La ciencia del juego del palo

26/02/2018

En Canarias existe una «ciencia del juego del palo», una estructura técnica que arranca de la cultura popular, y solo quienes la conocen la pueden transmitir. Ellos, los jugadores, reclaman ser los responsables de diseñar cómo transmitir esa ciencia a las generaciones venideras tal y como ellos la aprendieron y no como establezcan los legisladores.

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En el imaginario popular canario el juego del palo está tan presente como la lucha canaria o el salto del pastor. Heredado de las tradiciones indígenas, ha llegado hasta la actualidad gracias a colectivos como el Universitario de Palo Canario, que se fundó en 1972 en el ámbito de la ULL para rescatar y preservar este deporte tradicional. Pero el juego del palo o garrote ha pasado por distintas etapas y ahora afronta una última y decisiva ligada al proyecto de la nueva Ley Canaria del Deporte que se está tramitando en el Parlamento regional.

El juego del palo, como tal, está documentado desde principios del siglo XVIII, pero no fue hasta mediados del siglo pasado, explica Alejandro Rodríguez Buenafuente entrenador y portavoz de CUPC, que la esgrima con palo no se intentó regular. «Ha pasado por distintas etapas», dice: desde que entre los años 50 a los 70 «se intentó organizar deportivamente», pero sin que apenas avanzar, hasta que en los 90 incluirse en la Ley Canarias del Deportes y llegar a considerarse «un arte marcial», como defiende la Federación de Lucha del Garrote Canario.

La inmensa mayoría de quienes practican el juego del palo no están federados, ni tampoco se organizan los llamados «desafíos» porque «ni siquiera hay un reglamento que los regule», más allá de uno que se redactó en 1978, recuerda Rodríguez Buenafuente.

Salvar el juego del palo depende, dice, de que «la legislación no se implique directamente en la forma en que se expresan este u otros deportes tradicionales (no lo hace en los deportes no tradicionales); de entender que el juego de palo tiene una única estructura técnica, la ciencia, que decía la maestra Luciana Díaz La Verga, pero distintas manifestaciones -pelea, desafío, exhibición y ensayo-; y, además -agrega-, sería necesario dotarlo de un reglamento de competición funcional para atraer a la gente joven».