Arrocha, un profesor lanzaroteño entre los mejor valorados

20/01/2020

Su inquietud sobre cómo educar a los más jóvenes ha llevado al profesor lanzaroteño Roberto Arrocha a ser uno de los docentes mejor valorados por los alumnos de la Universidad Loyola, un reconocimiento que lo hizo reflexionar sobre la habilidad de aprender y ahora plasma en su nuevo libro.

En torno a la creatividad, el conejero Arrocha ha construido en Piensa, luego crea. Educar para disfrutar un análisis sobre las aptitudes que considera indispensables en la educación: la ilusión, el esfuerzo y la tolerancia la frustración, entre otros, son sus pilares a la hora de enseñar y aprender.

Para empezar, afirma que le gusta diferenciar entre las palabras estudiar y aprender, “tienen connotaciones diferentes, la primera es negativa, la segunda es mucho más positiva y constructiva”. “Lo que he tratado de explicar es que no solo es la memoria lo que hay que desarrollar, sino que hay más habilidades en las que la palabra ‘aprender’ es más importante”, dice en una entrevista con Efe.

En el libro, Arrocha reflexiona sobre la ilusión, cómo trabajarla y su importancia a lo largo de la vida de las personas, por eso, su máxima es seguir teniendo ilusiones: “el mundo lo mueve el dinero, pero sobre todo lo mueve la ilusión, por eso los padres y profesores tenemos que servir como guías, pero son los jóvenes los que tienen que encontrar lo que los mueva”.

Recuerda a un profesor de literatura que dejó una lista de libros a la que nadie hizo caso al principio “pero nos ilusionó y supo guiarnos, y aunque no volvió a hablar de aquellos libros, toda la clase terminó leyéndolos”.

En el libro habla de estudiantes agotados por un sistema educativo que «se ha quedado anticuado, nos quieren educar de la misma manera que nos educaban a nosotros hace cincuenta años, no podemos obviar que el mundo ha cambiado y que los jóvenes de hoy están acostumbrados a percibir información de otra manera, me consta que en la típica clase en la que el profesor habla y ellos copian no entienden el mensaje, se pierden. Con otras habilidades podemos llegar al alumno usando la creatividad”.

“Lo fácil es decir que los alumnos no estudian. ¿No será que debemos reflexionar sobre a dónde debemos ir para que les llegue nuestro mensaje?”, se pregunta Arrocha.

En el libro confiesa sobre la relación profesor y alumno que “vamos a ritmos diferentes”, por lo que en su opinión depende más del profesor que del alumno que haya comunicación. “Claro que esto depende del número de alumnos y las circunstancias, pero es más importante para un profesor saber escuchar que hablar”.

“El tiempo de formación es corto en comparación con la vida. Si solo desarrollamos la habilidad de la memoria, no nos estamos preparando de la manera adecuada para todo lo que va a venir”, dice el profesor.

Provocar que se hagan preguntas es un objetivo, aunque, en realidad, “los niños nacen preguntando, el error es que muchas veces los coartamos en vez de potenciar que ellos mismos construyan sus propios interrogantes”.

Sobre aptitudes que resultarán decisivas en el desarrollo de un niño, el esfuerzo juega un papel decisivo, piensa Arrocha: “Ya no se valora a pesar de que es lo que lleva a construir una vida más plena”.

Esto está, a su juicio, profundamente relacionado con la tolerancia a la frustración. “Aceptar los problemas, adaptarse y volver a empezar es lo que nos hace crecer. El aplauso fácil provoca que nos hundamos ante los problemas”, concluye.

Los derechos de autor de “Piensa, luego crea. Educar para disfrutar” irán para la Fundación ECCA (educación y formación de personas en riesgo de exclusión social)