El guionista de las nuevas aventuras de Astérix, Jean-Yves Ferri. / Gonzalo Fuentes / reuters

Astérix contra los roles de género

Los galos viajan a las tierras de los sármatas, pueblo en el que las mujeres guerrean y los hombres cuidan del hogar

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Hacía dos años que los lectores no degustaban la poción mágica de los galos más universales. Traducidas a un centenar de lenguas, las andanzas de Astérix y su inseparable compañero de fatigas, Obélix, regresan a las librerías. El guerrero del bigote rubio y su orondo amigo comparecen ante sus fieles un año después de la muerte de su dibujante, Albert Uderzo. En el nuevo álbum, 'Astérix tras las huellas del Grifo', los creadores imaginan una sociedad donde se subvierten los roles de género: las mujeres van a la guerra y los hombres se quedan en casa. Sin embargo, la intención de los actuales padres de las criaturas es que los irreductibles luchadores no se casen con nadie. «Astérix no va a ser portavoz de ningún movimiento, sea feminista o el que sea», alegó el guionista de la saga, Jean-Yves Ferri.

En esta ocasión las aventuras de la pareja se desarrollan en un pueblo del este de Europa, los sármatas, gentes que viven en armonía en un entorno helado, salvaje e inexplorado. Este nuevo álbum gráfico sale con una tirada inicial de cinco millones de ejemplares para todo el mundo.

Por las páginas del tebeo se pasean algunas caras conocidas. Un geógrafo romano se presenta con los inconfundibles rasgos afilados del escritor francés Michel Houellebecq. Su personaje guía a las legiones de Julio César a las heladas tierras de los sármatas.

Después de la muerte de los padres de la historieta, René Goscinny y Alberto Uderzo, los que han tomado el testigo, el dibujante Didier Conrad y el guionista Ferri, siguen con su costumbre de no tomarse muy en serio a sí mismos y resistirse a las lecturas políticas que se hacen de sus criaturas. La nueva misión de los guerreros galos consiste en ayudar al pueblo sármata a proteger su tótem, el Grifo, un animal mítico que los romanos quieren capturar para ofrendar a su césar. El ídolo tiene mucho de representación de la naturaleza, amenazada por unos romanos muy bárbaros.

En momentos en que cualquier historia se mira con la lupa de los ofendidos, los cómics de Astérix han sido pasto de la hoguera. En algunas escuelas de Canadá se han quemado recientemente los tebeos de los bravos aldeanos, de Lucky Luke y de Tintín por considerar que difunden estereotipos negativos sobre los pueblos indígenas.

La quema de Astérix ha sublevado a la hija del guionista original, Anne Goscinny, a quien las llamas censoras le han traído a la memoria las peores pesadillas. Su padre era judío y su familia fue prácticamente exterminada por los nazis. «Me recordó inevitablemente la historia colectiva más terrible de la humanidad. Incluso los peores libros, que no voy a citar, no se pueden quemar», alegó Goscinny.

En España se ha cambiado algo el título original -en francés el tomo se llama 'Astérix et le Griffon'- para evitar que las vicisitudes de los héroes galos se interpreten como la peripecia de un fontanero.