Archivos difuminados de abuso sexual a menores, intervenidos por la policía. / Efe

700 años de prisión para un depredador sexual con 98 víctimas menores

En redes sociales se hacía pasar por una joven para obtener material pornográfico de niños y adolescentes. En tres años abusó de 18 chicos, según la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

Tenía 24 años cuando José Ángel S. comenzó a tejer su red de araña por Instagram. Se creó un perfil de chica joven que buscaba amigos de su edad. A sus víctimas, siempre menores de 16 años, les enviaba mensajes directos. Al ganar su confianza, proponía empezar a hablar por WhatsApp y pasaba a temas sexuales. Le ocurrió al menor # 11, por ejemplo, con el que en 15 días (los primeros de marzo de 2018) intercambió 244 mensajes de contenido sexual, incluyendo vídeos de una chica joven masturbándose.

En la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid, que le condena a 700 años de prisión, hay testimonios de un centenar de niños y adolescentes. En tres años, José Ángel abusó sexualmente de 18 menores de 16 años e hizo que 98 le enviaran material pornográfico de sí mismos a través de redes sociales. A 78 les envió también este tipo de contenidos y 25 fueron víctimas del exhibicionismo de este pedófilo. Otros 58 menores sufrieron ciberacoso por parte del depredador sexual. La mayoría, pero no todos, con engaño. A uno le intimidó y a 15 les prostituyó.

Condenado por abuso sexual, a seis de ellos les penetró bucal y anal una vez y a otros doce de forma continuada. Además de la prisión, se le condena a pagar indemnizaciones entre 1.000 y 16.000 euros. Los más perjudicados fueron el menor identificado con el # 4 y el menor # 90.

Engaño en Instagram

En Instagram, una vez que lograba el interés sexual de la víctima que, «en la creencia de que se estaban comunicando con una chica de su edad, acababa manteniendo conversaciones crudamente libidinosas que el acusado impulsaba», indica la sentencia conocida hoy, les enviaba material pornográfico y les pedía que se grabaran imágenes similares, «centradas en sus genitales, y en muchas ocasiones masturbándose». Una de sus víctimas tenía discapacidad.

Dueño de un MacBook Air y otro ordenador Lenovo, un disco duro y dos teléfonos móviles, donde «se hallaron archivos de contenido pedófilo o programas para su descarga y distribución», mantiene el juzgado, José Ángel S. usaba a la chica falsa para proponer «hacer un trío con un supuesto amigo suyo». Si aceptaban los incautos, identificados como jóvenes con carencias afectivo-sociales, les decía que se pusieran directamente en contacto con el amigo. Entonces aparecía José Ángel, que les exigía primero estar con él, «como condición para poder quedar después con la chica». Ante la posible resistencia por parte del joven «llegó en algunos casos a ofrecer dinero o regalos».

Entre el 9 de noviembre de 2015 y el 3 de septiembre de 2018, José Ángel S. «logró que algunos menores accedieran a mantener encuentros físicos con él, en los que tuvo relaciones sexuales (que) consistieron en masturbaciones mutuas, felaciones e incluso en algunos casos el acusado penetró analmente con su dedo o con su pene al menor».

Identidades falsas

También desarrolló otras dos estrategias para abusar y corromper a sus víctimas. En prisión provisional desde el 4 de septiembre de 2018, el pedófilo se hizo pasar por «un hombre mayor de edad», por ejemplo, con el menor # 43. Durante nueve meses (entre 2016 y 2017) «intercambió 389 mensajes de contenido sexual, así como fotografías y vídeos de sus respectivos genitales y masturbándose». El depredador, que actuó hasta los 27 años, se aprovechaba, remarca la sentencia, de la inmadurez afectivo-sexual de su víctima.

La otra identidad que asumía era la de «un joven menor de edad» que «intercambiaba mensajes de texto crudamente sexuales y dirigidos a provocar excitación libidinosa, así como archivos fotográficos y de vídeo en los que tanto el acusado como los menores exhibían sus genitales y se masturbaban. A través de esta vía el acusado también les proponía quedar para mantener un encuentro sexual». El depredador tejió así una red de contactos que, como una tela de araña, logró atrapar, al menos, a una víctima cada diez días, muchas de las cuales estuvo corrompiendo simultáneamente.