«Todo es muy frío, y más triste aún»

09/04/2020

Frío. Es la palabra que más repiten en las funerarias para definir cómo son ahora las despedidas a los que fallecen. Sin velatorios, ni acompañamiento, ni besos ni abrazos entre familiares ni amigos. Nunca un adiós fue tan amargo. Da igual la causa de la muerte.

Frío. Es la palabra que más repiten en las funerarias para definir cómo son ahora las despedidas a los que fallecen. Sin velatorios, ni acompañamiento, ni besos ni abrazos entre familiares ni amigos. Nunca un adiós fue tan amargo. Da igual la causa de la muerte. Solo tres personas, solo tres, podrán acompañar sus restos hasta su última morada. Y si el deudo era enfermo de Covid-19, entonces todo se pone peor. Las medidas de contención impuestas para frenar la propagación de la pandemia no dejan siquiera que los suyos puedan al menos verlo por última vez.

Empresarios funerarios consultados, que prefieren no revelar su identidad, no ocultan lo mal que lo están pasando. «Llevo muchos años en esto y me he visto llorando», confiesa uno. Les toca lidiar con la peor cara de esta enfermedad, la de aquellos que perdieron la batalla y que dejan a sus familias con una doble herida, la de la ausencia, un vacío traumático e inesperado, y la de la despedida pendiente. «Es muy duro ver a la gente sufrir de forma desconsolada y que no puedan sentir el calor de una mano o de un abrazo», apunta entrecortado el dueño de otra funeraria. Y más en una sociedad como la española, y particularmente la canaria, donde hay todo un ritual muy arraigado en torno al último adiós.

Además, en el sector se tiene la firme convicción de que son más los muertos por Covid-19 que los que aparecen en las estadísticas oficiales. «Estos días hemos tramitado muchos fallecimientos por neumonía vírica; cómo no le hacen los test... son un probable covid y no constan».

Los hay que retienen casos que permanecerán mucho tiempo en su memoria. «Me tocó tramitar el entierro de una persona de la que su hijo, que estaba viviendo en el extranjero, ni siquiera pudo despedirse pese a que había viajado de urgencia y había llegado cuando aún estaba vivo». Su padre vivía en una residencia de ancianos y el estricto protocolo de blindar estos recintos a las visitas les privó a ambos de verse por última vez. El Covid-19 no se llevó a su padre, pero le robó un te quiero en ese último momento. «Hay que ponerse en el lugar de esa familia, es muy duro».

Dado que los velatorios están prohibidos, las familias pueden enterrar o incinerar a sus muertos antes de las 24 horas que la ley prescribía como obligatorias. Si no era enfermo del Covid-19, queda a criterio del entorno del fallecido decidir cuándo, y la gente opta por no alargar la pesadilla. «En la mayoría de los servicios las familias no dejan que se cumplan las 24 horas y te piden que acabes cuando antes». Al fin y al cabo, todo ese tiempo que se tarde en enterrar o incinerar un cuerpo, sus restos descansarán en una cámara de frío, bien del recinto sanitario, bien del tanatorio. Así de impersonal.

No pasa así, sin embargo, con los fallecidos por coronavirus. Para estos casos la normativa es mucho más estricta y los trámites se aceleran. La funeraria ha de dar sepultura o cremar el cadáver cuanto antes. Y si su familia está en cuarentena, entonces le tocará marcharse en soledad.

SIN RESPONSO
«Todo es muy frío, y más triste aún»

Una estampa habitual muchas mañanas y tardes en las iglesias es la llegada de comitivas fúnebres para el oficio del responso o bien para celebrar misas funerales. Eso ya pasó a la historia con el estado de alarma. Los templos pasan casi todo el día cerrados, no hay eucaristías y es el cura quien, si acaso, se acerca al cementerio.

EN SOLEDAD
«Todo es muy frío, y más triste aún»

La imagen corresponde a la de un entierro en Tejeda. La estampa es desoladora. El coche fúnebre, la caja con la persona fallecida y dos operarios. Nada más. Así son ahora la mayoría de las inhumaciones en España, desangeladas y solitarias. Hay funerarios que creen que tras esta crisis habrá un antes y un después en estas ceremonias.