La distinción se pasea de negro

30/11/2019

Lanzarote Limusinas alcanza los catorce años, con una flota de 12 vehículos. La única empresa autorizada para limusinas en la isla trabaja para operar en 2020 con una quincena de coches

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En otoño de 2005, al hacerse realidad Lanzarote Limusinas como única entidad en la isla autorizada a transportar viajeros mediante vehículos de alta gama (considerados limusinas), Natalio Cruz asumió el reto, gracias a una familia volcada y a que apostó todo sus bienes a la iniciativa, más algún préstamo «gracias a que los amigos no sólo están para los boleros». Catorce años después, la empresa ha alcanzado dimensiones especiales, con 12 vehículos, incluida la adquisición de hace unos días. Considerando que arrancó con 5 coches, resulta de admirar que se aspire a seguir creciendo y generando economía, dado que para 2020 la intención es llegar a 15.

El secreto para Natalio Cruz, nacido en La Aldea, criado en Agaete y afincado de joven en Lanzarote, no es otro que muchas horas de trabajo y disponer de un buen equipo. Tiene 10 empleados y la familia también implicada. Además, por supuesto, buena suerte, que habitualmente la ha tenido de cara, considerando que se define este empresario como «un desertor del arado que un día se puso una corbata y se le apareció la Virgen».

Cada día es fácil que se den más de 50 servicios. Y aunque principalmente Lanzarote Limusinas es una empresa vinculada al turismo; por supuesto que también cuenta con el mercado local. A fin de cuentas, «estamos para bodas, bautizos, despedidas de solteros y despedidas de casados», bromea Natalio con la sonrisa con la que tantas puertas ha podido traspasar mientras enseña la última adquisición, una señorial Mercedes de color negro añadida a la flota donde el fabricante alemán abunda, junto con algún Volvo de máximo nivel.

Como clientes suele tener a famosos. Y cuando se le pregunta por algún nombre propia, apoca su gran voz y se limita a decir que son igual de especiales que todos los demás. Y cuando se le insiste y se le dice que hay pruebas de que ha prestado servicio a Pedro Almodóvar, Vicente del Bosque, Eduardo Noriega, Lenny Kravitz o Daria Werbowy, entre otros, opta por el disimulo.

Echando la vista atrás, tras catorce años de trayectoria, aspira este inversor a jubilarse haciendo el trabajo que más le apasiona. Sin fecha, eso sí. Y hasta que llegue el día, «ojalá que los clientes sigan confiando en nosotros y las agencias sumándose».