Santa Cruz ya dijo no al gas en 1888

09/03/2018

A finales del siglo XIX los vecinos de Santa Cruz de Tenerife protestaron ante la decisión del Ayuntamiento de autorizar abrir en canal la ciudad para alumbrar las calles con gas. A los chicharreros les pareció que se estaba «perdiendo el tren de la moda», la electricidad. No se les hizo caso y las farolas fueron a gas entre 1888 y 1897.

Canarias se encuentra en la encrucijada de decidir si apuesta decidida y definitivamente por las energías renovables o si opta por permitir la entrada del gas como energía de tránsito. Pero no es la primera vez que las empresas gasistas se intentan instalar en las islas. Ya lo hicieron a finales del siglo XIX y, como ahora, el intento desató la polémica y, salvando las distancias, con argumentos parecidos a los de ahora.

Hace exactamente 130 años, un total de 175 vecinos de Santa Cruz de Tenerife -una cifra nada desdeñable para la época- presentaran un recurso de alzada ante el Gobierno Provincial contra la decisión del Ayuntamiento capitalino de iluminar las calles y plazas más importantes con gas.

Alegaban aquellos vecinos, en sus escritos de enero de 1888, que con la decisión del alumbrado a gas se estaba «perdiendo el tren de la moda». Esa «moda» no era, como ahora la de las energías renovables, sino la electricidad, que ya alumbraba las calles y plazas de la península y Europa.

El Gobierno Provincial dio la razón a los vecinos, pero el Ayuntamiento igualmente permitió a la recién constituida Compañía de Gas abrir calles, hacer canalizaciones y colocar farolas a gas.

El promotor del gas en Santa Cruz de Tenerife, Enrique Wolfson, era el representante en la isla de la casa inglesa Burrel Wolfson and Comp. y la persona que controlaba las exportaciones de plátanos de La Orotava y de los tomates del sur.

Wolfson presentó en diciembre de 1886 al Ayuntamiento, según se recoge el libro Historia de la Electricidad en Canarias, publicado en 1988 por Unelco [ahora Endesa], un proyecto para instalar una red de alumbrado con gas y el consistorio casi ni se pensó otorgarle una concesión de explotación por 50 años a The Tenerife Gas and Coke Company, la sociedad constituida para tal fin. Los fabricantes del gas de combustión eran empresarios de reconocida solvencia, entre ellos Wolfson, los mismos que importaban el carbón, la materia prima del gas. La queja de los vecinos, paró la introducción del gas en la isla, pero sí obligó al Ayuntamiento a volver a discutir el asunto y, como ocurre ahora con las renovables, plantear que se recurría al gas porque «el alumbrado por medio de electricidad, dígase lo que se quiera, es aún un problema que no ha tenido completa solución». La presión de la opinión pública consiguió además que en el contrato que se firmó en 1888 con la Compañía de Gas se rebajara de 50 a 25 años la concesión y que se estipulara que si la electricidad llegaba «a ser aplicable», el Ayuntamiento se reservaba el derecho a establecerla. Santa Cruz de Tenerife se alumbró con gas de 1888 a 1897, año en el que llegó la luz eléctrica a la ciudad, cuatro años después que a Santa Cruz de La Palma, tres que a La Orotava y dos que a Arucas. A Las Palmas de Gran Canaria la luz eléctrica alumbró en l898, sin el tránsito del gas.