El cocinero español José Andrés Puerta y la ong World Central Kitchen (WCK) / EFE

José Andrés: «Esto es un reconocimiento a toda la gente de World Central Kitchen»

El chef español que se enfrentó a Trump y al que el jurado ha otorgado el premio Princesa de Asturias de la Concordia apuesta por «mesas más largas y muros más bajos»

MERCEDES GALLEGO Nueva York

No se sabe qué es más difícil, si triunfar en EE UU o ser profeta en su tierra, pero con el Premio Princesa de Asturias a la Concordia anunciado este miércoles, el chef asturiano José Andrés puede decir que ha logrado las dos cosas. La noticia la ha recibido con la mayor humildad posible: « Esto no es un reconocimiento a mi trabajo, sino a toda la gente de World Central Kitchen», la ONG que fundó en 2010, tras el terremoto de Haití, para alimentar a los que más lo necesitan cuando más lo necesitan.

Ya entonces se lanzó a esa tierra inhóspita llena de muertos vivientes con sus cocinas solares. Con el proyecto de esperanza solar que bautizó como 'Solar for Hope' no solo dio peces, sino cañas de pescar para poder seguir alimentándose, allí donde no quedaba más que sufrimiento y piedra sobre piedra. En lugar de venirse abajo con todas las dificultades que encontró en el país más pobre del hemisferio occidental, decidió llevar sus acciones de buen samaritano al país más rico de la tierra, donde sacó a la luz el hambre y la pobreza. En 2004 repartía comidas entre los supervivientes del huracán 'Katrina' y poco a poco descubrió que cuanto más multiplicaba los panes, más crecían las tragedias y los damnificados. Su labor no ha hecho más que empezar.

«Cubrimos unas funciones puntuales en emergencias, pero vais a ver mucho más de World Central Kitchen en los años venideros», prometió en declaraciones telefónicas. La primera década de la organización ha sido solo «un aprendizaje» que le ha puesto en las pantallas de televisión de EE UU y en las cocinas sociales del planeta. Desde sus restaurantes de Washington (Minibar y Jaleo, fueron las puntas de lanza), que ha expandido a ciudades como Nueva York, Las vegas, Miami o Los Ángeles, el chef español de 51 años, entrenado El Bulli, ha organizado periódicamente a los restaurantes de EEUU para responder «a emergencias cada vez más grandes», siempre al unísono y bajo su batuta. Tan pronto estaba cocinando en Puerto Rico con el huracán María, como en las inundaciones de Iota en Honduras.

Este quijote español no solo batalla contra tragedias naturales, sino que no tiene miedo de enfrentarse contra las que fabrica el hombre, incluso cuando se trata de hombres tan poderosos como Donald Trump. Cuando le oyó llamar a los mexicanos «delincuentes, traficantes y violadores» durante el anuncio de su primera campaña electoral, decidió de inmediato que no podía tenerle como socio en el restaurante del Hotel Trump International que el magnate estaba ultimando en la antigua Oficina de Correos de la Avenida Pensilvania de Washington, posada de los que le cabildeaban en la Casa Blanca. Rompió el contrato y aguantó la tormenta legal con la que contraatacó el magante convertido en presidente, acompañó a Hillary Clinton en los mítines y alimentó gratis a los empleados federales que se quedaron sin sueldo cuando el presidente cerró el gobierno por un órdago presupuestario con el Congreso.

Cuatro años después le ha sobrevivido y ha ganado la batalla con su tesón. Trump ha desaparecido de Washington, mientras que él sigue ganando reconocimientos por el mundo. «El aprendizaje nos va a llevar a ver cómo cada vez mesas más largas y muros más bajos pueden llevar a hacernos soñar que un día el hambre puede ser una cosa del pasado», se ilusionó este miércoles.

Su sueño es pasar de las ayudas puntuales en grandes emergencias a «estar siempre ahí, dispuestos a ayudar a los olvidados y a los que más lo necesitan». Tiene muchos proyectos en la cartera, siempre dispuesto a sacarle brillo al planeta con cocinas limpias como las que implantó en Centroamérica y un acelerador de ideas para los profesionales que compartan su pasión de un mundo mejor. «El futuro de las naciones va a depender de cómo estas se alimenten», dijo ayer parafraseando al pensador culinario francés Brillat Savarin, que ya lo concluyó durante otra epidemia, la de cólera en 1826. «Hoy, más que nunca la alimentación es una expresión de quiénes somos y de todo lo que podemos conseguir».