Cuatro años esperando un ascensor

15/02/2020

Al menos dos alumnos de la Escuela de Arte Pancho Lasso siguen aguardando a que la Consejería de Educación instale un elevador en el centro que les permita acceder a las clases

La falta de un ascensor en la Escuela de Arte Pancho Lasso de Arrecife que permita a los alumnos con algún tipo de minusvalía poder ir a clase con normalidad resulta alarmante, por la falta de diligencia de las autoridades competentes. Así lo vienen denunciando las madres de dos alumnos que sufren a diario esta carencia, aunque podrían ser más, ya que no son pocos los jóvenes que han renunciado a matricularse en el centro al saber que iban a tener serios problemas de accesibilidad.

La alumna Ariadna Morales Artiles, de 19 años, se matriculó en la Escuela en 2016. El curso que viene concluirá sus estudios y dejará el centro sin lograr después de cuatro años que se instale el elevador. Desde el primer día, su madre, Vanessa Artiles, reclamó a las autoridades educativas de la isla y de Canarias la instalación de este medio. Mientras, durante estos cuatro años, la joven estudiante lleva subiendo a diario, con un esfuerzo sobrehumano, que le está pasando factura a su salud, las escaleras del centro, a través de las cuales accede a las aulas de las plantas altas del edificio donde se imparten las clases del Ciclo Superior de Ilustración que ella estudia.

Desde su llegada al centro, Vanessa Artiles, la madre de Ariadna empezó con mucho coraje a recorrer los despachos, oficinas y a tocar en todas las puertas para lograr que se instalara el elevador, no solamente por su hija, sino por todos los alumnos con algún tipo de minusvalía. Su insistencia ha sido tal que, como la propia Vanessa Artiles explica, «en el Cabildo una vez me llamaron creyendo que el ascensor iba a ser para mí». Ella se ha encargado de mover cada papel, cada permiso, llevarlo a cada instancia, insistiendo casi a diario para que el expediente no se quedara paralizado.

Primero se alegó que al tratarse de un edificio protegido requería un permiso de Patrimonio, y en ese departamento del Cabildo estuvo parado el expediente tres años, a falta de una firma, según recuerda la madre de Ariadna, hasta que en septiembre de 2019, con la llegada al centro de otro chico con dificultades de movilidad, Anthony Fernandes Casanueva, el estudiante recién matriculado lanzó un vídeo en las redes sociales para denunciar la carencia. El revuelo que se montó fue tal que al día siguiente el papel fue firmado, con la promesa de las autoridades de culminar el proyecto.

«Sin embargo, desde la firma de ese documento en septiembre de 2019 nada se ha avanzado», explica la madre de Ariadna, «la reacción motivada por el vídeo de protesta fue sólo un espejismo», aunque añade que en la Escuela Pancho Lasso los responsables siempre han estado de su lado y colaborando para tratar de agilizar el expediente.

Con la llegada de Anthony al centro se propuso como solución temporal que el joven recibiera algunas clases en la Biblioteca, de la planta baja, mientras las autoridades se comprometían a una salida. Desde entonces han transcurrido seis meses y nada se ha avanzado. Anthony tiene la suerte de que a las clases de algunas asignaturas acude su cuidador de forma voluntaria, escucha las lecciones y toma apuntes que después le pasa. Anthony está indignado, precisa su madre, pues dice que cuando se instale el ascensor él habrá acabado el ciclo y se habrá ido a Madrid a estudiar su carrera. Su madre, harta de la situación, ya está tramitando una denuncia legal contra la Consejería de Educación.