Un joyero de casi cinco siglos

02/01/2018

El tesoro de la Virgen de las Nieves no solo es espectacular y valiosísimo, sino que es el único en Canarias que está perfectamente documentado desde las primeras donaciones en el siglo XVI. Miles de alhajas de oro, plata, perlas, piedras preciosas, pero también vestidos u ornamentos conforman un tesoro extraordinario.

Santa Cruz de Tenerife
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El 12 de enero de 1571 la Virgen de las Nieves recibió una ofrenda consistente en «una corona de plata» que con sus «hechuras» pesa «24 doblas» y «un viril de plata». Esa es la primera anotación que consta en el Libro de Inventarios y Cuentas de Fábrica del Santuario mariano de Santa Cruz de La Palma. Tras ese donativo y hasta la actualidad, es decir, durante 446 años, al valioso joyero de la virgen se han incorporado miles de piezas, infinidad de collares de perlas y oro, valiosos rosarios, cruces de esmeraldas, oro y esmaltes, broches de oro y piedras preciosas, medallones de filigrana..., la Rosa Áurea -una gran rosa de oro macizo donada por Manuela de Sotomayor que luce entre sus manos la virgen en las grandes solemnidades-, innumerables anillos, cadenas, pulseras, sartas de perlas, rosetas, lazos y pendientes.

«Es un tesoro impresionante cuya relación sería una empresa prácticamente inacabable», asegura el investigador histórico José Guillermo Rodríguez Escudero, que ha llevado a cabo un concienzudo estudio del joyero de la imagen mariana más antigua de Canarias y que lo considera «extraordinario», no solo por su antigüedad y calidad, sino porque es «el único del archipiélago que está completamente documentado y catalogado desde las primeras donaciones».

El también conocido como el Joyero de Asieta, acrónimo de Alma Santa Inmaculada en Tedote Aparecida [Tedote es nombre aborigen de la zona donde se asienta la capital palmera], dice Rodríguez Escudero, es «testimonio de piedad y devoción fervorosa» por la imagen que llegó a La Palma a finales del siglo XIV y en su gran mayoría está compuesto por los regalos de los indianos. Llama la atención que a finales del siglo XVII llegaron a haber en América dos apoderados del santuario, uno en Lima (Perú) y otro en La Habana, en Cuba, nombrados en 1694 por su mayordomo exclusivamente para recibir los legados hechos a la Virgen de las Nieves.

Un joyero de casi cinco siglos

Pero a lo largo de 446 años, no solo los indianos, regidores o nobles hacían ofrendas a virgen, que recibía regalos de personas de todos los estratos sociales y, así, «al lado del regalo de los linajes más nobles y pudientes, damas de distinguida condición y encumbrados caballeros, están los de las sirvientas», indica Rodríguez Escudero.

También está documentado como muchas de las piezas donadas se consideraban talismanes protectores y algunos devotos pagaban por ellas ingentes cantidades de dinero que luego se invertían en sufragar distintas obras en el santuario a lo largo de casi cinco siglos.