Los vecinos de El Calero Bajo se sienten abandonados

10/10/2019

Montañas de basura, muros caídos, papeleras a reventar, plantas secas... Los habitantes de las cuatro fases de este núcleo poblacional están cansados de ser «invisibles para el Ayuntamiento».

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Llevan años de lucha, pero la batalla no ha servido para nada. Vieron con esperanza un rayo de luz cuando en mayo, poco antes de las elecciones, se acometió una limpieza a fondo de la Plaza del Progreso, espacio que provoca el principal problema de suciedad y abandono que sufre El Calero Bajo. «Se llevaron más de 20 bolsas de basura de las grandes, el camión tuvo que dar tres viajes», remarca un vecino, escenificando la cantidad de porquería acumulada hasta entonces. Pero fue una utopía. «Por aquí solo pasan cuando hay que ir a votar», concluyen visto lo visto.

Porque cinco meses después, este terreguero que iba para plaza y se quedó en un solar de tierra rodeado por un maltrecho y medio derruido muro perimetral, se ha vuelto a llenar de residuos. «No entiendo porque no lo asfaltan y montan un parque o, al menos, un aparcamiento en condiciones. Allí solo entran a recoger la porquería cuando contratan una cuadrilla externa de limpieza», explica Eduardo González, vecino del lugar.

Y el resto de este núcleo poblacional que se ubica detrás de la casa Renault no es más alentador. «Las papeleras llevan a reventar desde principios de semana, las plantas están secas porque no se riegan, las alcantarillas se encuentran en un pésimo estado... Esto es una novela de terror», concluyen con indignación unos habitantes que ya no saben que más hacer para que se acuerden de ellos. «La sensación de abandono es total. Hemos llamado muchísimas veces a la concejalía de Limpieza, hemos enviado fotos, pero no hacen nada. Nos dicen que ya se pasarán por aquí y nadie aparece», relatan con indignación.

Este abandono provoca que el miedo a las inclemencias del tiempo sea máximo. El viento hace insoportable caminar porque la tierra que se levanta de la llamada, ironías a parte, Plaza del Progreso -un vertedero para coches y perros- es demencial. «Cuando sopla con fuerza el aire esto es un infierno y como caigan cuatro gotas se inunda todo el barrio», amplía Eduardo. Y es que los desagües taponados no ayudan a que la lluvia sea bien recibida en este entorno que contiene las calles Obispo Codina, Frías y Padre Anchieta.

Pasan los gobiernos y todo sigue igual, con las ratas escalando los edificios, las plantas secas pidiendo agua y las malas hierbas sin cortar. «Al menos conseguimos quitar la grúa abandonada después de siete años de guerra con las Autoridades», se consuelan. Eso sí, la proliferación de coches en desuso que se han terminado convirtiendo en un conjunto de hierros que contaminan y afean aún más las calles permanece inalterable.

Aunque no entienden la desidia con la que Telde les trata, han llegado a la conclusión de que la ubicación no les ayuda. «No estamos a la vista, por eso no se preocupan de nosotros», advierten. Una invisibilidad geográfica que no les va a impedir seguir alzando la voz hasta que se haga justicia con ellos. «Estamos hartos de tragar tierra y basura todos los días, llevamos 20 años así y esto se tiene que acabar», claman con razón.