El hijo del maestro Tito se jubila

24/07/2018

El primogénito del carpintero de ribera Evaristo González Hernández dice adiós a 40 años de profesión heredada de su padre y a un legado cultural ligado a la fabricación artesanal de barcos

ETIQUETAS:

El legendario oficio de la carpintería de ribera dirá adiós en solo unos días a uno de los pocos baluartes que todavía perduran en la isla y en Canarias.

Se trata de Evaristo (Tito) González Betancor, hijo primogénito del Maestro Evaristo (Tito) González Hernández, ambos integrantes de una saga de carpinteros de ribera que alcanza a cinco generaciones (se inicia a finales del siglo XIX), y forman parte del alma marinera y pescadora de Arrecife y de la isla en general.

Titillo, como se le conoce en la isla, se jubilará en breve y dejará el taller que junto a sus hermanos, Alejandro y Santiago, todavía mantiene esta tradición, en el puerto deportivo Marina de Lanzarote en Arrecife.

A pocos días de retirarse este maestro revive con añoranza los años en los que se inició en el oficio, en el taller de carpintería de su padre, en la ribera del Charco de San Ginés, con apenas 14 años, cuando todavía el grueso de la isla vivía de cara al mar y volcada por entero en la industria de la pesca.

«Desde el principio me gustó el oficio, entre otras cosas porque el taller estaba en el Charco y cuando podía me escapaba y me ponía en remojo, me pasaba el día en el agua, cuando me dejaban, aunque esos eran los menos de los ratos, porque había tajo para hartarse», explica. «Todavía recuerdo los enormes camiones de madera que había que descargar a mano, y luego me ponían a pintar, a reclavar, y había mucho tajo, pero poco a poco iba haciendo mis pinitos».

«Por la mañana iba a la escuela y por las tardes al taller. Había tanto ruido que para llamarme la atención me tiraban tacos de madera para que fuera a ayudar en algo, y a los pinches nos tenían de chicos para todo».

«Eran años de mucho trabajo, en el taller de mi padre, había fijas unas veinte personas y por allí pasaron decenas de muchachos que aprendieron el oficio», explica. «Era la época boyante de la pesca e hicimos decenas de barcos, muchos de ellos todavía siguen en activo, algunos se han reconvertido en veleros o en barcos de recreo y aún pueden verse en muy buen estado».

«Sin embargo -continúa- poco a poco la demanda fue decayendo a inocuos de los años 90. La pesca fue entrando en crisis, se perdieron los caladeros del Sahara, las industrias conserveras empezaron a cerrar, con la entrada en Europa el sector entró en declive que llevó al cierre de decenas de talleres como el nuestro en Arrecife. A finales de los años 90 solo quedaba el nuestro en Puerto Naos».

Además, a pesar de que ya no había competencia porque fuimos los únicos supervivientes, la crisis fue en aumento, llegando a los años más duros, a inicios de 2000, porque el puerto de Naos estuvo varios años sin varadero por las obras de ampliación. Eso hacía que los barcos tuvieran que ir a Las Palmas porque aquí no podían vararse para ser reparados y eso nos obligaba a nosotros a desplazarnos».

«Con la construcción del puerto deportivo Marina de Lanzarote en Arrecife, se nos abrió otra vez la oportunidad de remontar, nos dejaron una nave en la que instalarnos para poder seguir dando servicio, y ahora nos sobra el trabajo» -explica Tito González- «tenemos encargos de todas las islas, pues es de las únicas, sino la única carpintería que queda en Canarias-, incluso nos traen barcos del extranjero».

Ahora con la retirada del primogénito del maestro Tito, seguirán llevando el taller sus dos hermanos, Alejandro y Santiago, y su hijo Acaimo, así que por el momento, la carpintería de ribera seguirá teniendo futuro.

Arte inmortal. De la carpintería de esta mítica saga de artesanos han salido decenas de algunos de los barcos más emblemáticos que ha conocido la isla. Muchos se diseñaron para la pesca y se han reconvertidos como barcos de recreo. Carpinteros como Tito y sus hermanos hacen este arte inmortal.