Con Down y un trabajo que les llena

Hoy se celebra el día mundial del síndrome bajo el lema ‘No dejar a nadie atrás’. Cuatro jóvenes con esta alteración genética y empleados en distintas empresas de Gran Canaria relatan su experiencia en el mundo laboral.

LUISA DEL ROSARIO | DANIEL HERRERA

A principios de este año más de medio millón de jóvenes menores de 30 años engrosaba la lista del paro, un 5% más que a finales de 2018. En el colectivo de personas con discapacidad intelectual las cifras son aún más altas. Según datos de Down Madrid la tasa de actividad entre las personas con discapacidad intelectual es del 31,18%, esto es, solo un 5% de personas con síndrome de Down tiene empleo. Entre este escaso porcentaje se encuentran cuatro jóvenes canarios: Gabriel Castillero (28 años), Ana Hernández (23 años), Luis Garrido (26 años) y María Ceballos (28 años) quienes celebran hoy, 21 de marzo, el Día Mundial del Síndrome de Down bajo el lema internacional No dejar nadie atrás y en España con la campaña La suerte de tenerte nos cuentan su experiencia.

Gabriel trabaja en la sección de fruta de un supermercado Spar, en Mesa y López. «Es un trabajo duro, pero soy de piedra», bromea. Su tarea es reponer la mercancía, colocarla y pesarla. Trabaja tres días a la semana a media jornada y acaba de renovar su contrato. Esa es más o menos la norma en el colectivo de personas con síndrome de Down, un trabajo a tiempo parcial, con lo que los ingresos disminuyen. Con todo, para los cuatro jóvenes con los que hablamos es un gran paso. A Ana le encanta su trabajo. Es reponedora en la tienda especializada en maquillaje Beautik Makeup, en Las Arenas. Va cuatro días a la semana y consiguió el contrato después de pasar por un periodo de prácticas. «Tengo un sueldo y puedo comprar lo que me apetezca», comenta.

Llevar una vida autónoma es una de las aspiraciones de este grupo de jóvenes, anhelo que comparten con la mayoría de las personas de su edad, aunque en España solo uno de cada cinco logra emanciparse antes de los 30 años, según el Observatorio de Emancipación del Consejo de Juventud de España.

Luis es el único de los cuatro que tiene un «contrato fijo indefinido», afirma con orgullo. Es auxiliar en Satocan, y entre sus tareas está reponer el catering y repartir correos, algo que se toma muy en serio: «En la vida lo más importante es hacer las cosas bien. Las puedes hacer bien o mal, pero hay que hacerlas bien, muy bien».

María trabaja de 09.00 a 13.00 los lunes, miércoles y viernes en Groundforce, el segundo operador español de servicios de handling. Para ella el trabajo es vida. «Quedarse en la cama se llama aburrimiento. Es importante trabajar», dice.

Las mujeres con Down sufren una doble discriminación, su discapacidad y su género, denunciaba Down España el pasado 8M. Fátima O. Peñate, directora de la Asociación Down Las Palmas, explica que no es el caso en Canarias. Desde su institución monitorizan los empleos desde el programa de formación e integración laboral y logran que tanto mujeres como hombres con Down consigan un trabajo. «No hay diferencias por género», afirma.

Otra cosa es la percepción que estos jóvenes tienen de cómo los ven los demás. «Somos diferentes, pero tenemos capacidades», apunta Ana. Gabriel cree que una de las cosas a reivindicar por el Día Mundial del Síndrome de Down es «no dar pena». Y María opina en el mismo sentido. «No me gusta que nos traten diferente, sino normal como a cualquier otra persona. Somos personas con capacidad, debemos ayudarnos, darnos apoyo, confianza y amor». Precisamente amor, y mucho, es el que se profesan María y Luis. Gabriel también tiene novia, Laura y Ana está con Javier. Con todo, lo más importante es el trabajo. «Primero el trabajo y después la diversión», dice Luis. «Mi familia está encantada, están muy contentos de que trabaje y están orgullosos porque me estoy esforzando mucho, como Ana, María y Gabriel. En general todos nos esforzamos mucho», añade.

La integración laboral es una de las tareas que trabajan en la asociación, que han visto cómo el mundo empresarial los está aceptando. «El panorama ha mejorado muchísimo en los últimos años. Ahora mismo no tengo chicos a los que integrar», afirma Fátima O. Peñate.