Las bodegas artesanales crecen

08/09/2018

El Cabildo abre otra campaña para legalizar pequeñas industrias vinícolas, animando a viejos productores a un salto generacional de padres a hijos y a retomar la actividad de forma moderna

Hacer vino en Lanzarote, de forma artesanal desde hace tiempo siempre ha sido una tradición y hasta un hobby para mucha gente, si bien en los últimos años esta actividad se está convirtiendo en un auténtico proyecto empresarial, con afán de modernidad, y con el objetivo de dar un salto de calidad para entrar con garantías en un mercado, cada día más competitivo y exigente. Sabedor de esta circunstancia y de la existencia de decenas de bodegas, en su mayoría hasta ahora en manos de amateurs, agricultores de fin de semana o simplemente amantes del campo y del buen vino, el Cabildo, como explica su consejero de Agricultura, Antonio Morales, ha retomado una segunda fase de la campaña de promoción a la regularización de las bodegas artesanales, que «en algunos casos son auténticas joyas a las que solo falta un pequeño empujón, para que puedan entrar en el mercado y comercializar sus caldos con garantías para todos».

Se trata de industrias semicaseras, donde como un pasatiempo, el cabeza de familia hacía su propio vino, que después de forma más o menos rústica embotellaba, para consumo propio o para regalar a los amigos. Sin embargo, gracias a las nuevas generaciones y con el impulso de promoción de los caldos de la isla en los últimos años, son cada vez más los dueños de estos lagares los que se han animado a dar un salto de calidad, no solamente la hora de elaborar su caldos, sino también al tiempo de contar con las garantías legales desde el punto de vista sanitario, industrial y agroalimentario.

De este modo, en esta nueva campaña de regularización de bodegas artesanales ya hay al menos diez pequeños productores que están en fase de ponerse al día en los tres registros necesarios para poder embotellar y lanzar al mercado su vino. A estas diez pequeñas industrias artesanales hay que sumar otra docena que ya se regularizaron a lo largo del pasado año.

En algunos casos, ha sido tal su éxito, que ya ha animado a sus dueños a subir incluso su producción y a iniciar, además, los trámites para entrar en el Consejo Regulador, con contraetiquetas que dan una garantía de calidad de Denominación de Origen de Vino de Lanzarote.

Otra de las circunstancias que hablan bien claro del momento álgido que vive este sector es el del salto generacional, donde las industrias caseras han pasado a manos de los herederos, hijo o nietos de los antiguos dueños, que con una visión empresarial han optado no solo por ponerse al día, desde el punto de vista legal, sino también por darles un impulso de modernización tecnológica, con vistas a entrar con fuerza en el mercado.

En la mayor parte de los casos, el vino que hacían estos artesanos era realmente bueno y apenas les faltaba algo de tecnología, cumplir con las normas sanitarias y hacer una serie de obras exigidas por la administración, para adaptarse con ello a la normativa como industrias alimentaria y lograr el registro de embotellado de los caldos.

Es el caso de la Bodega Vega de San José, perteneciente a José Delgado, un agricultor entrado en edad de Teseguite, que llevaba 30 años haciendo vino de forma artesanal, y cuya industria ha heredado su hija, que con otra visión, no solo la está regularizando, acometiendo una importante inversión. Otro buen ejemplo es el de la bodega Tremesana, que viene produciendo artesanalmente unos 4.000 litros de malvasía, de Francisco Lorenzo, establecido en Yaiza, médico jubilado, amante del vino, que ha optado por dar un salto de calidad y garantizar sus caldos.

El Cabildo, conocedor del empuje del sector del vino artesanal, ayuda a sufragar los trámites y apoya a los productores facilitando un asesor (el enólogo Alberto López Pelaéz) que tramita proyectos y las memorias para los tres registros: sanitario, de embotellado y de industria agroalimentario.