La Audiencia de Santa Cruz de Tenerife ha celebrado este martes la segunda jornada del juicio ante Jurado. / EFE

El acusado de asesinar a Marisol la había amenazado de muerte

Amigos y familiares de la mujer a la que roció con gasolina en Tenerife testificaron este martes en la segunda jornada del juicio oral

Santa Cruz de Tenerife

La madre y la amiga íntima de la mujer presuntamente asesinada por su expareja, Juan Carlos A.B., el 16 de enero del 2019, a la que roció con gasolina desde el asiento del copiloto, han coincidido en declarar que la amenazó de muerte por teléfono en algunas ocasiones tras cortar ella la relación, y que la agredió durante la misma e incluso una semana antes del día de los hechos.

La amiga «de toda la vida» de Marisol ha recalcado este martes durante la segunda jornada del juicio oral que Juan Carlos la agredió «muchas veces» durante la relación, pero que ella lo justificaba por sus problemas con el alcohol y que entendía que en el fondo era «bueno», además de que le daba pena su difícil situación económica cuando ya no mantenían una relación.

Un amigo de ella, agente de policía, ya le había recomendado que denunciase esas amenazas, pero Marisol le restaba importancia: «¿qué me va a hacer a mí? No puede conmigo», ha declarado la amiga, citando a la víctima.

Juan Carlos A.B., según su madre y su sobrino, sometía a Marisol a una especie de chantaje con sus perros, ya que él la amenazaba con abandonar al suyo, y ella, movida por su amor a los perros, se prestaba a ayudarlo.

También la llamaba frecuentemente, a veces cuando él estaba bajo los efectos del alcohol: siempre acaba llorando y lo pasaba muy mal, según el testimonio de la madre, porque, entre otras razones, Juan Carlos la insultaba repetidas veces, según ha dicho la pareja de Marisol en aquellos días.

Además, la amiga ha asegurado que ella ya estaba «harta» de soportar el comportamiento de Juan Carlos, y de ayudarlo con el alquiler de su piso en La Laguna, con el mantenimiento de la mascota y con su propia manutención.

El día de los hechos salió tranquila. «Ni se le pasó por la cabeza que le pudiera pasar nada. Sí le había extrañado que él apareciese por la parte de atrás de la casa, no era normal. Pero nos despedimos como siempre, ella me dijo adiós, mamá, y yo le dije que tuviera cuidado con el coche», ha relatado la madre, de cerca de 87 años.

De hecho, una semana antes de aquel 16 de enero, Juan Carlos llegó a presentarse por fuera de la casa de su entonces pareja, según ha dicho el sobrino de la víctima, una situación que la agobió.

Marisol disfrutaba desde hacía aproximadamente un año de sus «mejores momentos» cuando comenzaba una relación con Jesús, quien ha declarado que estaban empezando a plantearse iniciar una relación seria.

Tres días antes de los hechos (13 de enero), Juan Carlos A.B. le comentó a un conocido que debía comprar gasolina para su motosierra porque se iría pocos días después a trabajar en una obra al sur que le ocuparía durante bastante tiempo.

El conocido, según ha declarado, le llevó a la gasolinera y vio cómo Juan Carlos compraba efectivamente un bidón rojo de gasolina. Tras los hechos, tanto a él como a su hermano mayor les dijo que había intentado rescatar a Marisol de las llamas, cuando aún estaba dentro del coche, y que «un gato o un perro» se había cruzado delante de ellos, provocando el accidente.

Varios han testigos han declarado bajo juramento que las llamas provenían de dentro del coche, concretamente del habitáculo izquierdo correspondiente a la piloto, que tan solo estaba abierta la puerta de ella y que, incluso, Marisol había sacado la pierna en su intento de escapar del fuego pese a todavía estar atada al cinturón de seguridad.

Uno de los testigos ha asegurado que el fuego «claramente» salía de ella, que estaba sobre ella, y que nadie pudo acercarse a socorrerla porque la intensidad del fuego era muy grande, hasta el punto de que hubo algunas pequeñas explosiones producto probablemente del contacto de las llamas con el metal del coche, según la declaración de un bombero.

Juan Carlos A.B., por su parte, había salido por su cuenta del coche con llamas en los pantalones y por la zona izquierda de su cuerpo, no se dirigió en ningún momento a socorrer a Marisol, según los testigos, y tan solo se echaba las manos a la cabeza y decía «ay, Dios mío, ay, Dios mío, no puede ser».

Se marchó poco después, antes de que llegasen la ambulancia y los agentes.