La Palma. Viñedos,de la orilla del mar a la cumbre

02/07/2018

Los cultivos de viña se despliegan por toda la geografía palmera ofreciendo paisajes espectaculares.

La Palma es una de las islas más escarpadas del mundo si se comparan su altitud (2.426 metros) y su superficie (708,3 kilómetros cuadrados). En pocos minutos se llega de la orilla del mar a los 600 o 1.000 metros de altitud y a medida que se va subiendo el paisaje va cambiando de manera ostensible. Sin embargo hay algo que se mantiene a todos los niveles: los viñedos.

La viña aparece desde los 100 hasta casi los 1.500 metros tiñendo el paisaje y formando una franja que rodea la isla casi continua. Salvo Fuencaliente, donde el cultivo de la vid y el vino han sido los pilares de su economía, los viñedos palmeros no ocupan grandes superficies, sino pequeñas parcelas generalmente en bancales en laderas con pendientes pronunciadas.

La visita a La Palma en clave enoturística se puede plantear desde distintas perspectivas. El mero hecho de disfrutar de un paisaje cuajado de viñedos merece por sí solo la pena. Varios miradores ofrecen vistas panorámica sobre esos bancales de vides, pero los más espectaculares son el de La Muralla y el de Garome, ambos en Tijarafe, desde donde se puede ver de cerca la viticultura de montaña. De camino al volcán de San Antonio o al de Teneguía, en Fuencaliente, las viñas salen casi al paso. Es otra manera de disfrutar ese paisaje.

Impagable es también caminar entre las viñas, ahora cargadas de racimos, y visitar algunas bodegas y probar sus vinos. Esta opción hay que planificarla con algo de tiempo que la visita a las bodegas, por lo general, se hace con reserva, no por la afluencia de visitantes, sino porque en casi todas es el propio bodeguero y viticultor el que lleva a sus invitados por entre las pipas y les da aprobar sus vinos.

La Denominación de Origen Protegida (DOP) Vinos de La Palma engloba a 17 bodegas de toda la isla repartidas en tres zonas vinícolas -Fuencaliente, Hoyo de Mazo y norte de La Palma-, cada una con sus características y sus variedades de uva.

Malvasía, sabro, bujariego, gual, almuñeco, verdello, albillo, negramoll, listán prieto y listán blanco, son algunas de las cepas que 300 años después de llegar a la isla se perdieron en el continente, durante la llamada crisis de la filoxera, por eso su patrimonio enológico es incalculable.

Con esas variedades, además de exquisitos vinos tintos y blancos, se crean dos vinos únicos, el vino de Tea, en el norte, que adquiere sus cualidades por envejecimiento en pipas hechas con la madera del corazón del pino canario, y los vinos de malvasía, propios del sur de la isla.