La Traída del Agua cumple 50 en familia

12/08/2018

Estuvieron los de casa y unos pocos de fuera y, para la mayoría, fue la mejor forma de celebrar las bodas de oro de la fiesta más tradicional de Lomo Magullo. Fueron unas tres horas de recorrido, con una bajada en seco y una subida con ‘enchumbamiento’ global que, como ha ocurrido siempre en el barrio, satisfizo y divirtió a todos

El día amaneció frío. Parece que el tiempo no quiso ayudar, porque ni el sol se asomó. Pero desde las siete de la mañana, el ambiente empezó a caldearse con ese sonido made in Banda de Agaete tan genuino que despertó sin piedad a los lomomagulleros.

Poco después, cerca de 500 personas ya se habían lanzado a las calles del barrio, con dos objetivos: celebrar el 50 cumpleaños de la Traída del Agua y disfrutar enchumbando al que se les pusiera por delante, a baldazo y tallazo limpios.

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Los más eran vecinos. Los menos, foráneos. Así que podría decirse que el matrimonio entre Lomo Magullo y la Traída del Agua celebró sus bodas de oro en familia. Y para la mayoría, esa fue la mejor forma de vivir una efeméride tan señalada.

Y es que hacía años que no se veía una Traída tan poco concurrida.

Y esa caída de participantes comenzó a visibilizarse nada más llegar al barrio, con unos controles de tráfico mucho más laxos que en ediciones anteriores. Algunos conductores lo comentaban asombrados: «Hemos venido a las nueve y por la carretera no subía ni un coche».

La Traída del Agua cumple 50 en familia

Hubo quien pensó que la rigidez del control de otras épocas y la falta de espacio para aparcar podían haber contribuido a que, en esta Traída tan especial, estuvieran los de casa y unos pocos de fuera.

«Si esto se repite, el año que viene me meto, porque así sí da gusto. Así sí se disfruta», comentaba un visitante fiel a la fiesta, a quien las aglomeraciones de antaño le habían acobardado y siempre había visto los toros desde la barrera.

En definitiva, la comidilla de todos los corrillos fue el bajonazo de afluencia. Abundaban los «¡Así da gusto!» y no faltaron los «¡Qué guay!» de los más jovenzuelos. Sólo se escucharon algunos «¡Esto ya no es lo que era!»... pero muy pocos.

Así que todos felices.

Ilustrísimos a remojo

Por lo demás, la jornada transcurrió sin incidentes, a excepción de los que perpetraron los mojadores en serie. O sea, todos los presentes, que no dejaron vivo a nadie... ni siquiera a los ilustrísimos que intentaron pasar desapercibidos debajo de sus cachorros.

Dos fueron las autoridades que bailaron y tiraron y recibieron agua sin tino: el vicepresidente del Gobierno de Canarias, Pablo Rodríguez; y el alcalde accidental y concejal de Festejos, además de lomomagullero, Juan Martel.

Anduvieron juntos por el barrio, saludando y charlando con los vecinos y, a las doce en punto, cuando sonó el volador a modo de chupinazo sanferminero, se colocaron al lado de los históricos que cada año encabezan la caminata que sale en busca de agua.

La Traída del Agua cumple 50 en familia

Cuando todo el grupo bajaba la calle de la Virgen, la visión óptica anunciaba un gentío considerable. La vía es estrecha. Cuando llegó a la vuelta de Los Pérez, donde la carretera se ensancha, se pudo ver que no eran tantos... pero sí estaban los de siempre, los mejores.

Y algunos ya caminaban mojados. Situación antiprotocolaria donde las haya... Pero es que la Traída tiene una tradición de los más antitradicional: desde algunas azoteas de la calle de La Virgen anticipan la mojadura y riegan al personal con baldes de agua y hasta a manguerazos.

Aquello sirvió para abrir boca, porque se produjo un subidón generalizado, que fue el preludio de lo que estaba por llegar.

Porque, por fin, a la altura del callejón del Pico del Gallo, soltaron el agua y, desde ese momento y durante todo el camino de vuelta a la plaza, se desató la locura.

Todos mojaron y todos fueron mojados, con profusión y sin remisión, cuando se vieron inmersos en una batalla acuática en la que no se respetó a nadie.

No se salvó ni el Tato ni, por supuesto, los músicos de la Banda de Agaete que, por mucho que les protegiera un cordón de vecinos, también acabaron pasados por agua.

Era lo que se esperaba y fue lo que sucedió. Todos sabían a qué iban y cómo iban a salir. Y nadie quedó decepcionado... ni seco.