Una vida dedicada a engrandecer el municipio

23/05/2019

En septiembre del año 2012 Francisco Araña del Toro fue nombrado Hijo Predilecto de San Bartolomé de Tirajana, con tal motivo pronunció un discurso de agradecimiento en el que hizo una semblanza de su vida y de su compromiso con el municipio. Este es el texto íntegro de su intervención.

Sean mis primeras palabras para dejar constancia de mi profunda gratitud a la Corporación por tener a bien concederme el título de Hijo Predilecto de este municipio.

Ruego me perdonen si no pronuncio bien o me canso al hablar, pero hace poco que he cumplido 82 años y mi salud no es muy buena, así que por ustedes y por mí mismo, seré breve.

Pienso que soy algo conocido por estos lares. No obstante, para los que no sepan detalles de mi vida, les contaré un poco de ella:

Nací el 9 de julio de 1930 en el bonito valle de Hoya de Tunte. Soy hijo de Juan Araña Matos y de Concepción del Toro Matos y tuve tres hermanos llamados: Carmen, Juan y María Luisa.

En el año 1933, cuando tenía tres años, no existían guarderías infantiles. A pesar de ello, la maestra de mi barrio me admitió en su escuela. Como dije en una entrevista que me hicieron hace bastante tiempo y que apareció ayer publicada en La Provincia, desde tan corta edad, me contaban, que cuando alguien me preguntaba por lo que iba a ser de mayor, ya les contestaba que alcalde. ¡Para que vean que las campañas hay que prepararlas con tiempo!

Durante mis primeros años fui un niño enfermizo, flaquito y pequeño. Después, –dicho sea de paso-, tampoco he crecido mucho. Desde entonces me llamaban «cielo» o «cielito». A los nueve ingresé en el Instituto Pérez Galdós de Las Palmas. Los seis años del bachiller los hice en dicho Instituto y el séptimo me pasé al Colegio Viera y Clavijo, terminando ahí el bachiller en 1947.

Después, con gran sacrificio, mis padres me mandaron a La Laguna a estudiar Derecho. La ayuda de mis tres hermanos fue entonces esencial para pagar los libros, matrícula, pensión, etc.

Concluida la carrera tuve que marchar a Melilla, donde hice, como alférez, las prácticas de la Milicia Universitaria. De regreso a Gran Canaria, comencé la pasantía con el que fue un excelente letrado don Santiago Aranda Aguiar, dándome de alta en el Colegio de Abogados en 1955 e iniciando el ejercicio de la profesión que, aunque con menor intensidad, aún hoy sigo desarrollando.

El 28 de julio de 1958 contraje matrimonio con mi esposa, Carmen Galván Toledo, con la que tuve seis hijos llamados: Elena, Juan Francisco, Santiago, María Eugenia, Nuria y Fernando. Su madre fue quien los crío y los educó, por cuanto el que les habla, al principio, tenía que pasar muchas horas en el despacho trabajando para sacar adelante semejante prole, y posteriormente, sobre todo a partir del segundo año de Alcaldía, dedicarle casi todo mi tiempo al Ayuntamiento.

En julio de 1975, la Corporación municipal me encomendó el Pregón de las Fiestas de Santiago de Tunte. Su lectura tuvo lugar en la plaza de este pueblo, que se llenó, a buen seguro, por la expectación y el rumor que ya corría y que después se convirtió en realidad, de que sería el próximo alcalde. Lo que con tal ocasión dije, hace ahora más de treinta y siete años, tuvo poco de pregón, pues mayormente lo dediqué a hacer públicas las necesidades que en ese entonces tenía este municipio y que demandaban una urgente solución. Así hablé, entre otras cosas, de lo siguiente:

1.- De mi opinión contraria al cambio de capitalidad municipal que exigían unos pocos vecinos, venidos de otros lugares y sin arraigo. Hoy, gracias a dios, se ha olvidado el tema.

