Una pasión que tiene sello propio

15/04/2018

El barrio de San Gregorio alberga uno de los dos únicos establecimientos de filatelia y numismática de la Isla, Nufil. Capitaneada por Salvador Fernández-Simal, trata de mantener vivo el estudio y coleccionismo de monedas, billetes y sellos a pesar de que afirma que su principal mercado es a través de internet.

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Salvador Fernández-Simal es de esas personas que almacenan tantas historias que las palabras se le atropellan al contarlas. Igual de abarrotada está su pequeña tienda de numismática en el barrio de San Gregorio, uno de los dos únicos establecimientos especializados que existen en la isla de Gran Canaria.

Más que las monedas o las postales, su mayor afición son los sellos. A pesar de que conserva pocos recuerdos de su infancia, tiene la vívida imagen de aquella primera estampa que lo cambiaría todo: «Recuerdo que mi padre, que fue director del instituto de Telde, abrió una lata que contenía unos sellos de las colonias españolas y encima del todo estaba el de un dromedario. Desde entonces ya no he parado».

Sin embargo, este teldense no empezó su negocio hasta el despunte de internet. Comenzó en una tienda de videojuegos y fue a través de una consola cuando vendió algunas monedas antiguas y descubrió las ventajas del comercio online. «El 90% de mi mercado es digital», afirma Fernández-Simal. «Hay gente que aún se pasa por aquí, o por el puesto del mercadillo al que voy los fines de semana, pero son pocos».

Una pasión que tiene sello propio

Y es que del coleccionismo, explica, uno no se hace rico. «El que se dedica a esto es porque le gusta, no se puede ver como una inversión, porque te frustras y te puedes llegar a arruinar». En un mercado tan fluctuante, los ingresos cambian mes a mes, llegando a facturar más de 10.000 euros en uno y menos de 1.000 en otro, asegura, después de autofedinirse como un loco de las compras y confesar, entre risas, una frase que responde a todo aquel que le oferta algo: «Yo se lo compro, pero si no me lo vende, mejor».

Aunque no es habitual que tenga ejemplares de gran valor en su puesto de San Gregorio, Fernández-Simal cita algunos ejemplos que podría tener real valor económico, como una peseta de Franco de 1946 o los escasos sellos de la época de Mao Zedong, ya que al prohibirse el coleccionismo –una actividad «burguesa»– subiría su precio hasta un cuarto de millón de euros. «Lo que tiene la gente en sus casas no suele ser nada del otro mundo, aunque siempre es recomendable mirarlo». Sobre todo, explica, si está en buen estado de conservación.