Brihuega. / foto: óscar chamorro | Vídeo: aitor apezteguia

Brihuega se pone morada

Los campos de lavanda de este rincón de la Alcarria, en plena floración estos días, atraen a miles de turistas que alucinan con sus colores y aromas

José Antonio Guerrero
JOSÉ ANTONIO GUERRERO Madrid

Los campos de lavanda de la Provenza francesa con el estallido de sus colores púrpuras y su delicada fragancia suspendida en el aire se asoman estos días a un recodo de la vieja Alcarria castellana. Oh là là! En Brihuega, un pueblo pintoresco a menos de una hora de Madrid, en la provincia de Guadalajara, las plantas de lavanda alfombran cientos de hectáreas en un espectáculo que durante el mes de julio alcanza su máximo esplendor.

Hay que darse prisa para disfrutarlos porque en agosto lo que hoy son bellísimos campos azules, morados, violetas o lilas (para gustos colores) empezarán a clarear con la recogida de la aromática planta para destilarla y elaborar perfumes, jabones, ambientadores, velas, incienso... ¡y hasta cerveza artesanal!

En plena temporada de floración, los campos de lavanda de Brihuega (unas mil hectáreas) atraen a miles de turistas que no pueden resistirse a recorrerlos con la tranquilidad que se respira en este rincón de la España vacía. Pese a todo, no hay masificación porque la extensión es enorme y el aparcamiento es gratis. Entre esos océanos malvas hay hueco para el turismo de postureo:vestirse de blanco para realzar el contraste con los tonos azules, hacerse el selfi de turno y subirlo a Instagram.

Hasta despedidas de soltera

Hay parejas de recién casados coreanos que se fotografían con sus trajes nupciales, despedidas de soltera, y madrileños que han dado un salto para bañarse en este mar de los sentidos. «Al amanecer y al atardecer aún están más luminosos», apunta Celia Corral, que vende en Brihuega productos naturales de lavanda. Su padre, Andrés, que era agricultor, y sus tíos, fueron pioneros en este cultivo en la Alcarria.

óscar Chamorro

Las primeras plantas se las trajo desde la Provenza metidas en una maleta un vecino que vio que esos arbustos tan vistosos podían agarrar en las tierras calizas de su pueblo. Curioso que todo empezara ahí dentro. Desde entonces apenas han pasado 40 años y los eternos campos de lavanda ya forman parte de la postal de la Alcarria. Este sábado volverán a acoger el Festival de la Lavanda, un concierto único al atardecer con todos los asistentes vestidos de blanco. Su recuerdo perdurará para siempre, como los mejores perfumes.