¡O te enchumbas... o te enchumbas!

12/08/2018

Salir seco de la Traída del Agua de Lomo Magullo estará tipificado como delito. ¡Que lo sepan! Y este año con más razón, porque la celebración más tradicional del barrio cumple medio siglo y eso es algo que pasa una vez en la vida.

blanca e. oliver / telde

Dos cosas tiene mi pueblo que no las cambio por nada.

Son la Virgen de Las Nieves

y la Traída del Agua».

Sí, es una isa... y un rezao, porque esas tres frases son el fiel reflejo del sentir de todos los lomomagulleros.

Dos pasiones arraigadas hasta el tuétano.

La primera, desde que Lomo Magullo es Lomo Magullo.

La segunda, desde que en horas del mediodía de un día de agosto de 1968, un grupo de cinco o seis vecinos bajó hasta la cantonera con sus tallas. Todos cogieron agua, dieron la vuelta y deshicieron el camino rumbo a la iglesia. Allí, rociaron las paredes del templo y rezaron a la Virgen de Las Nieves. Después, pasaron un rato de charla y risas en la plaza.

Esa práctica tan natural se hizo cotidiana y fue el embrión de una tradición que hoy, medio siglo después, congrega a miles de personas, muchos más visitantes que vecinos, alrededor en la que la devoción y la diversión se confabulan en un extraño maridaje en el que hay un elemento esencial: el agua, mucha agua.

Tallas y tallas que se hacen pocas para apagar la sed de juerga de lo participantes y con las que se enchumba a propios y a ajenos.

Y es que este domingo, todo el que se anima a subir a Lomo Magullo sabe, a ciencia cierta, que va a entrar seco y va a salir mojado.

Pero, visto desde la distancia, lo curioso de la historia es que aquel primer día, nadie se mojó.

Los vecinos recuerdan que, por aquel entonces, cuando te lanzabas agua era muy de cuando en vez y, generalmente, por tres motivos: «Para echar unas risas, para hacer una jugarreta cariñosa a la novia o al novio y para soltar adrenalina cuando estabas cabreado porque llevabas los dos baldes llenos, te tropezabas, se te caía el agua de uno y ya ¡total! le tirabas la que te quedaba en el otro al primero que se te ponía delante».

De esas anécdotas a la algarabía que se va a montar mañana en esa carretera va un abismo.

de más a menos... y a más. Un año después de aquella traída pionera, por la carretera de Lomo Magullo ya se oían guitarras y canciones. Algo más tarde, se incorporó un grupo de música que llegó desde Melenara «y que tenía ritmo de batucada», cuentan Ángeles Herrera Y Dolores Sánchez, pregoneras, lomomagulleras y participante en las 49 traídas celebradas. Y, finalmente, la Banda de Agaete llegó para quedarse.

Así, pasito a pasito, la Traída del Agua se fue haciendo viral, como dirían los modernos, y si primero atrajo a decenas de visitantes, después fueron cientos y hoy, ya son varios miles los que se concentran en el barrio.

Lo malo es que tanta aglomeración llegó a intoxicar una tradición que, como ha ocurrido con el agua, se fue desdibujando.

«Al principio, el agua era limpia, clara y corría en abundancia. Hoy escasea y llega turbia, porque las acequias están más sucias», relata Ángeles.

Algo similar vivió la fiesta, que perdió paulatinamente su esencia, para convertirse en un punto de encuentro de personas que incluso llegaban con la idea de crear conflicto y de destrozar fachadas, coches, cultivos...

«De eso hace tres o cuatro años», explica Dolores. «Pero se tomaron medidas de control y estamos consiguiendo devolver a la Traída del Agua su esencia. La gente viene mucho más concienciada y ha aprendido a respetar una tradición que es la principal seña de identidad del barrio».

Y hoy será otra traída...