Un día en Punta Mujeres

11/08/2018

Las piscinas naturales de este idílico núcleo costero del norte de Lanzarote son un enclave ideal para pasar un día de playa en familia, gozar de un pueblo que todavía conserva la esencia de los lugares de costa, con un turismo en su mayor parte de residentes, donde casi todo el mundo se conoce y donde el que viene acaba volviendo

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El núcleo de Punta Mujeres (cuyo topónimo ya figura citado por el ingeniero Torriani en el siglo XVI) es uno de los lugares donde el turismo familiar existe desde siempre y ha sabido mantener ese carácter, frente a otro tipo de turismos, a lo largo de décadas desde su creación.

Punta Mujeres nació como un núcleo turístico para familias de residentes y así se ha sabido mantener, a pesar de la evolución y el desarrollismo que todo lo invade.

Los alicientes de este pequeño pueblo costero (en el que apenas hay censadas, según datos oficiales del Cabildo de Lanzarote, a diciembre de 2016, 1.159 habitantes) son muchos, pero sobre sus agradables piscinas naturales, sin duda el mayor atractivo para las familias que buscan pasar un día de playa distinto, pues es el único lugar de la isla en que la costa ofrece esta posibilidad y los niños disfrutan de lo lindo.

Otro de los atractivos está en el hecho de ser un pueblo en el que prácticamente todo el mundo se conoce, y por tanto se respira tranquilidad. Aunque la población residente en los meses de verano puede multiplicarse por tres, sin embargo, el hecho de que se trate de un pueblo esencialmente de verano, no le hace perder en absoluto su atractivo.

Quizás tenga que ver que en este municipio no existan hoteles, ni grandes complejos de apartamentos, de forma que el turismo se restringe a pequeños apartamentos para familias de residentes en su mayor parte en Arrecife y en la capital del municipio (Haría), algunos extranjeros que consultan las páginas de alquiler vacacional, aunque cada vez vienen más residentes de otras islas que se animan a repetir, pero, sobre todo, hijos de residentes que acuden a pasar el verano en las casas de sus padres, y esta es precisamente una de las claves que hacen que el verano sea tan familiar.

Esto hace que prácticamente todo el mundo se conozca, que reine la tranquilidad y que a menudo puedan verse las puertas de las casas con la aldaba puesta, o que los chicos se dejen las bicicletas o patinetes en la calle con absoluta despreocupación, detalles que llevan a pensar que el tiempo no ha pasado por este tranquilo y sosegado rincón de la isla.

Durante el día, muchas familias aprovechan para hacer alguna excursión ante las abundantes opciones que existen a lo largo y ancho del municipio de Haría, plagado de paisajes de enorme belleza.

Pero es a mediodía cuando el pueblo cobra vida y las piscinas naturales (que con el tiempo se han ido habilitando y acomodando con escaleras y barandas para que puedan ser disfrutadas por gente de todas las edades) son un auténtico bullicio de familias con chinijos. Mientras estos se bañan durante largas horas, sin riesgo alguno, los padres aprovechan para tomarse un vino o una cerveza en el Bar del Pichón. Las lisas explanadas habilitadas en la roca se convierten en espacios para tomar el sol y hasta bien entrada la tarde el ambiente es realmente agradable. El lugar es fantástico también para bucear. Las aguas cristalinas son una delicia para practicar snorkel y muchos aprovechan para ir a pescar, nadar o practicar algun deporte náutico.

Piscinas naturales y esencia isleña

Las piscinas de Punta Mujeres fueron hechas por los vecinos, aunque aprovechando las ventajas que ofrecía la naturaleza en esta zona de la costa. La primera de ellas, en el barrio de La Rosa, se hizo en 1968, por iniciativa personal de Adolfo Acuña González, y con la colaboración de los vecinos: «Uno ponía un saco de cemento, otro una caja de cerveza otro un bizcochón», explica Jesús Perdomo Ramírez, cronista oficial de Haría. Después se hicieron las cuatro restantes con ayuda del Ayuntamiento, en la etapa de Juan Santana como alcalde. La segunda se hizo frente al Bar el Pichón, y la tercera es la que se conoce como la de El Cura, porque allí se bañaba el cura Enrique Dorta. La última se hizo en 1986 y es la de la Cueva de La Bernarda. También hay calas naturales..