Francisco José Navarro: «Nunca fui de ‘backstage’, sino de detrás del escenario»

06/07/2017

El popular locutor Francisco José Navarro acaba de jubilarse tras 44 años siendo la voz más identificable de las ondas lanzaroteñas. Ha conducido programas como ‘Lanzarote va de ronda’ o ‘La calle encantada’.

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— Si ya no podía dar un paso por la calle, desde que se ha jubilado ha pasado usted a la categoría de mito.

— Todavía me estoy haciendo a la idea. Confieso que ha sido duro dejar la radio después de tantos años. No entiendo a quien está deseando jubilarse. Y las muestras de cariño me sobrepasaron. En el programa que hizo Techy (Acosta) de despedida, donde entraron muchísimos amigos de todos los ámbitos, no supe estar a la altura de la emoción.

— A los que ‘estamos empezando’, díganos cuál es el secreto para permanecer 44 años en antena sin tener ni un solo roce con nadie, a pesar de que el mundo de la cultura de Lanzarote es tan intenso como la política...

— No hay más secreto que el respetar a todo el mundo, como me enseñaron mis padres, y ser tú. Siempre he tenido claro que yo hacía un trabajo como cualquier otro, con toda la responsabilidad del mundo, aunque la radio dé cierta popularidad, que hay que manejar. Nunca he pasado límites personales y siempre he intentado ser profesional y anónimo, algo que se acabó cuando me subí por primera vez al escenario.

— Debe de tener anécdotas de aquellos backstages de Miss Lanzarote para escribir un libro.

— Nunca fui de backstages, sino de detrás del escenario. En los años álgidos del certamen, dirigido por Tony Orosa, siempre me gustaba estar informado previamente del desarrollo de la gala, para saber cuándo había recesos, por ejemplo en el pase de traje de noche, ya que había que peinar a las candidatas. Nunca nadie tuvo que ir a buscarme a una barra. Después, llegó otro estilo de gala, en la que el director quería más bien un showman, pero yo me planté. No pensaba bajar las escaleras como si fuera Lina Morgan. De hecho, jamás me gustó chupar cámara como presentador.

— En su etapa de control de Buenos días, Lanzarote, le llamaban el despertador de los políticos.

— Ese era Lorenzo Olarte. don Agustín (Agustín Acosta) no concertaba entrevistas, directamente me pedía que llamara, y lo mismo eran las siete de la mañana. Jerónimo Saavedra siempre me decía «ahí está el ruiseñor de Lanzarote», pero siempre hubo simpatía con ellos.

— ¿Y no intentaban captarle los políticos locales para su causa, dado que era un auténtico líder de opinión desde su estrado radiofónico?

— Claro que sí, pero nunca me he significado políticamente. Otra cosa es que, desde la radio, diera cobertura a personalidades como José María Espino o Nicolás de Páiz, que para mí tenían mucha credibilidad. Tenían un trato más familiar. Llamaba algún oyente para exponer un problema en su barrio y ellos tomaban nota para ocuparse directamente. Después vino otra generación que ya estaba para cobrar el sueldo. También hubo una época en que se me identificó con el PIL, pero eso fue cosa de la campaña electoral. Don Agustín repartió las voces de la radio por partidos y a mí me tocó el de Dimas Martín. Me limitaba a dar voz a las cuñas contratadas, pero impuse que me contratara directamente el cliente cuando me pidieron hacer la locución para los altavoces de los vehículos de campaña.

— ¿Recuerda la primera canción que puso en Radio Lanzarote?

Anduriña de Juan y Junior. El día antes había ido a recoger mi premio del sorteo de Pepsi Boom, que presentaba Agustín Acosta. No podía creer que me estuviera entrevistando y se ve que le gustó mi voz porque me propuso quedarme con el programa desde el día siguiente. Ahora lo pienso y me parece una locura y una osadia decir que sí sin pensar. Eso sí no dormí en toda la noche, pero me lancé, me presenté y de pronto hice mi sueño realidad. Pienso que quizá tenía cualidades que ni yo sabía.

— Y conoció a grandes estrellas.

— Esta profesión me ha dado la oportunidad de tratar a grandísimos artistas, desde Rocío Jurado a Isabel Pantoja, gracias a Rosa Morena, que vivió en la isla un tiempo, y otros que ya son grandes amigos, como José Vélez. Recuerdo especialmente la generosidad de Rosana. Cuando aún no era conocida y estaba en Madrid intentando labrarse un camino en la música, intenvenía en el programa. Yo la llamaba a menudo y le decía «cuando seas famosa nos olvidarás», pero fue al contrario. Siempre se mostró muy agradecida.