Imagen tomada por los drones de I Love The World del penacho volcánico. / I Love The World

Carracedo: «Con toda seguridad, hemos pasado el ecuador de la erupción»

Los expertos sostienen que, desde el punto de vista científico, no hay evidencias de que la actividad volcánica esté llegando a su fin

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

Cada día que pasa, el fin del volcán de La Palma está más cerca. Esa es la única certeza que hay sobre la duración de un proceso eruptivo que sigue su curso tras haber superado, aparentemente, su periodo de mayor actividad.

«Tomando como referencia las erupciones históricas de La Palma, sabemos que la que más corta fue la del Teneguía con 24 días de erupción y la más larga la del Tahuya de 1585, con 84 días, algo menos de tres meses. Yo diría, con toda seguridad, que ya hemos pasado el ecuador de la erupción», vaticina Carracedo que confiesa que no puede lanzar un mensaje más esperanzador al respecto. «Sé que no va a consolar a quienes viven en el Valle de Aridane, pero la naturaleza es así», comenta el experto.

Tampoco el profesor de Geología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, José Mangas, divisa con claridad el fin de la erupción. «Todo depende de lo que tenemos abajo, del volumen de magma que está por salir», explica el docente convencido de que «hay mucho magma ahí abajo y, aunque no saldrá todo, va a seguir dando la lata durante un tiempo».

La incógnita de la ecuación volcánica, lo que aguarda bajo la corteza sobre la que reposa la isla, es determinante. «Partimos de la base de que lo importante es lo que hay abajo, no lo que está saliendo», apunta Carracedo que resume la vida de un volcán en tres fases: la preeruptiva, donde el magma se acumula sin llegar a la superficie y provoca cierta sismicidad; la eruptiva, una vez que el magma alcanza la superficie y que dura un tiempo indeterminado, y la fase terminal, cuando acaba el proceso. «Estamos en plena fase eruptiva y se mantienen las manifestaciones típicas en una erupción de tipo fisural, con varias bocas alineadas en una fisura en dirección noroeste-sureste. Dentro de esta fase eruptiva, tenemos épocas de mayor explosividad, con lanzamiento de piroclastos -la famosa ceniza- o de mayor efusividad, cuando emite coladas. Además, también emite gases en gran cantidad», explica Carracedo.

A la pregunta de si el volcán muestra síntomas de haber entrado en fase terminal, Carracedo es muy claro. «No. Parece que en ciertos momentos la erupción se está acabando, pero acto seguido se reactiva. En ese punto estamos», señala el vulcanólogo que reconoce que todos, incluidos los científicos, están deseando ver señales de debilidad.

Para explicar las fases del proceso eruptivo, José Mangas suele recurrir a las etapas de la vida del ser humano. Sin embargo, confiesa que no puede determinar si el volcán palmero continúa en su fase juvenil o si es un anciano. «Sigue muy activo», reconoce el vulcanólogo, quien recomienda prestar atención a la evolución de los parámetros que miden la sismicidad, el abombamiento del terreno, la emisión de piroclastos, lava y gases y el nivel del tremor, es decir, el ruido del volcán que se refleja en los sismógrafos.

«No sé si está empezando a agotarse o no. Hay gente súper activa con 70 años y otros que parecen viejos a los 30. Esa variabilidad también se da en los volcanes». En todo caso, Mangas asegura que solo se podrá determinar su fase terminal cuando decaigan todos estos indicadores de forma continuada. «Una vez se presenten los síntomas, este proceso puede durar días o semanas. Podemos tener una muerte lenta del volcán o puede que ocurra en pocos días. El que lo controla todo es el volumen de magma que tenemos en dos zonas de acumulación: en el manto superior y en la corteza oceánica y el edificio insular», dice.

No obstante, pese al descenso de estos parámetros, aún se sitúan en niveles muy altos. «Ayer (por el lunes) en La Palma hubo unos 70 terremotos. Eso es una barbaridad», apunta el profesor convencido de que el agotamiento del volcán se apreciará en los datos recabados por los científicos del Pevolca.