Mario y Patricia, corriendo por la India

08/02/2018

La experiencia de Mario Izquierdo el pasado año, cuando participó en el Anantapur Ultramaraton que impulsa la Fundación Vicente Ferrer en una de las zonas más deprimidas del interior de la India, fue tan emotiva e intensa, que en esta ocasión quiso compartirla con su hija Patricia, de tan solo 11 años.

«Ha venido mosquedada», asegura su padre cuando se le pregunta cómo vive una adolescente occidental un encuentro con el perfil social más bajo de un país empobrecido, durante una semana, el pasado enero. Sin embargo, para la niña este viaje supuso una auténtica lección y de hecho las imágenes compartidas en las redes la muestran «recibiendo el amor que dan los indios». Este cariño emociona al visitante que, como Mario y Patricia, acude a ayudar. «Llama la atención ver cómo personas que no tienen nada se vuelcan cuando llegan los equipos de corredores. Te ofrecen pepinos pelados, que es a a veces lo único que tienen, y plantan en la calle sus propios camastros para que descanses. Si ven que no vas a dormir, entonces los niños cantan y ofrecen un espectáculo de bienvenida», comenta Mario. El objetivo de la carrera de este año, que se cumplió con creces, fue recaudar 100.000 euros para dotar de infraestructuras básicas, incluyendo agua corriente, a la aldea de Yerragunta.

Además, el British School of Lanzarote de Tahíche, al que acude Patricia, participa en el proyecto de escuelas de apoyo de la Fundación Ferrer, que tratan de evitar que los pequeños abandonen el colegio, a veces por la propia ignorancia de los progenitores, «que se los llevan con ellos a trabajar al campo si siguen en casa a las siete de la mañana». Así, los poblados que entran en el programa deben asumir el pago del sueldo del profesor de la escuela de apoyo, que abre de seis a ocho y, por la tarde, cuando vuelven del colegio público. El British envió material escolar y la delegación canaria también llevó combas y freesbies «que no habían visto nunca», asegura Mario, que resalta «la ilusión que tienen estos niños, que quieren ser médicos o ingenieros, lo cual es un logro de la Fundación. Se trata de dar una esperanza de futuro». El maratón, al que acudieron cuatro equipos de runners canarios, cinco de ellos lanzaroteños, consiste en recorrer por relevos 170 kilómetros, que están patrocinados. En el camino, se visitan centros no precisamente integrados en la sociedad india, como son los hospitales para niños con sida, enfermedad maldita en la India.

La experiencia de Mario Izquierdo el pasado año, cuando participó en el Anantapur Ultramaraton que impulsa la Fundación Vicente Ferrer en una de las zonas más deprimidas del interior de la India, fue tan emotiva e intensa, que en esta ocasión quiso compartirla con su hija Patricia, de tan solo 11 años.

«Ha venido mosquedada», asegura su padre cuando se le pregunta cómo vive una adolescente occidental un encuentro con el perfil social más bajo de un país empobrecido, durante una semana, el pasado enero. Sin embargo, para la niña este viaje supuso una auténtica lección y de hecho las imágenes compartidas en las redes la muestran «recibiendo el amor que dan los indios». Este cariño emociona al visitante que, como Mario y Patricia, acude a ayudar. «Llama la atención ver cómo personas que no tienen nada se vuelcan cuando llegan los equipos de corredores. Te ofrecen pepinos pelados, que es a a veces lo único que tienen, y plantan en la calle sus propios camastros para que descanses. Si ven que no vas a dormir, entonces los niños cantan y ofrecen un espectáculo de bienvenida», comenta Mario. El objetivo de la carrera de este año, que se cumplió con creces, fue recaudar 100.000 euros para dotar de infraestructuras básicas, incluyendo agua corriente, a la aldea de Yerragunta.

Además, el British School of Lanzarote de Tahíche, al que acude Patricia, participa en el proyecto de escuelas de apoyo de la Fundación Ferrer, que tratan de evitar que los pequeños abandonen el colegio, a veces por la propia ignorancia de los progenitores, «que se los llevan con ellos a trabajar al campo si siguen en casa a las siete de la mañana». Así, los poblados que entran en el programa deben asumir el pago del sueldo del profesor de la escuela de apoyo, que abre de seis a ocho y, por la tarde, cuando vuelven del colegio público. El British envió material escolar y la delegación canaria también llevó combas y freesbies «que no habían visto nunca», asegura Mario, que resalta «la ilusión que tienen estos niños, que quieren ser médicos o ingenieros, lo cual es un logro de la Fundación. Se trata de dar una esperanza de futuro». El maratón, al que acudieron cuatro equipos de runners canarios, cinco de ellos lanzaroteños, consiste en recorrer por relevos 170 kilómetros, que están patrocinados. En el camino, se visitan centros no precisamente integrados en la sociedad india, como son los hospitales para niños con sida, enfermedad maldita en la India.