A prisión por aprovecharse de menores por internet

Utilizaba perfiles falsos de redes sociales para ganarse la confianza de niñas a las que pedía imágenes íntimas para luego coaccionarlas, agredirlas y abusar sexualmente de ellas. Esta es una pequeña síntesis de la sentencia que condena a Armando Pérez González, cubano de nacimiento y residente en Alicante, a nueve años y nueve meses de prisión por haber cometido una agresión sexual consumada, tres en grado de tentativa y un abuso sexual a menores residentes en la isla de Gran Canaria.

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO

El fallo da por válida la tesis de los investigadores que consiguieron acreditar que Armando Pérez hacía creer a las víctimas que era una mujer y tenía vinculación con empresas relacionadas con la moda, modelos y desfiles. A través de perfiles falsos de redes sociales, terminaba por embaucar a las niñas para que le remitiesen fotografías personales hasta conseguir que se desnudaran, se hicieran fotos desnudas o con poses de alto contenido sexual. Este material lo utilizaba posteriormente para exigirles otras conductas como que se masturbaran.

El ya condenado pedía a las menores que activaran la cámara web de sus respectivos ordenadores mostrándose en ropa interior o desnudas, convenciéndolas tras ganarse su confianza simulando ser una joven lesbiana llamada Lydia Jover, que pertenecía a una agencia de modelos, para lo que había creado el correspondiente perfil con alusión a dicho nombre, relata el fallo.

Gracias a esta conducta, Armando Pérez obtenía material comprometedor para las menores como manifestaciones escritas sobre su orientación o vida sexual, imágenes en ropa interior o desnuda, etcétera, que el acusado utilizaba como palanca para doblegar las voluntades de las niñas forzarlas a «masturbarse en videoconferencia con él conforme a sus indicaciones, para su satisfacción sexual, de modo que les anunciaba que si no lo hacían, colgaría en la Red o remitiría a los contactos de sus interlocutoras las conversaciones e imágenes de contenido sexual de ellas», sostiene la sentencia.

En una ocasión, incluso obligó a una menor que, atemorizada, accedió, «obedeciendo las indicaciones del acusado», a realizar un vídeo en la que se masturbaba mientras el varón le decía «que gimiera, pusiera cara de gozo, el cabello hacia atrás y que mostrase cómo se introducía los dedos en la vagina», respondiéndole la menor que no podía porque «no lo había hecho nunca y que le dolía». El agresor aprovechaba mientras para masturbarse y no cesaba con su actitud hasta que conseguía eyacular,