Un cubo flanqueado por cuatro sillas advierte que es una zona en la que cae agua de las cubiertas cuando llueve. / cober

El agua cae dentro y el ruido viene de afuera

La Escuela de Arte y Superior de Diseño de Gran Canaria soporta una contaminación acústica mayor de la permitida al tiempo que fruto del mal estado de las cubiertas «llueve en las aulas». Docentes y alumnado piden a Educación que actúe

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO Las Palmas de Gran Canaria

Llevan meses pidiendo soluciones a la Consejería de Educación. De forma interna y en la calle. Docentes y alumnado de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Gran Canaria lamentan el estado de las infraestructuras en las que trabajan y estudian. Las cubiertas no atajan la lluvia y la cercanía a la GC1, de hecho, el edificio linda con la avenida marítima, hacen que soporten ruidos por encima de lo saludable. «Llevo 20 años dando clases aquí y he visto el deterioro de la Escuela a pasos agigantados», reconoce la docente María del Mar Afonso.

«La demanda se concentra en dos cuestiones: tenemos un problema grave con las cubiertas del edificio que están estropeadas desde hace muchos años y no las han arreglado. Y el segundo es la cercanía a la GC1. El ruido del tráfico supera con creces lo que la ley permite. Hemos planteado el problema en numerosas ocasiones a la Consejería de Educación yen este tema no han dado ninguna solución ni hay un plan global que solucione de forma definitiva este tema. Que la Consejería se haga cargo del mantenimiento del edificio y que ponga en marcha un plan global para minimizar el ruido al máximo que permite la ley vigente son nuestras demandas», señala Hermes Ortega, profesor de audiovisuales.

El lunes salieron a la calle para concentrarse ante la Consejería de Educación en busca de soluciones. El paso de la borrasca Hermine había causado daños en la Escuela que aún coleaban. Esta semana volvió la lluvia. El viernes ya tuvieron problemas en algunas aulas. «Llueve dentro de las clases», decían en un vídeo que pusieron en circulación por las redes sociales. «No sabemos con qué nos vamos a encontrar el lunes», advertían. Este fin de semana las lluvias han sido generalizadas en e archipiélago. Con Hermine las clases se tuvieron que suspender tres días. Mañana sabrán si el alumnado puede entrar o no y retomar normalmente las clases.

Educación licitó las obras de la cubierta del edificio, pero quedó desierta. A parecer la Consejería repetirá el concurso -este periódico preguntó por el tema pero ningún responsable de Educación respondió-.

Para lo que desde luego aún no hay ningún plan es para atajar el ruido. El volumen de tráfico que genera la Avenida Marítima afecta al funcionamiento de las clases cuando se ven obligados a abrir las ventanas para ventilar. Antes de la covid el edificio mantenía cerradas todas las ventanas que dan a la GC1. Ahora, por la necesidad de ventilar, se ven en la necesidad de soportar niveles de ruido por encima de lo que está permitido.

Según las mediciones que han realizado la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Gran Canaria soporta niveles de ruido en el interior de las aulas de entre 65 y 70 decibelios. Hasta 40 considera la legislación, de 2007, que es tolerable. La OMS lo redice a 35. Fuera los niveles de ruido también están por encima de lo recomendado. 76,9 decibelios en la Escuela, 60 dice la normativa y 53 recomienda como máximo la OMS. Un estudio realizado por el Consejo Escolar del centro sitúa a la Escuela de Arte como el tercer centro con más contaminación acústica de los afectados por grandes carreteras en Gran Canaria, y entre los seis primeros de toda Canarias.

El estudio lo completaron con una encuesta entre docentes y alumnado y el 83,1% del profesorado declaró que «nunca o pocas veces entiende y escucha al alumnado sentado a más de cinco metros de distancia de la mesa del docente». Y un 74,4% del alumnado reconoció que «siempre o casi siempre tiene dificultades para entender al profesorado».

«No se puede atender bien a las clases», reconoce Nayara, una de las alumnas. Especialmente en el tercer piso, el más afectado por el ruido. Jonay, un compañero, le da la razón. El alumnado, además, debe adelantarse para escuchar al equipo docente. «Y si cerramos las ventanas lo que no soportamos es el olor», advierten, y es que el mal estado de las cubiertas deja traspasar el olor de las heces de las gaviotas. «Reclamamos una solución» coinciden, tanto para las cuiertas como para el ruido, abundan. Mañana, quizás, se añada otra reivindicación, y es poder estudiar aunque llueva.