2.- De mi parecer favorable a la descentralización administrativa municipal, con la construcción de unas oficinas municipales dignas en la costa.

3.- Del abandono del cultivo del tomate.

4.- Del destino que se le debía dar al agua de las presas.

5.- De la necesidad de dotar al municipio de la infraestructura de que demandaba, edificar viviendas sociales; reparar y adecentar los caminos reales existentes y abrir otros; llevar agua para el abasto público domiciliario y luz eléctrica a todos los barrios y caseríos; construir polideportivos y asfaltar las calles, etc.

6.- Del desarrollo de la zona turística. En aquélla época San Bartolomé ya no era la «yuntita» o «el rebaño»; sino el «hotel», el «búngalow» y los «apartamentos». Comenzaba la aglomeración, el tráfico y los turistas venidos de todas partes del mundo.

El 5 de septiembre de 1975 tomé posesión de la Alcaldía, cargo para el que fui designado «dedo-cráticamente» por el entonces Ministro de la Gobernación.

Después, en las elecciones municipales de los años 1979, 1983 y 1987, fui elegido y reelegido por mayoría absoluta, y en 1991, obtuvimos la mayoría de los votos, pero no los suficientes para gobernar.

Como ya había dicho en el pregón, los barrios del municipio, cuando asumí su alcaldía, carecían de las infraestructuras necesarias. Muchas calles de San Fernando, El Tablero y Castillo del Romeral, eran de tierra; en la mayoría de los pagos no había luz eléctrica, ni alumbrado público; los campos de fútbol estaban sin vallar y también eran de tierra; algunos Barrios, Caseríos, etc., no disponían de vías de acceso adecuadas, y todo ello mientras el Ayuntamiento tenía depositados en bancos cientos de millones de pesetas a plazo fijo, remunerados con un ridículo interés.

Era inconcebible que continuásemos así y por ello, con mis compañeros de Corporación, nos empeñamos principalmente acometer las obras necesarias para acabar con esa situación. Mas tarde nos ocupamos de gestionar la construcción de la autopista y el desdoblamiento de la GC-812, con el objeto de que los trabajadores de Maspalomas no tuviesen que tardar hasta dos y tres horas en el recorrido, evitando, igualmente, que los turistas perdieran aviones por los atascos que se formaban para llegar al aeropuerto en la antigua carretera.

Tanto el tiempo que permanecí en la Alcaldía, como el que pase siendo Concejal de Turismo, insistí en que Maspalomas era la «despensa de Gran Canaria» y que, a pesar de que ello, no recibía el debido trato y consideración. «Si Maspalomas se resfría, Gran Canaria coge la gripe», repetía. No ha habido hasta la fecha otro Ayuntamiento más solidario con el resto de la isla y región que San Bartolomé de Tirajana; ni el Cabildo Insular, ni el Gobierno Autónomo.

Regenté pues el gobierno municipal durante dieciséis años, les aseguro de que con la mejor intención de servir y pienso que, como todo ser humano, con equivocaciones y aciertos.

Ahora bien, lo que no se me ha discutido nunca fue la cantidad de trabajo y de horas que dediqué al municipio, por todo lo cual no pido ningún reconocimiento, pues con la poca o mucha ayuda que pudo suponer ese trabajo para sus vecinos, me doy de sobra por recompensado.

Una de las grandes obsesiones que tuve durante esos años, fue la de que en nuestro término se construyera un buen hospital, cosa que es verdad que no logré durante mis mandatos, aunque sí creo que inicié una reivindicación que finalmente hoy tenemos satisfecha y gracias a la cual, los enfermos de este municipio y sus familiares (que como saben es mi propio caso en las últimas semanas) podemos pasar mas confortablemente esos malos momentos y recibir una digna atención sanitaria más cercana.

