La imagen fue descendida del Altar Mayor ante un templo abarrotado

Lágrimas y aplausos por el Cristo

13/09/2017

Pasan los años y las bajadas, y la emoción se renueva. La fe no se agota. El Cristo volvió a descender anoche de su hornacina en el Altar Mayor de la basílica de San Juan y lo hizo entre las lágrimas y los aplausos de los cientos de fieles que abarrotaron el templo. Desde hoy estará en su trono.

G. Florido / Telde
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Hubo un momento en que todas las miradas se volcaron en un único punto, en lo más alto del retablo barroco que preside la nave central de esta iglesia matriz de Telde. La feligresía asistió emocionada a los primeros segundos del descendimiento, cuando la imagen, una frágil talla del siglo XVI moldeada con distintos tipos de papeles, telas, hojas de maíz y cañas descortezadas por los indios tarascos del Méjico colonial, fue descolgada de su hornacina y empezó el camino, lento, muy pausado, del descenso.

Seis portadores, que tienen carácter cuasi vitalicio y que a su vez heredaron el puesto de antepasados suyos, se ayudaron de cuerdas para acercar el Cristo al presbiterio del templo, donde un grupo de emocionados sacerdotes lo recibió con las manos alzadas, desplegadas hacia el cielo, y así, recostado, lo condujeron hasta la urna de cristal donde inicialmente fue colocado.

Fue el epílogo de la que sigue siendo, posiblemente, la expresión más multitudinaria de fervor religioso de cuantas se celebran en Telde. La devoción por el también llamado Cristo de las Misericordias atrae a gentes llegadas desde toda la isla, que acaban desbordando las paredes de la iglesia, como pasó, una vez más, ayer. Ya estaba repleta, con todos los bancos ocupados, desde mucho antes de la solemne eucaristía previa a la Bajada, que fue presidida por el misionero claretiano José María Bolívar, sacerdote de la parroquia del Sagrado Corazón de María, en la capitalina calle de Obispo Rabadán.

Vivas, cánticos, aplausos y lágrimas arroparon al Cristo en su descenso, una ceremonia que se viene celebrando desde el siglo XVIII, pero que no tuvo carácter anual hasta 1962, cuando el exvicario judicial de la diócesis de Canarias, Juan Artiles, entonces párroco de San Juan, obtuvo el permiso del obispo Pildain para que esta emoción del encuentro entre la venerada imagen y sus fieles se repitiese cada 12 de septiembre. Anoche, a puerta cerrada, el Cristo fue colocado en su trono, de pie, donde estará hasta el día antes de la Subida, el 22 de septiembre.