Apuesta para ser «referente mundial»

10/06/2017
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El proyecto del arquitecto Juan Palap-Casado para la capital de Lanzarote va más allá de un simple diseño de ciudad moderna del nuevo siglo. Parte de una filosofía de vida y pensamiento, un modo de entender las ciudades del futuro como un sitio en el que los hombres y mujeres puedan vivir en sintonía con la naturaleza, aprovechando al máximo los recursos naturales, tecnológicos, y las infraestructuras, y a la vez humanizando cada barrio, cada calle y cada rincón, para sacar incluso todo lo mejor de cada ciudadano, y así lograr un mundo más amable que genere paz y convivencia.

Podría parecer un milagro o una utopía lo que propone, para la caótica ciudad de Arrecife, este prestigioso arquitecto graduado master (MDesS) por la Universidad de Harvard (Estados Unidos). Sin embargo, a su juicio, la capital «ofrece una condiciones excelentes para convertirla en una ciudad revolucionaria, moderna, un auténtico concepto de capital de Reserva de Biosfera y en un ejemplo para el mundo».

A su modo de ver, hay «un potencial extraordinario para transformarse, es un laboratorio», ya que a su juicio, Arrecife lleva aparejado «el código genético del paisaje de La Geria, como son el agua y el territorio, que son el sustrato cultural sobre el cual reconstruir la ciudad».

Las ciudades son su gente y su medio ambiente y Arrecife tiene esos valores, explica. «El canario ama el medio ambiente y domina como nadie la cultura del agua». Para transformar la capital apuesta por cambiar el concepto de desarrollo. Hasta ahora se había crecido de la costa al interior, y ahora debe hacerse al revés, del interior a la costa. Arrecife, dice que es «más Argana y menos Puentes de las Bolas, ya que es en Argana donde se concentra la mayoría de la población».

Palop maneja una veintena de ideas que unidas y superpuestas ofrecen un concepto de ciudad revolucionario y pionero, alejado del concepto de ciudad consumista, industrial, basada en el automóvil, para dar con ello un mayor peso al ser humano. Por eso apuesta por cambiar el sistema centrípeto actual que va de los barrios al centro, para invertirlo, por trazar un sistema de intercambiadores que inviten a abandonar el coche, por vías peatonales aprovechando barrancos y escorrentías; humanizando así esquinas y rincones.