Ramírez Cerdá se merece mejor trato

14/01/2019

El céntrico parque capitalino, primera gran obra pública del siglo pasado en la capital, ofrece carencias bien apreciables, con falta de farolas, poca vegetación y un quiosco que no se puede reabrir

El parque capitalino dedicado a José Ramírez Cerdá (por su gran labor como presidente del Cabildo) está considerado como la primera gran obra pública del pasado siglo en Arrecife. Hecho en la década de los 50, con diseño a cargo de Gregorio Prats y Enrique Marrero Regalado, con respaldo de Antonio Cardona y Manuel de la Peña, según las guías históricas, se asienta sobre lo que fuera el neurálgico muelle de la cebolla, en pleno centro de la ciudad. Rematado en 1960, también con algunos elementos propuestos por César Manrique, estos días ofrece una estampa relativamente alejada de lo que debe ser un espacio abierto para el disfrute de la ciudadanía.

Un paseo por la parte más próxima al mar sirve para comprobar cómo faltan puntos de luz. En especial, hay báculos a la mitad en el tramo medio, donde incluso se observa la presencia de algún agujero donde ni soporte para la iluminación queda. Y no queda mucho mejor la situación en el caso de hacerse el recorrido por la línea interna, pues también aquí hay varias farolas incompletas, circunstancia que invita a evitar el tránsito por la zona en el horario nocturno.

También es bien apreciable la escasez de vegetación. En parte este hecho se justificó en su momento por la tala que hace años se hizo de árboles próximos a la calzada, acción que se ejecutó para hacer frente a la alta concentración de garzas que se tuvo que soportar en la zona, animales muy ruidosos y molestos para los vecinos; que habitualmente, además, llenaban de deyecciones el lugar, con los consiguientes malos olores.

Pero también aquí hay algo de dejación por parte de las administraciones. Sirva de ejemplo el estado de las pérgolas que se reparten entre el antiguo parador y el infrautilizado quiosco de la música (en 2018 fue sede del pregón carnavalero, de modo excepcional). Estas pérgolas son una réplica, hechas entre 2011 y 2012, de las originales, que hubo que demoler por fallos estructurales severos. La obra civil incluyó algún alcorque donde poder colocar plantas, a imagen y semejanza de lo que fuera habitual en el pasado siglo. A día de hoy siguen todos ellos vacíos.

Otro ejemplo de dejadez en este significado espacio público es el quiosco junto a las escultura dedicada a Blas Cabrera Felipe. Años lleva el Ayuntamiento de Arrecife en trámites para su reapertura, sin fecha aún para que la misma cobre forma, a pesar de que en enero se llegó incluso a decir en nota de prensa que era inminente el reestreno, como remate a que en la primavera de 2017 se había adjudicado la explotación a una mercantil local, a cambio de obras de rehabilitación del espacio. La empresa lleva invertidos más de 30.000 euros en el lugar, incluido el canon abonado por tener los derechos de uso, pero todavía está a expensas de que se resuelvan trámites administrativos, al parecer vinculados con la instalación eléctrica. Como objetivo se llegó a marcar el mes de marzo, coincidiendo con los carnavales, como fecha para la reapertura, si bien la parte empresarial consultada reconoció días atrás que parece bastante complicado que así sea.

Por último, cabe matizar que también hubo mejores tiempos en lo que a las fuentes del lugar se refiere. Tras la remodelación de inicios de siglo, dejó de tener presencia la que estaba frente al mítico bar Saint Tropez. Queda presente la fuente del espacio especial junto a la zona infantil, si bien sin agua. Y así es desde hace años, cuando tiempos incluso llegó a tener hasta peces.