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Imagen de la boya utilizada en Gando, en Gran Canaria, para monitorear el CO2 del océano. C7
Las aguas canarias «secuestran» 280.000 toneladas de CO2 al año

Las aguas canarias «secuestran» 280.000 toneladas de CO2 al año

ciencia ·

El océano actúa como «sumidero» mitigando el impacto del cambio climático, pero acidifica el mar: en las islas un 13% más en 25 años, según científicos de la ULPGC

Luisa del Rosario

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 8 de enero 2023, 01:00

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La red ICOS, el Sistema Integrado de Observación de Carbono, en el que participan una docena de países europeos, entre ellos España, está confirmando «las tendencias que ya habíamos visto» en las aguas canarias, explica el investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) Melchor González. Gracias al equipo de investigación del Instituto de Oceanografía y Cambio Global (IOCAG) de la universidad pública con la colaboración técnica de la Plataforma Oceánica Canaria (Plocan) haciendo «medidas mensuales» en el mar al norte de Gran Canaria y Tenerife desde 1995 (estación ESTOC), además de «otras estaciones en Hawai y en Bermudas sabemos qué le esta pasando al océano. El incremento de CO2 en la atmósfera provoca un aumento de la temperatura, calentamiento global, pero el océano termina secuestrando» ese CO2 y «cuando se disuelve en el agua se producen protones, se acidifica y disminuye el pH... El océano es un sistema muy regulado y amortigua ese incremento. Pero aun así, el pH está disminuyendo y, aunque parezca poco lo que disminuye cada año, en los últimos 25 años el océano se ha acidificado en un 13%», explica el científico. Una consecuencia de ello es que «muchos organismos, como aquellos que tienen caparazones, se ven afectados. El carbonato cálcico se disuelve y es muy difícil que el organismo pueda formar las conchas. Este es el otro gran problema del incremento del CO2, la acidificación y cómo afecta a la cadena trófica», recuerda.

Precisamente por esta acidificación «hay organismos que se desplazarán. La acidificación es un efecto global. No tiene discusión. Es un proceso químico: si tienes más CO2 en la atmósfera, éste pasa al océano», pero no es algo que pueda verse a cinco años, sino a gran escala. Por eso pone en valor los datos recabados en las islas. «No hay duda de que los seres humanos estamos contribuyendo de forma importante. El incremento de la cantidad de CO2 en la atmósfera es muy grande, en un período de tiempo muy corto».

Ahora, con la red ICOS en la que participa también el grupo de investigación con la colaboración del Gobierno de Canarias y la Fundación Loro Parque, «se están mostrando esas tendencias que ya habíamos visto en un punto oceánico, pero ahora para toda la región canaria», abunda el investigador. «Estamos viendo que en una distancia tan corta como la que hay entre La Palma y Lanzarote una diferencia de temperatura [en el mar] importante. En La Palma dos grados más que la parte este de Lanzarote, y esto afecta al contenido de CO2», advierte.

«Canarias está actuando como un sumidero de CO2. Casi 280.000 toneladas de este gas se están incorporando a las aguas canarias, en una extensión de unos 100.000 kilómetros cuadrados», apunta Melchor González.

Para explicar lo que significa ser «sumidero» el científico pone el símil de un agua con gas: «La pones en la nevera, te la vas a beber fría y notas su alto contenido por ese burbujeo. Si la dejas fuera, en cambio, la sensación es que no tiene gas. El ciclo estacional de la temperatura cambia la temperatura del agua y por lo tanto la cantidad de CO2 disuelta. Dependiendo, además, de la actividad biológica y otros procesos físicos, el contenido de CO2 es menor o mayor que en la atmósfera y así el océano capta CO2 (sumidero) o lo desprende. A lo largo de un año, a nivel global, el océano secuestra más CO2 del que se desprende, y en Canarias ocurre también que entra más del que sale».

El océano «secuestra» un 26% (unas 10.000 millones de toneladas ) del CO2 emitido por la actividad humana (unas 40.000 millones de toneladas en este último año), explica el científico. El archipiélago, que es «una región pequeña, está contribuyendo de manera significativa a ese porcentaje. Hay regiones que son fuentes y otras, como Canarias, que son sumideros». Pero esa «contribución positiva» al planeta tiene su cara b, y es que al «secuestrar» CO2 «no solo está aumentando la temperatura de las aguas, sino que las aguas se acidifican, lo que se ha dado en llamar el «otro gran problema», que afecta a muchos organismos y a los equilibrios básicos».

Los investigadores Melchor González y Magdalena Santana. C7

Reducir emisiones o alcanzar «el punto de no retorno»

El investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) Melchor González, 'focal point' de la red europea ICOS, advierte de la necesidad de reducir emisiones de CO2. «La cuestión es que si no reducimos emisiones no podemos alcanzar el objetivo de que no se eleve la temperatura promedio del planeta en más de 1,5º», afirma con rotundidad.

Su equipo del Instituto de Oceanografía y Cambio Global (Iocag) de la ULPGC está ahora en un proyecto europeo «estudiando los puntos de no retorno, es decir, en qué condiciones de climáticas ya no puedes volver a recuperarse. Es un proyecto en el que nosotros estudiamos los efectos del hierro, que es esencial en la vida de los organismos marinos. La idea es hacer diferentes modelos con distintos enfoques para analizar qué condiciones se están produciendo cambios en determinados organismos y ecosistemas y si superamos cierto umbral si el sistema ya no sería capaz de volver a las condiciones de partida ideales. Tenemos que reducir emisiones y las energías alternativas son esenciales», añade.

Con todo, González recuerda que «aunque paremos las emisiones ya tenemos un exceso de CO2 en la atmósfera y ese CO2 va a ser lentamente absorbido, y se tardaran años y años en reducirlas». Por eso, abunda, «una cosa es esencial y es que no podemos seguir tirando 40.000 millones de toneladas de CO2 la atmósfera cada año y en aumento continuo».

El científico recuerda que gracias al análisis del hielo, se dispone de registros de CO2 desde hace 800.000 años con variaciones entre mínimos de 180 ppm (periodos glaciares) y máximos de 280 ppm (periodos interglaciares) naturales, pero «hoy en día la actividad del ser humano desde hace sólo 250 años está afectando de forma importante a nuestro planeta superando ya las 420 ppm».

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