Para terminar permítanme la Corporación, si a bien lo tienen, insistir en unas sugerencias, que en absoluto hago con afán de protagonismo, sino porque, aún sigo con gran preocupación las necesidades de mi tierra.

1.- Hacer lo imposible por remozar nuestra zona turística, mantener su limpieza, así como la de sus playas.

2.- Continuar gestionando la construcción de la variante de la carretera de San Fernando a Tunte por Fataga, la primera ruta turística de Gran Canaria. De no hacerlo aumentará el despoblamiento de Tunte y de la zona alta del municipio; y por supuesto, de surgir un accidente, sobre todo, en el zig-zag de la Degollada de las Yeguas, lo lamentaremos.

3.- No cejar en la lucha en la que ha estado inmerso nuestro Ayuntamiento para que se dicte la Ley de Municipios Turísticos.

4.- Y por último, también es necesario se lleve a cabo el proyecto que tenía desde hace muchos años la Corporación que presidí en la etapa 1.987-1.991, de modificar la Avenida de Tirajana de Playa del Inglés, convirtiéndola en un bulevar con zonas ajardinadas y dejar solo dos vías para la circulación, como se ha comenzado a realizar en el tramo del desdoblamiento que va desde San Agustín a la rotonda de la Viuda de Franco.

Mi felicitación don Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna, por su merecido nombramiento como Hijo Adoptivo de San Bartolomé de Tirajana que coincide con el 50 aniversario de Maspalomas Costa Canaria.

Gracias a los muchos amigos que quizás, sin merecerlo, me han acompañado en este acto, a los que posteriormente daré un abrazo, lo que significa la mejor señal del cariño que les tengo; gracias a todos los compañeros concejales que me han acompañado en mi andadura política; y gracias también, a los rivales políticos porque sus críticas, en alguna ocasión, me han ayudado a mejorar y a corregir errores.

Gracias sobre todo a mi mujer y a mis hijos, por aguantar las críticas a mi persona y los malos momentos propios al desempeño de la alcaldía. Y gracias a ellos también, por soportar, durante muchos años, que no les atendiera tanto como me habría gustado por el tiempo que me absorbía el cargo público.

Sean mis primeras palabras para dejar constancia de mi profunda gratitud a la Corporación por tener a bien concederme el título de Hijo Predilecto de este municipio.

Ruego me perdonen si no pronuncio bien o me canso al hablar, pero hace poco que he cumplido 82 años y mi salud no es muy buena, así que por ustedes y por mí mismo, seré breve.

Pienso que soy algo conocido por estos lares. No obstante, para los que no sepan detalles de mi vida, les contaré un poco de ella:

Nací el 9 de julio de 1930 en el bonito valle de Hoya de Tunte. Soy hijo de Juan Araña Matos y de Concepción del Toro Matos y tuve tres hermanos llamados: Carmen, Juan y María Luisa.

En el año 1933, cuando tenía tres años, no existían guarderías infantiles. A pesar de ello, la maestra de mi barrio me admitió en su escuela. Como dije en una entrevista que me hicieron hace bastante tiempo y que apareció ayer publicada en La Provincia, desde tan corta edad, me contaban, que cuando alguien me preguntaba por lo que iba a ser de mayor, ya les contestaba que alcalde. ¡Para que vean que las campañas hay que prepararlas con tiempo!

«Hay que hace lo imposible por remozar nuestra zona turística, mantener su limpieza, así como la de sus playas»

Durante mis primeros años fui un niño enfermizo, flaquito y pequeño. Después, –dicho sea de paso-, tampoco he crecido mucho. Desde entonces me llamaban «cielo» o «cielito». A los nueve ingresé en el Instituto Pérez Galdós de Las Palmas. Los seis años del bachiller los hice en dicho Instituto y el séptimo me pasé al Colegio Viera y Clavijo, terminando ahí el bachiller en 1947.

