«La veo y me dan ganas de llorar»

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14/06/2019

La guardería de Las Remudas sobrevive asediada por los vándalos. Los vecinos denuncian que lleva semanas abierta, con las puertas arrancadas. El Ayuntamiento ultima su rehabilitación

No parece tan grande. No al menos desde fuera. «Pero mi hijo, si esta era la mejor guardería que tenía Telde». Fredeswinda Jiménez, conocida vecina de Las Remudas, enmudece mientras pasea por las destrozadas dependencias. Entra en la que era una de las aulas y se lleva las manos a la cabeza. Una desasosegante alfombra de decenas de piezas de ropa de niño tapizan como un macabro decorado el suelo de la sala. Son las huellas que le quedan de un pasado que ya parece en blanco y negro, cuando estas instalaciones acogían a chiquillería llegada de todo Telde y eran epicentro de vida en esta populosa barriada.

Pero no, tampoco hace tanto de aquello. Esta guardería echó el cierre en 2013. Cayó víctima del plan de ajuste que aprobó el Ayuntamiento para poder reducir el gasto y afrontar toda la deuda que tenía pendiente. Las tres escuelas infantiles, y todo su personal, y también sus 400 alumnos, se fueron por aquel sumidero austericida que propició la crisis de 2008. El problema es que en apenas seis años el vandalismo y el incivismo se han cebado con este recinto y lo han destrozado. Los asaltos han sido continuos. Y los incendios. Hasta 12. Los tiene contados Domingo Moreno, otro de esos vecinos comprometidos a los que les duele Las Remudas. La novedad es que hasta ahora el consistorio bloqueaba sobre la marcha los accesos a la abandonada guardería. Esta vez no, aseguran los vecinos. «Lleva semanas así, abierta de par en par, y aquí entra todo el mundo y hace lo que quiere», apunta Moreno.

Un millón en obras

Cunas, tronas, sillitas, pupitres infantiles y colchones. Los hay por todos lados. Maltratados. Sucios. Reutilizados para mejor no decir qué. Pero así y todo son también parte de los testigos que quedan de aquel día a día de risas, juegos y llantos que debieron marcar la vida en estas aulas, reconvertidas hoy en escenario ideal para una película de terror y en símbolo de los estragos que sembró en la ciudad aquella obsesión que impuso la troika europea, la de los hombres de negro, por recortar el gasto, a costa de lo que sea y de quién sea. No queda casi ni un baño entero. Y hasta los juegos infantiles del patio central han desaparecido. Algunos han sido trasladados al auditorio al aire libre que está muy cerca.

«Dicen que la van a arreglar, pero esto ya no tiene remedio, hay que tirarla al suelo y hacerla de nuevo», se lamenta Fredeswinda. Domingo, que algo sabe de construcción, no lo ve igual. Es más optimista. Cree que basta con arreglarla, pero, en cambio, desconfía de que vayan a hacerlo. Le han dicho que había dinero para las otras dos guarderías, la de Jinámar y la de La Herradura, y que para esta no. Ese es el rumor que corre por el barrio.

Pero no. Parece que esta vez no es verdad aquello de que si el río suena es porque agua lleva. Hay dinero. Así lo ha informado en reiteradas veces el gobierno local. Recibió un millón de euros del Gobierno de España para rehabilitar las tres escuelas infantiles públicas. El problema es que con eso no daba para las tres, por lo que al final Telde recurrió al Cabildo para que le ayudara con lo que faltara y le ha concedido 400.000 euros extra. Las otras dos guarderías, mucho menos dañadas, ya están con las obras en marcha. La de Las Remudas se ha retrasado porque, insisten desde el consistorio, es la que peor está. Solo para esta guardería se destinará un millón de euros. Fomentas, la empresa municipal a la que se le han encomendado la gestión de las obras, apuntó días atrás que se está ultimando los trámites para adjudicar la redacción del proyecto para su arreglo.