Anthony, el chico que puede con todo

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05/04/2019

Desde que nació ha estado obligado a luchar más allá de sus límites, por encima casi de lo humano. A sus 16 años y tras numerosas operaciones no se rinde, de modo que cada día se fija más metas y sueños que cumplir

c. de inza / arrecife

Nació con el síndrome de artogripósis múltiple congénita, una extraña enfermedad que ya desde sus primeros días le marcó el camino para siempre. Fue como si alguien le hubiera dicho desde arriba que si quería vivir tendría que luchar sin descanso. Los síntomas de su dolencia suponían que Anthony carecía de movilidad en todo su cuerpo, no tenía músculos, sus articulaciones estaban rígidas y le impedían moverse casi por completo. De hecho tan sólo podía desplazar la cabeza hacia los lados.

Al nacer, a Zoila Casanueva -una auténtica madre coraje- los médicos le dijeron que con esta patología, totalmente desconocida en España, nada podría hacerse y que Anthony se quedaría sin movilidad el resto de su vida. Sin embargo, ni él, ni su madre se rindieron y comenzaron una lucha sin cuartel contra este extraño síndrome. Visitaron a todos los especialistas habidos y por haber, y todos les dijeron que no había intervención quirúrgica posible, hasta que hallaron una terapia con el nombre de Vojta, que se hacía en Alemania, que con mucho trabajo en casa y sacrificio, a base de estimulación refleja de los brazos y las piernas, algo podía hacerse, pero sin grandes expectativas.

Pese a todo, se aferraron a esta salida y después de año y medio de intenso trabajo diario Anthony logró cierta movilidad en las piernas y los brazos.

Todo ello acompañado de continuos viajes de Lanzarote a Madrid, para mantener un seguimiento por parte de una doctora experta en esta terapia, y de indagar sobre la existencia de un hospital de referencia en el que se aplicase y se pudiera optar a alguna intervención quirúrgica que contribuyera a alguna mejoría. De este modo, dieron con el Olgahospital en Stuttgart, un centro único en Europa especializado en enfermedades raras de este tipo, en el que con mucho esfuerzo y tras recorrer la mayor parte de las televisiones y medios de comunicación, lograron reunir los fondos para operar a Antehony de sus piernas.

Hicieron falta hasta tres intervenciones quirúrgicas y, gracias a ellas, lograron que al fin pudiera ponerse de pie. Era un gran paso, pero no suficiente, había que lograr que consiguiera caminar, y ello a pesar de que todos los especialistas habían diagnosticado que nunca andaría.

Explica su madre que «al tener solamente movilidad no funcional en los brazos todo tiene que hacerlo con la boca, y al no contar con fuerza suficiente para aferrarse a un andador o a unas muletas era muy difícil que pudiera ser tratado».

«Entonces descubrí que en Chile existía un centro especializado de rehabilitación, así que nos mudamos a este país, en el que el Gobierno garantiza a sus residentes cobertura íntegra de un tratamiento como este, y en un año y medio regresamos a España con Anthony caminando». Tenía apenas tres años y medio.

Después vinieron muchas más operaciones -hasta dieciséis, casi una por año- entre ellas dos del insigne doctor Pedro Cavadas, que le intervino en las extremidades superiores. Todo ello con un titánico sacrificio y un enorme esfuerzo para captar ayudas y poder costear tan onerosas intervenciones.

Pese al camino andado, aún le queda mucho por hacer -la próxima semana se irá a Alemania a operarse de nuevo-, sin embargo, Anthony ha demostrado que puede con todo. Está lleno de vida, es un deportista nato, imparte conferencias de superación personal en colegios e institutos, pinta con la boca con gran maestría, compone su propia música, rapea con sus amigos y aspira a ir a Madrid a estudiar diseño y a participar en las paraolimpiada de tenis de mesa.