Después, con gran sacrificio, mis padres me mandaron a La Laguna a estudiar Derecho. La ayuda de mis tres hermanos fue entonces esencial para pagar los libros, matrícula, pensión, etc.

Concluida la carrera tuve que marchar a Melilla, donde hice, como alférez, las prácticas de la Milicia Universitaria. De regreso a Gran Canaria, comencé la pasantía con el que fue un excelente letrado don Santiago Aranda Aguiar, dándome de alta en el Colegio de Abogados en 1955 e iniciando el ejercicio de la profesión que, aunque con menor intensidad, aún hoy sigo desarrollando.

El 28 de julio de 1958 contraje matrimonio con mi esposa, Carmen Galván Toledo, con la que tuve seis hijos llamados: Elena, Juan Francisco, Santiago, María Eugenia, Nuria y Fernando. Su madre fue quien los crío y los educó, por cuanto el que les habla, al principio, tenía que pasar muchas horas en el despacho trabajando para sacar adelante semejante prole, y posteriormente, sobre todo a partir del segundo año de Alcaldía, dedicarle casi todo mi tiempo al Ayuntamiento.

En julio de 1975, la Corporación municipal me encomendó el Pregón de las Fiestas de Santiago de Tunte. Su lectura tuvo lugar en la plaza de este pueblo, que se llenó, a buen seguro, por la expectación y el rumor que ya corría y que después se convirtió en realidad, de que sería el próximo alcalde. Lo que con tal ocasión dije, hace ahora más de treinta y siete años, tuvo poco de pregón, pues mayormente lo dediqué a hacer públicas las necesidades que en ese entonces tenía este municipio y que demandaban una urgente solución. Así hablé, entre otras cosas, de lo siguiente:

1.- De mi opinión contraria al cambio de capitalidad municipal que exigían unos pocos vecinos, venidos de otros lugares y sin arraigo. Hoy, gracias a dios, se ha olvidado el tema.

2.- De mi parecer favorable a la descentralización administrativa municipal, con la construcción de unas oficinas municipales dignas en la costa.

3.- Del abandono del cultivo del tomate.

4.- Del destino que se le debía dar al agua de las presas.

5.- De la necesidad de dotar al municipio de la infraestructura de que demandaba, edificar viviendas sociales; reparar y adecentar los caminos reales existentes y abrir otros; llevar agua para el abasto público domiciliario y luz eléctrica a todos los barrios y caseríos; construir polideportivos y asfaltar las calles, etc.

6.- Del desarrollo de la zona turística. En aquélla época San Bartolomé ya no era la «yuntita» o «el rebaño»; sino el «hotel», el «búngalow» y los «apartamentos». Comenzaba la aglomeración, el tráfico y los turistas venidos de todas partes del mundo.

El 5 de septiembre de 1975 tomé posesión de la Alcaldía, cargo para el que fui designado «dedo-cráticamente» por el entonces Ministro de la Gobernación.

Después, en las elecciones municipales de los años 1979, 1983 y 1987, fui elegido y reelegido por mayoría absoluta, y en 1991, obtuvimos la mayoría de los votos, pero no los suficientes para gobernar.

Como ya había dicho en el pregón, los barrios del municipio, cuando asumí su alcaldía, carecían de las infraestructuras necesarias. Muchas calles de San Fernando, El Tablero y Castillo del Romeral, eran de tierra; en la mayoría de los pagos no había luz eléctrica, ni alumbrado público; los campos de fútbol estaban sin vallar y también eran de tierra; algunos Barrios, Caseríos, etc., no disponían de vías de acceso adecuadas, y todo ello mientras el Ayuntamiento tenía depositados en bancos cientos de millones de pesetas a plazo fijo, remunerados con un ridículo interés.

