La Orotava a través de su archivo

01/03/2018

Los archivos se asocian a lugares donde se acumulan tomos y tomos de legajos polvorientos sin más vida que la de estar catalogados y archivados, pero su realidad es bien distinta. Los archivos «están vivos y son la memoria de un pueblo». De eso saben mucho en el Archivo Municipal de La Orotava, que un referente en la difusión del patrimonio documental en Canarias.

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El Archivo Municipal de La Orotava custodia el patrimonio documental generado en La Orotava desde mediados del siglo XIX. Todos los documentos anteriores se perdieron en el incendio que la madrugada del 2 de junio de 1841 arrasó el antiguo colegio de los Jesuitas, donde en esa época estaban las Casas Consitoriales y su archivo. Apenas se salvaron unos pocos papeles, que hoy se guardan, casi como oro en paño, en el edificio de la calle San Sebastián. Esos pocos documentos, y los que se han generado desde entonces contienen la historia de La Orotava y permiten «conocer las transformaciones y acontecimientos acaecidos en el municipio desde entonces», asegura su directora.

Pero lo más importantes es que «cualquier ciudadano», puntualiza Concepción Perdomo, se puede acercar al Archivo Municipal porque «esta abierto para que quien lo desee lo conozca». De hecho, el Archivo Municipal de La Orotava es un referente en la difusión del patrimonio cultural de Canarias desde el año 2012, cuando fue el primer archivo con presencia en las redes sociales que, además, organiza exposiciones con el material que custodia y, probablemente lo más destacado, de los pocos, por no decir el único, que «que tiene una actividad tan intensa y cercana a la ciudadanía», admite.

Su objetivo es «dar valor al patrimonio que guarda y a la labor de conservación que se hace», pero, sobre todo, que la gente valore «algo que también es suyo», asegura.

Entrar en el Archivo Municipal de La Orotava es encontrarse con 2.177 metros lineales de documentación, con 15.304 cajas de documentos, 4.242 libros administrativos, 75.366 fotografías, más de 4.600 carteles y 2.100 programas y folletos. Y con todos, «salvo en casos determinados por la legislación», el visitante puede entrar en contacto . Se pueden ojear documentos manuscritos, ver cómo se escribía y qué asuntos interesaban en épocas pasadas, pero también se pueden tocar y hasta probar a escribir con una pluma y tinta china. «Es como hacer un viaje en el tiempo», dice Concepción Perdomo a modo de invitación.