no hay ríos, pero sí barrancos y que a algunos de esos barrancos se les llama ríos». Y reivindica «la gran importancia de la dimensión natural y cultural» de los barrancos en las islas, pero también avisa de que «un exceso de localismo es un obstáculo para que el alumnado pueda analizar fenómenos globales; se trata de hacer una combinación de ambas cosas y lograr un equilibrio entre lo local y lo general», recomienda.

A quien no le hizo ninguna gracia el comentario de Antonio María Ávila de que los editores reciben presiones para que en la versión canaria de los libros de texto los ríos no tengan importancia fue a la Consejería de Educación, donde llevan dos días que no saben cómo atajar «un pollo» que «no tiene ni pies ni cabeza», dice un portavoz autorizado.

Es más, recuerda que la administración no interviene de ninguna manera en la edición de los libros de texto de las editoriales más allá «de los decretos de currículo que incorporan los contenidos canarios» que luego los editores toman como referencia. «En Canarias se estudian los ríos, claro que sí, pero no los ríos de Canarias porque en las islas no hay ríos», dice la misma fuente. Desde el departamento que dirige María José Guerra se niegan a dar importancia a algo que, a su juicio, no la tiene.

A quien sí parece que le importa la denuncia de los editores de libros sobre las supuestas presiones que reciben de los gobiernos autonómicos en relación al 30% del contenido referido al currículo aprobado por cada comunidad autónoma es a la ministra de Educación en funciones, Isabel Celaá, que ya ha convocado una reunión el próximo miércoles para conocer de «primera mano» los problemas del sector después de que el jueves la Asociación Nacional de Libros de Enseñanza (Anele) denunciara los «mecanismos bastardos» que usan las comunidades autónomas para que los libros de texto «digan lo que ellos quieren y no lo que la ciencia dice».

La también portavoz del Gobierno indicó que los problemas que tienen los editores son «una deriva indeseada de la Lomce que habló de asignaturas troncales, de libre configuración, específicas y que hizo proliferar de forma desmesurada todos los libros de texto».

La ministra defendió volver, «y así lo haremos cuando se apruebe la ley que tenemos en marcha», al reparto «que funcionó bien» con la Logse, que establecía que el 65% de currículo lo elegía el Ministerio y el resto las comunidades sin lengua propia, mientras que en las que sí la tienen, el Gobierno central diseñaba el 55% de los contenidos.

Denuncia

Desde el departamento canario de Educación se insistía ayer en que no le consta la petición de que «desaparezcan los ríos» de los libros por parte del anterior equipo, ni del actual. Es más, aseguraban que «no había ninguna petición por escrito a ninguna editorial» al respecto ni de la administración, ni de un centro escolar o de padres o madres de alumnado

«No existe denuncia alguna», reiteraron, para recordar que la denuncia es el mecanismo con el que se funciona con las editoriales porque ningún departamento de la Consejería de Educación autoriza ni lleva a cabo control alguno de los contenido de los libros de texto.

Y eso es así desde la aprobación de la Ley Orgánica de Educación aprobada en 2006, que establece que «la edición y adopción de los libros de texto y demás materiales no requerirán la previa autorización de la administración educativa. En todo caso, éstos deberán adaptarse al rigor científico adecuado a las edades de los alumnos y al currículo aprobado por cada administración educativa», un artículo que no se modificó en la Ley Orgánica para la Mejora de la Educación (Lomce) de 2013.

Desde Canarias sí se han denunciado otros contenidos de los libros de texto de algunas editoriales, el último los textos sexistas de un cuadernillo de segundo de primaria.