Era inconcebible que continuásemos así y por ello, con mis compañeros de Corporación, nos empeñamos principalmente acometer las obras necesarias para acabar con esa situación. Mas tarde nos ocupamos de gestionar la construcción de la autopista y el desdoblamiento de la GC-812, con el objeto de que los trabajadores de Maspalomas no tuviesen que tardar hasta dos y tres horas en el recorrido, evitando, igualmente, que los turistas perdieran aviones por los atascos que se formaban para llegar al aeropuerto en la antigua carretera.

Tanto el tiempo que permanecí en la Alcaldía, como el que pase siendo Concejal de Turismo, insistí en que Maspalomas era la «despensa de Gran Canaria» y que, a pesar de que ello, no recibía el debido trato y consideración. «Si Maspalomas se resfría, Gran Canaria coge la gripe», repetía. No ha habido hasta la fecha otro Ayuntamiento más solidario con el resto de la isla y región que San Bartolomé de Tirajana; ni el Cabildo Insular, ni el Gobierno Autónomo.

Regenté pues el gobierno municipal durante dieciséis años, les aseguro de que con la mejor intención de servir y pienso que, como todo ser humano, con equivocaciones y aciertos.

Ahora bien, lo que no se me ha discutido nunca fue la cantidad de trabajo y de horas que dediqué al municipio, por todo lo cual no pido ningún reconocimiento, pues con la poca o mucha ayuda que pudo suponer ese trabajo para sus vecinos, me doy de sobra por recompensado.

Una de las grandes obsesiones que tuve durante esos años, fue la de que en nuestro término se construyera un buen hospital, cosa que es verdad que no logré durante mis mandatos, aunque sí creo que inicié una reivindicación que finalmente hoy tenemos satisfecha y gracias a la cual, los enfermos de este municipio y sus familiares (que como saben es mi propio caso en las últimas semanas) podemos pasar mas confortablemente esos malos momentos y recibir una digna atención sanitaria más cercana.

Para terminar permítanme la Corporación, si a bien lo tienen, insistir en unas sugerencias, que en absoluto hago con afán de protagonismo, sino porque, aún sigo con gran preocupación las necesidades de mi tierra.

1.- Hacer lo imposible por remozar nuestra zona turística, mantener su limpieza, así como la de sus playas.

2.- Continuar gestionando la construcción de la variante de la carretera de San Fernando a Tunte por Fataga, la primera ruta turística de Gran Canaria. De no hacerlo aumentará el despoblamiento de Tunte y de la zona alta del municipio; y por supuesto, de surgir un accidente, sobre todo, en el zig-zag de la Degollada de las Yeguas, lo lamentaremos.

3.- No cejar en la lucha en la que ha estado inmerso nuestro Ayuntamiento para que se dicte la Ley de Municipios Turísticos.

4.- Y por último, también es necesario se lleve a cabo el proyecto que tenía desde hace muchos años la Corporación que presidí en la etapa 1.987-1.991, de modificar la Avenida de Tirajana de Playa del Inglés, convirtiéndola en un bulevar con zonas ajardinadas y dejar solo dos vías para la circulación, como se ha comenzado a realizar en el tramo del desdoblamiento que va desde San Agustín a la rotonda de la Viuda de Franco.

Mi felicitación don Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna, por su merecido nombramiento como Hijo Adoptivo de San Bartolomé de Tirajana que coincide con el 50 aniversario de Maspalomas Costa Canaria.

Gracias a los muchos amigos que quizás, sin merecerlo, me han acompañado en este acto, a los que posteriormente daré un abrazo, lo que significa la mejor señal del cariño que les tengo; gracias a todos los compañeros concejales que me han acompañado en mi andadura política; y gracias también, a los rivales políticos porque sus críticas, en alguna ocasión, me han ayudado a mejorar y a corregir errores.

Gracias sobre todo a mi mujer y a mis hijos, por aguantar las críticas a mi persona y los malos momentos propios al desempeño de la alcaldía. Y gracias a ellos también, por soportar, durante muchos años, que no les atendiera tanto como me habría gustado por el tiempo que me absorbía el cargo público.